El cineasta mexicano Guillermo del Toro sorprendió en el Festival de Cannes al confesar que la realización de El laberinto del fauno fue “la segunda peor experiencia cinematográfica” de su carrera. Aunque hoy la película es considerada una obra maestra, el director recuerda aquellos meses como una batalla constante contra la falta de apoyo, los problemas de producción y la incertidumbre creativa. Del Toro relató que la preproducción fue un calvario: nadie quería financiar el proyecto. Durante el rodaje, los contratiempos se multiplicaron y la posproducción tampoco dio tregua. “Fue como remar contra la corriente en cada etapa”, confesó.
Incluso llegó a mostrarle el filme a Alfonso Cuarón convencido de que era un desastre. La respuesta de su colega fue tajante: “Gordo, es buenísima, estás loco”. Ese respaldo fue clave para que Del Toro no abandonara la película. Cannes, el giro inesperado En 2006, el estreno en Cannes cambió el destino de la cinta.
El público la recibió con entusiasmo y Del Toro, poco acostumbrado a la adulación, tuvo que aprender a dejar entrar el cariño. “Déjalo entrar, deja que el amor entre”, le aconsejó Cuarón en aquel pasillo del festival. Y es que lo que parecía un proyecto condenado al desastre terminó convertido en un triunfo: El laberinto del fauno recaudó 83 millones de dólares frente a un presupuesto de apenas 19.