En el corazón de La Habana Vieja, allí donde las calles adoquinadas guardan el eco de cinco siglos de historia, se levanta un monumento que ningún viajero puede eludir. La Catedral de San Cristóbal, conocida simplemente como la Catedral de La Habana, es mucho más que un templo católico: es un imán turístico que atrae a miles de visitantes cada mes, creyentes o no, ávidos por contemplar lo que el escritor Alejo Carpentier describió como Música convertida en piedra. Cuba cuenta con más de 600 templos en funcionamiento, muchos de ellos destacados por su belleza, importancia histórica y valor arquitectónico. Sin embargo, la Catedral de La Habana ocupa un sitial de honor en la lista de destinos imprescindibles.
Muchos extranjeros, sobre todo europeos, visitan este archipiélago en programas culturales interesados en conocer la arquitectura del país y en particular la del tema religioso, explica un reportaje de Radio Habana Cuba. La catedral forma parte del conjunto monumental declarado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como Patrimonio de la Humanidad en 1982. Este reconocimiento internacional resulta clave para posicionar al templo como un punto de referencia obligado en los itinerarios turísticos de la capital. Pasear por La Habana implica visitar la Plaza de la Catedral, un espacio adoquinado y virtuoso, cargado de belleza y sentido, lugar a donde acuden miles de personas de todo el mundo cada mes, señalan los guías.
La fachada del templo, descrita por el propio historiador Eusebio Leal (1942-2020) como un ejemplo del estilo barroco cubano, es una fusión única de influencias españolas, africanas y criollas. Los especialistas coinciden en que constituye la cima del barroco en la isla, pues dos elementos capturan inmediatamente la atención del viajero: la asimetría de sus dos torres laterales, una más ancha que la otra, y la concavidad de su muro. La torre de la izquierda es más estrecha para que la calle que la bordea no quede cerrada, explican. Pero la experiencia turística va más allá del templo.
La Plaza de la Catedral es considerada por muchos especialistas y viajeros como la más cálida y homogénea de toda Cuba, un homenaje en tamaño natural al barroco cubano. Rodeada por las antiguas mansiones de la nobleza habanera colonial, la plaza ofrece una estampa que ningún visitante olvida. En su flanco oeste se alza el Palacio de los Marqueses de Aguas Claras, un majestuoso palacio barroco de 1760 con un maravilloso patio andaluz que hoy alberga un restaurante estatal. Frente a la catedral, el Palacio de los Condes de Casa Bayona, construido en 1720 por Don Luis Chacón, es el edificio más antiguo de la plaza y actual sede del Museo de Arte Colonial.
También destaca el Palacio del Marqués de Arcos, completando un conjunto arquitectónico que transporta al visitante a la época dorada de la colonia. Quien llega a la Plaza de la Catedral se encuentra con el espacio más homogéneo y cautivador de La Habana Vieja, un lugar donde el barroco cubano alcanza su máxima expresión. Originalmente llamada Plaza de la Ciénaga, este escenario adoquinado está flanqueado por antiguas mansiones de la nobleza colonial que parecen custodiar el tiempo. Un espacio del que se puede hablar mucho, pero fundamentalmente, las historias para mucha gente comienza con una foto de su frente y el entorno que siempre es novedoso, por mucho que se repita. ro/rfc