- Señor, si soy su hijo ¿por qué no me trata usted como trata a Sócrates?” Augusto Nicolás Calderón Sandino vivió una infancia en la extrema pobreza junto a su madre, campesina y empleada doméstica, Margarita Calderón. Antes del amanecer el infante acompañaba a su progenitora a los cafetales a recolectar el grano rojo en medio del frío de las madrugadas que hacía temblar los cuerpos, acrecentado también por la falta de un buen bocado de comida que solía ser tortilla de maíz con frijoles. Cuando no recolectaban granos de café, recogían las cosechas de maíz, trigo y frijoles o cualesquiera otras tareas del campo donde el trabajo es rudo, constante y a la intemperie, expuestos a los peligros propios del lugar, asediados por felinos y serpientes. Nacido el 18 de mayo de 1895, Augusto Nicolás describió su infancia y niñez terriblemente en la miseria: “Abrí los ojos en la miseria y fui creciendo en la miseria.
Desde que pude andar lo hice bajo los cafetales ayudando a mi madre (…). Así es como fui creciendo o quizá por eso es que no crecí”, narró en entrevista -en 1933- al periodista e historiador José Román, publicada después de la victoria de la Revolución Popular Sandinista, dirigida por los muchachos del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). A los nueve años de edad, el niño Augusto estaba lejos de imaginar que su nombre, pensamiento y acción influirían en la historia antimperialista y defensor de la soberanía nacional al luchar y derrotar al poderoso ejército norteamericano, cuando fue marcado por el encarcelamiento junto a su madre por una deuda económica. En la cárcel de Niquinohomo su mamá, en estado de embarazo. abortó a la criatura por ser sometida a la humillación y la vergüenza de ser llevada presa como criminal.
Fue Augusto quien le acompañó en ese calabozo y le correspondió ayudar a su madre a extraerle la criatura muerta con sus propias manos, convirtiéndose de esa manera en un cruel acto de injusticia social que lo recordaría para toda su vida. Ese traumático episodio de su niñez, lo hizo reflexionar y preguntarse como un filósofo: ¿Por qué Dios será así? ¿Por qué dirán que la autoridad es el brazo de la ley? ¿Y qué es la tal ley? ¿Si la ley es la voz de Dios para proteger al pueblo, como dice el cura, entonces la autoridad, por qué en vez de ayudarnos a nosotros los pobres favorece a los zánganos? ¿Por qué Dios quiere más a Sócrates que a mí, si yo tengo que trabajar y él no ¡Que carajos, Dios y la vida son una pura mierda! Sólo a los pobres nos joden. En México se nutrió de los sindicatos Tiempo después su mamá se marchó rumbo a Granada tras los pasos de una nueva pareja, dejando al pequeño Augusto refugiado donde la abuela materna, que vivía en condiciones paupérrimas.
Fue esa situación y, al parecer, un encuentro casual con su padre en la calle de su natal Niquinohomo, departamento de Masaya cuando el pequeño llorando increpó al hombre que en ese entonces era el más rico del pueblo y la zona. “-Óigame señor ¿Soy su hijo o no?”, y mi padre contestó: “Sí, hijo, yo soy tu padre” (don Gregorio Sandino). Entonces yo le repliqué: “Señor, si soy su hijo ¿por qué no me trata usted como trata a Sócrates?” (Sócrates Sandino). Al viejo se le salieron lágrimas. Me levantó hasta su pecho.
Me besó y me abrazó fuerte y largo…Y me llevó a su casa …Iba yo a cumplir once años.”, narró ya convertido en general del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN), plasmado en el libro escrito por José Román, Maldito País. El título del libro de Román recoge las habituales expresiones en inglés de los soldados norteamericanos refiriéndose a Nicaragua, donde encontraron la resistencia de la guerrilla de Sandino, que en cada emboscada les causaban muertos y heridos, y perdían armas y avituallamientos que servían para fortalecer al EDSN. En la casa de don Gregorio el niño Augusto comenzó a asistir a la escuela primaria junto a su medio hermano Sócrates, confiesa que por jugar a la guerra y elaborar soldaditos desatendió las clases, sin resultados positivos. Una muchacha compañera de clase en quien el muchacho se había fijado, le solicitó le leyera un párrafo de un libro, y con la vergüenza de no saber leer se excusó, sin que la niña se enterara.
Desde ese día se propuso estudiar hasta lograr ser un destacado estudiante en la escuela del pueblo que, en tiempos del gobierno liberal del general José Santos Zelaya, la educación primaria era obligatoria, existiendo la presencia de policías escolares que velaban que los niños asistieran a las aulas y a quienes el niño Sandino y su hermano Sócrates, junto a otros chavalos, los burlaban evadiendo asistir a las clases. En casa de su padre nunca contó con la aprobación de su madrasta América Tiffer, quien no lo dejaba comer en la misma mesa de la familia, por prejuicios discriminatorios, que en cierto momento condujeron a Sandino a salir de esa casa. Tiempo después, por una reyerta en el atrio de la iglesia del pueblo en la que resultó herido de bala un hombre llamado Dagoberto Rivas, abandonó el país en 1921 viviendo y trabajando en Honduras, Guatemala y México, este último país donde se nutrió de los sindicatos hasta el año 1926, cuando retornó a Nicaragua para iniciar su lucha antimperialista. A los 17 años vio pasar el cadáver del General Zeledón En su adolescencia cuando, marchaba a ver una de las haciendas de su padre, vio pasar el cadáver del General Benjamín Zeledón, quien se enfrentó al intervencionismo yanqui apoyados por tropas conservadoras.
El cuerpo inerte del héroe nacional fue exhibido sobre una carreta tirada por bueyes que lentamente se movilizaba por los caminos de tierra, rumbo al poblado de Catarina, donde fue sepultado esa trágica tarde del 4 de octubre de 1912, el mismo día del cumpleaños de Zeledón. Ese trágico sucesos despertó en Sandino su repudio a los invasores y a los vendepatria que hacían el juego a los Estados Unidos de Norteamérica, entregando nuestro país a los imperialistas de la tierra. Al regresar a Nicaragua, luego de varios años de ausencia y con amplios conocimientos adquiridos entre los sindicalistas mexicanos, se unió a la lucha de los constitucionalistas. Fue en 1927 que se negó aceptar y someterse al pacto de paz que impusieron los norteamericanos en el llamado “Pacto del Espino Negro”, firmado el 4 de mayo de 1927.
Los yanquis impusieron al vendepatria Adolfo Diaz como presidente, después de desarmar a los ejércitos en conflicto, consolidando la intervención y control militar supervisando y manejando las elecciones. El 4 de mayo es el Día de la Dignidad Nacional, por la relevancia histórica al desconocer Sandino el humillante pacto firmado por el liberal general José María “Chema” Moncada, favoreciendo al conservador Adolfo Díaz Recinos. Sandino dijo que en Nicaragua todavía quedaban hijos que ofrendarían su sangre para lavar la mancha que sobre ella echaran los traidores. De ese pacto nació la Guardia Nacional de Nicaragua (G.N), un ejército formado con nacionales, principalmente campesinos, armado y entrenado por los marines yanques.
La G.N fue el sostén de la dictadura de los Somoza, que inició Anastasio Somoza García, y derrocada el 19 de julio de 1979 por los hijos de Sandino agrupados en el Frente Sandinista. La guerra de guerrillas del general Sandino que tuvo repercusiones internacionales, fue una guerra de liberación nacional que inició el 4 de mayo de 1927 hasta el 21 de febrero de 1934, fecha que el General de Hombres y Mujeres Libres fuera traicionado y asesinado por orden expresa del gobierno de los Estados Unidos, utilizando al entonces jefe director de la Guardia Nacional, general Anastasio Somoza. Los yanques no le perdonaron a Sandino que, con su pequeño ejército de hombres y mujeres. derrotara al mencionado mejor ejército del mundo. Las tropas yanquis salieron de Nicaragua el 2 de enero de 1933, (derrota reconocida por el Departamento de Estado), retornando en tren hasta el Puerto Corinto, donde embarcaron rumbo a su tierra de donde no debieron haber salido nunca, porque fueron humillados y derrotados por un hombre que de niño vivió la miseria y el desprecio social.