Desde hace ya unos cuantos años, pasamos el día rodeados de pantallas de todo tipo: la del móvil, la de la tablet, la del portátil y ahora incluso la de los auriculares, ya que los últimos modelos están incorporando pequeños paneles en su estuche de carga. Todas esas horas son tiempo en que nuestros ojos están expuestos a un sobreesfuerzo que en muchos casos puede llegar a ser incluso perjudicial. Pasamos una media de ocho horas diarias frente a un monitor, pero la mayoría de los usuarios todavía no sabe que el cansancio que sienten a lo largo del día no es fatiga mental, sino un síntoma derivado de una configuración de pantalla incorrecta. Hablamos de un ajuste específico, presente en la mayoría de los sistemas operativos, que regula la emisión de ondas cortas, a través de una calibración basada en la cronobiología.
Fatiga ocular Los monitores generan luz blanca mediante la combinación de diodos, con un pico de emisión muy pronunciado en la banda de la luz azul de alta energía. Este tipo de luz tiene una longitud de onda muy corta, que suele estar entre los 415 y los 455 nanómetros, lo que la hace capaz de penetrar profundamente en el ojo hasta llegar a la retina. La exposición prolongada a esta luz azul inhibe la producción de melatonina, la hormona encargada de regular nuestros ciclos de sueño. Es por ello que, tras haber estado trabajando hasta largas horas de la noche o jugando videojuegos, el cerebro interpreta que todavía es de día, dificultando lograr un descanso reparador.
El ajuste que muchos usuarios desconocen es el filtrado dinámico de la temperatura de color, conocido como Luz nocturna en Windows o Night Shift en macOS. Este sistema oscurece la pantalla y desplaza el punto blanco hacia tonos más cálidos, es decir, amarillentos o anaranjados. Al reducir los grados Kelvin de la imagen, eliminamos físicamente el componente más agresivo del espectro lumínico, permitiendo que los músculos ciliares del ojo trabajen con menos tensión, de modo que se fatiguen menos y no lleguen a doler. Cómo trabajar con pantallas Configurar el software activando esos modos que hemos mencionado es solo una parte de la tarea.
Para conseguir que nuestros ojos estén totalmente sanos y sin molestias, los especialistas recomiendan configurar nuestra zona de trabajo o set up de una manera concreta, sobre todo si pasamos muchas horas en ella. Además, la iluminación ambiental debe estar equilibrada con la luminancia de la pantalla para evitar el deslumbramiento y el contraste excesivo. - Es muy recomendable hacer pausas cada 20 minutos y hacer el siguiente juego: debemos mirar un objeto que esté a 20 pies (unos 6 metros) durante al menos 20 segundos. Esto permite que el cristalino se relaje del esfuerzo de enfoque constante en distancias cortas. Se conoce como la regla del 20-20-20. - Posicionamiento y parpadeo: El monitor debe estar situado a la altura de los ojos o ligeramente por debajo.
Al mirar hacia abajo, el párpado cubre una mayor superficie del globo ocular, reduciendo la evaporación de la lágrima. El uso de pantallas reduce nuestra frecuencia de parpadeo de 15 veces por minuto a solo 5, lo que provoca que los ojos se sequen con más frecuencia. Tampoco hay que pasar por alto el PWM o Pulse Width Modulation. Muchos monitores regulan su brillo encendiéndose y apagándose miles de veces por segundo.
Aunque el ojo no lo perciba conscientemente, la pupila reacciona a este parpadeo constante, provocando fatiga muscular. Los expertos recomiendan, siempre que sea posible, adquirir monitores con tecnología Flicker-Free o libres de parpadeo, ya que regulan el brillo mediante corriente continua.