El Bernabéu habla y Florentino lo silencia

El Bernabéu habla y Florentino lo silencia

De entre todas las voces que se han podido oír estos días, faltaba la más importante: la del Bernabéu. Esa que desde el Real Madrid siempre se han encargado de ensalzar ante todo aquel que no la conoce porque es exigente, sí, pero también agradecida. Aunque ayer, en el duelo ante el Real Oviedo, sobre todo fue crítica. Con todos.

Jugadores, cuerpo técnico y presidente. Sobre todo con el presidente al que dedicaron, además, pancartas con su nombre. No duraron mucho tiempo a la vista de todos, eso sí, pero se vieron. Y se inmortalizaron.

Fueron las ‘Pancartas Haley’ y en cuanto se desplegaron, los empleados de seguridad del estadio las retiraron porque Florentino Pérez deja hablar a los socios, sí, pero no a todos, igual que a los periodistas. Aunque pase lo que pase, la voz del madridismo no se puede silenciar. Y menos en los postres de una temporada como la que ahora termina en la que los aficionados no se han llevado ningún título a la boca. Aunque eso, a tenor de lo que ha ido diciendo el presidente estos días en su gira por los medios, no importa tanto como los enemigos que confabulan contra él.

Sea como fuere, el estadio madridista se encargó de decirle al presidente que no. Que vive en una realidad paralela y que si tanta gala va haciendo por ahí de que quiere el bien de los socios, el mensaje de estos debería haberle quedado claro: hacen falta cambios. Los jugadores no se libraron Mismo escenario para los jugadores. Los importantes, claro.

Los Vinicius, Mbappé o Tchouaméni que fueron abroncados de manera evidente en momentos puntuales. Los pitos más sonoros se los llevó Mbappé a su salida desde el banquillo que, sin duda, fue un golpe de realidad para el francés después de que este tiempo de atrás pareciera que la cosa no iba con él. Es probable que al escuchar al estadio, se acordara de su viaje a Cerdeña o de su carcajada al salir de Valdebebas el día de la pelea y por eso trató rápidamente de marcar un gol, que no llegó, con el que poder empezar a reconciliarse. Y es que no hubo momento amable en el estadio blanco.

No con los suyos, con los de enfrente sí. Aunque no es para menos porque cuando saltó al césped Santi Cazorla fue cuando mereció de verdad haber pagado la entrada. El asturiano es uno de esos jugadores que es amigo hasta de la pelota y por eso se llevó una ovación de toda la grada que terminó conformándose con que ya queda un día menos para que esto se acabe