Si alguna vez creíste que los artistas japoneses siempre han amado cantar para tus series favoritas, déjame decirte que has vivido en una mentira. Un reciente artículo publicado por Yahoo! acaba de destapar la cruda realidad de la relación entre el J-pop y la industria de la animación. Hace un par de décadas, que te llamaran para interpretar un opening era visto casi como una humillación profesional. Hoy en día, las bandas más gigantescas de Japón se pelean a muerte por esos contratos y hacen la chamba de estudiarse toda la historia para no quedar en ridículo frente a los fans. El brutal desprecio de los noventas Vamos a viajar un poco en el tiempo. Hasta los años ochenta, interpretar música de anime era el equivalente a cantar rondas infantiles; te quitaba todo el prestigio como artista serio. Aunque franquicias legendarias como Slam Dunk empezaron a fusionar rolas famosas en los noventas para vender más discos, la realidad es que a los cantantes les importaba muy poco la historia. Las letras no tenían absolutamente nada que ver con lo que pasaba en pantalla. Incluso los foros japoneses recordaron anécdotas donde cantantes famosos armaban berrinches gigantes y pedían esquina cuando veían sus CDs colocados en la zona otaku de las tiendas de música. Literalmente, les daba asco que los relacionaran con nuestra comunidad. Pero el orgullo no paga las cuentas eternamente. Con la llegada del streaming, YouTube y la locura de los videos cortos en redes sociales, la televisión dejó de ser la reina. La industria musical japonesa se dio cuenta de que el mercado interno se estaba quedando corto, y su única y verdadera puerta para conquistar al mundo entero era montarse en la popularidad masiva de la animación japonesa a nivel internacional. La hipocresía salvada por el streaming Hoy el panorama dio un giro de ciento ochenta grados. Ya no basta con entregar una canción genérica de pop y cobrar el cheque. Si la banda no demuestra un amor genuino por la franquicia, la comunidad otaku se da cuenta inmediatamente y se viene una funa monumental por falta de respeto a la obra. El ejemplo más basado y perfecto de esta nueva era es YOASOBI con su monstruoso éxito "Idol" para la adaptación de Oshi no Ko. La canción rompió todos los récords mundiales porque el dúo realmente diseccionó el manga y compuso una joyita que conectaba perfectamente con los oscuros secretos de la trama, dándole al fandom exactamente lo que quería escuchar. Esta relación simbiótica es innegable. Los estudios de animación necesitan el impulso en redes de un artista top, y los músicos necesitan la exposición global que solo un buen opening puede darles. Sabiendo que hace años nos hacían el feo por puro ego, ¿prefieres a un artista súper famoso cantando tu opening favorito aunque solo lo haga por negocios, o te quedas con los cantantes de nicho que verdaderamente aman la cultura otaku?
J-pop y el anime: Checa cómo los cantantes pasaron de odiar a los otakus a rogar por sus series
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