La NASA anuncia un microchip 500 veces más potente que los actuales

La NASA anuncia un microchip 500 veces más potente que los actuales

Cuando pensamos en tecnología espacial solemos imaginar cohetes gigantes, telescopios o astronautas flotando en gravedad cero. Pero buena parte de la exploración del espacio depende de algo mucho más pequeño: microchips diseñados para sobrevivir donde la electrónica convencional moriría en cuestión de horas. El espacio es un entorno extremadamente hostil para cualquier sistema informático. Fuera de la protección magnética de la Tierra, los satélites y sondas están expuestos constantemente a radiación cósmica, partículas solares de alta energía y cambios térmicos extremos.

Esa radiación puede alterar los datos almacenados en memoria, provocar errores de cálculo o incluso destruir componentes electrónicos. Por eso los ordenadores espaciales suelen ser, paradójicamente, mucho menos potentes que los teléfonos móviles actuales. La prioridad no es la velocidad, sino la supervivencia. Muchos de los chips utilizados en misiones espaciales funcionan con arquitecturas antiguas, precisamente porque han demostrado resistir durante años en órbita o en el espacio profundo.

La consecuencia es evidente: mientras la inteligencia artificial y el procesamiento de datos avanzan rápidamente en la Tierra, las sondas espaciales siguen trabajando con una capacidad de cálculo muy limitada. Y eso obliga a depender continuamente de estaciones terrestres para analizar información o tomar decisiones complejas. Pero la NASA quiere cambiar eso. La agencia espacial estadounidense ha anunciado el desarrollo de un nuevo microchip endurecido contra la radiación (es decir, diseñado específicamente para soportar el entorno espacial) que podría ofrecer hasta 500 veces más rendimiento que los procesadores espaciales actuales.El avance forma parte del proyecto High-Performance Spaceflight Computing (HPSC), un programa impulsado junto a empresas tecnológicas y socios industriales para crear una nueva generación de computación espacial.

La diferencia no es menor. Según la NASA, los sistemas actuales utilizados en muchas misiones espaciales apenas alcanzan una fracción de la capacidad de procesamiento de un ordenador moderno terrestre. El nuevo chip permitiría ejecutar inteligencia artificial avanzada, procesar imágenes en tiempo real y tomar decisiones autónomas directamente en la nave, sin esperar instrucciones desde la Tierra. Y eso, en el espacio, es crucial.

La comunicación con Marte, por ejemplo, puede tardar entre 4 y 24 minutos en cada dirección, dependiendo de la posición relativa de ambos planetas. Un robot marciano no puede esperar casi una hora para reaccionar ante un obstáculo peligroso o analizar una anomalía científica inesperada. Con procesadores mucho más potentes, futuras sondas y rovers podrían interpretar datos científicos sobre la marcha, optimizar rutas, detectar eventos relevantes automáticamente o incluso coordinarse entre sí sin intervención humana constante. Además, la potencia de cálculo se ha convertido en un cuello de botella para algunas de las misiones más ambiciosas del futuro.

Sistemas de navegación autónoma, telescopios capaces de procesar enormes cantidades de datos o hábitats espaciales inteligentes requerirán una capacidad informática muy superior a la actual. La dificultad está en lograr esa potencia sin sacrificar resistencia. Un microchip convencional puede contener miles de millones de transistores extremadamente pequeños. Cuanto más pequeños son, más vulnerables resultan a la radiación espacial.

Una sola partícula energética puede alterar el funcionamiento del sistema. Por eso los chips espaciales tradicionales han evolucionado mucho más lentamente que los comerciales. El nuevo diseño busca resolver precisamente ese equilibrio: mantener una gran capacidad de procesamiento mientras se protege frente al bombardeo constante de radiación. La NASA espera que esta arquitectura pueda utilizarse en futuras misiones lunares, exploración marciana, satélites avanzados e incluso en misiones al espacio profundo.

También podría reducir costes y tiempos de desarrollo, ya que permitiría utilizar software más moderno y flexible que el de los sistemas espaciales actuales. En cierto modo, el avance recuerda a la evolución de los teléfonos móviles. Durante años, el hardware limitaba lo que podían hacer. Cuando la potencia aumentó lo suficiente, aparecieron aplicaciones, navegación en tiempo real, inteligencia artificial y fotografía computacional.

En el espacio podría ocurrir algo parecido: explorar otros mundos no depende solo de llegar hasta ellos, también de cuánto pueden pensar las máquinas una vez están allí.✕