Florentino Pérez, 79 años, protagonizó un show, en modo rueda de prensa, en el que convocó elecciones y disparó contra todos sin un mínimo orden ni estructura, dos días antes de sentarse en el palco del Bernabéu tras culminar la segunda temporada en blanco en un clima de agitación madridista por los enfrentamientos en el vestuario. La imagen del presidente del Madrid quedó deteriorada tras la comparecencia. Hasta ahora no se había visualizado una actitud tan dispersa en el discurso de un Florentino que siempre intentaba guardar las formas de un empresario de éxito y persona enormemente influyente. Hace tiempo salieron a la luz unas grabaciones en las que se metía con jugadores y entrenadores, pero en general había sido comedido en sus audiencias públicas, aunque últimamente muy duro con los árbitros.
El presidente del Madrid dio la sensación de haber perdido los filtros. No siguió ningún hilo, repitió los mismos conceptos profusamente, se detuvo para consultar el móvil, mezcló papeles escritos a mano con otros. No se le podía calificar de nervioso, sí de desatado o desubicado. Cargó contra periodistas y medios, con nombres y apellidos; contra LaLiga, la Federación, los árbitros, el Barça.
Llegó a decir frases a todas luces querellables: “Los árbitros se enriquezcan con el dinero del Barcelona”, “levan dos años pagando y son los mismos árbitros”, “me han robado 7 Ligas”. Resultó vergonzoso el ataque a medios y periodistas, conspiranoico lo de “campaña muy organizada” y raro lo de dar “el patrimonio a los socios del Madrid, que saldrían a 100.000 euros por barba” pero es posible que el fondo de ese discurso cale en sectores de socios madridistas (“salgo a defender a los socios y me tendrán que echar a tiros”) ya que en el mundo del fútbol, la ‘bunkerización’ y disparar a todo lo que se mueve aún funciona. Habrá que ver si puede presentarse alguien más a las elecciones o renovará mandato sin urnas, pero costó ver al presidente de ACS en esa mesa, aunque nadie pueda discutir sus éxitos empresariales. Pero el show de Flo fue delirante.