Se ha detectado un objeto que rozará la Tierra la próxima semana. Se trata del asteroide bautizado como 2026JH2, descubierto hace apenas unos días por observadores de Mount Lemmon Survey, en Arizona, junto con el Observatorio Farpoint en Kansas. Aunque las simulaciones descartan un impacto durante el próximo siglo, sí que pasará muy cerca de nuestro planeta, haciendo una especie de vuelo rasante sobre la Tierra. Mark Norris, de la Universidad de Lancashire, ha sido tajante al respecto: «En términos astronómicos, es lo más cerca que se puede estar sin llegar a chocar». ¿A cuánto pasará?
La trayectoria de 2026JH2 lo situará a una distancia estimada de 90.917 kilómetros de nuestro planeta. Para poner esta cifra en contexto, esa distancia representa apenas una cuarta parte de la separación que nos divide de la Luna. Se trata de un evento excepcional, ya que, de hecho, en el próximo año solo se conoce la existencia de otros cinco asteroides que cruzarán la órbita lunar, y solo uno de ellos se acercará más que el protagonista de este artículo. El momento de máxima aproximación tendrá lugar el lunes 18 de mayo a las 21:38 en horario UTC, pero no será un espectáculo fácil de observar desde la Tierra.
Debido a su velocidad relativa de 9,17 kilómetros por segundo, el objeto cruzará el firmamento casi tan rápido como un satélite artificial. Esto dificultará su visibilidad incluso para los astrónomos profesionales del hemisferio sur, mientras que en el hemisferio norte solo será visible de forma extremadamente breve. Consecuencias del impacto Aunque según los datos oficiales no hay riesgo de colisión, los expertos analizan con cautela el diámetro del objeto, estimado entre 16 y 36 metros según el Observatorio Astronómico de Sormano. Mark Norris advierte que este tipo de cuerpo celeste «destruiría una ciudad de forma bastante eficiente si llegara a impactar».
Para entender la magnitud de la amenaza que representan estos objetos, Richard Moissl, jefe de la Oficina de Defensa Planetaria de la Agencia Espacial Europea (ESA), establece una comparativa directa con el bólido de Chelyabinsk de 2013. Si 2026JH2 golpeara la Tierra, liberaría una energía cinética equivalente a 30 veces la bomba de Hiroshima. Este 2026JH2, que es el nombre que recibe, desvela la dificultad que todavía tenemos para rastrear objetos de dimensiones reducidas. Aunque la comunidad astronómica confía en haber identificado casi todos los asteroides de más de un kilómetro de diámetro, los cuerpos de menor escala, como este, siguen siendo en gran medida desconocidos.
La principal barrera técnica está en su baja reflectividad, ya que no devuelven la luz suficiente para ser detectados con antelación por los telescopios convencionales. Según explica Mark Burchell, de la Universidad de Kent, la detección de rocas de este tamaño suele producirse de forma repentina, dejando poco margen de reacción. A medida que mejoran nuestras capacidades de observación, la base de datos de objetos cercanos a la Tierra (NEO) se expande, pero el caso del 2026JH2 nos dice que el espacio cercano todavía tiene espacio para rocas indetectables capaces de causar daños muy importantes si las trayectorias llegaran a cruzarse con la nuestra. El gran problema para la seguridad global es que, mientras que los asteroides de más de un kilómetro están casi todos localizados y monitorizados, los cuerpos del tamaño de 2026JH2 son, en su mayoría, desconocidos.
Mark Burchell, de la Universidad de Kent, explica que estas rocas son difíciles de ver porque «no reflejan suficiente luz».