1-1: El Girona se vacía ante la Real sin el premio de los tres puntos

1-1: El Girona se vacía ante la Real sin el premio de los tres puntos

El Girona se vació, pero no fue suficiente. Los catalanes empataron frente a la Real Sociedad en un encuentro plagado de nervios, tensión y necesidad. Jon Martín se avanzó en el primer tiempo, pero Stuani volvió a infiltrarse para rescatar un punto que les otorgó un punto sobre el descenso. Montilivi repartió banderas a todos los presentes para que el equipo notara el aliento de los suyos.

Tras Gazzaniga un lema: ‘Blanc-i-vermella ciutat immortal’. Los de Míchel se la jugaban y la primera de las tres finales les hizo iniciar la cita en la penúltima posición. Frente a los gironins, un cuadro txuri-urdin que se mostró comprometido, pero calmado sobre el terreno de juego. Los 44 puntos no pedían urgencias y los de Matarazzo únicamente tenían que evitar riesgos y esperar a que el rival y dejara espacios.

Fue ahí donde Barrene, Kubo y Oyarzabal comprometieron a la contra al arquero local. Y a diferencia del combinado gerundense, que terminó el primer tiempo con 16 disparos, al rival le bastó con cuatro para dar el golpe. Jon Martín, en un saque de esquina, demostró al Girona que no solo va de cantidad, sino de calidad (28’). El testarazo enmudeció al feudo catalán por completo.

Ni en su peor pesadilla podía imaginarse una situación similar hace pocas semanas. Ni la madera de Tsygankov a los tres minutos ni los intentos desde todas las líneas del campo fueron suficientes para irse con algo positivo al descanso. Y en consecuencia, el capitán Stuani –que volvió a infiltrarse para intentar salvar de nuevo a los suyos– ya se asomaba al descanso para ofrecer cualquier tipo de esperanza. Y vaya si lo consiguió.

Cuando peores fueron los presagios en tierras gerundenses, cuando el equipo parecía que no terminaba de convencer, el uruguayo apareció junto a su mejor socio –otro de los que siente la camiseta como ningún otro– para que los más de 12.000 presentes estallaran. Arnau Martínez brindó un centro raso para que la leyenda rematara y pusiera las tablas (66’). Por supuesto el tanto dio un impulso a los locales, pero con él también descontrol. Los nervios dieron lugar a algunas imprecisiones.

Míchel no supo cómo alzar más la voz para pedir cabeza y calma, pero el Girona empezó a jugar más con el corazón que con la cabeza. Quizás por eso se escapó por milímetros el golpeo de Echeverri, que estuvo a punto de suponer la remontada catalana. Los últimos minutos fueron propios de una batalla de supervivencia que solo tuvo un protagonista y fue vestido de rojiblanco. La Real, más que contenta con un punto, se limitó a seguir tapando cualquier hueco que pudiera aparecer.

Entre la medular y el muro defensivo, los de Matarazzo ayudaron a Remiro, que tuvo que intervenir en varias acciones. Pero el fútbol no entiende de justicia y el Girona volvió a quedarse con la miel en los labios, con una nueva oportunidad de oro desperdiciada. Y ya son seis, los mismos encuentros que los vascos llevan sin ganar en LaLiga. Los de Míchel, que se vaciaron, duermen un punto por encima del descenso –con 40– y solo contemplan las dos finales que ya asoman en el horizonte: La visita al Atlético de Madrid y la final contra el Elche en Montilivi.