China registró en abril una desaceleración en prácticamente todos sus indicadores clave, con una nueva caída de la inversión que volvió a poner en duda la reticencia del gobierno a aplicar estímulos adicionales. El retroceso ocurre mientras la crisis energética global presiona a fábricas y consumidores y limita la capacidad de recuperación de la segunda mayor economía del mundo. Los datos oficiales publicados el lunes mostraron que el impulso exportador dejó de equilibrar el deterioro del consumo doméstico. Analistas de Nomura y Societe Generale advirtieron que el deterioro del mes pasado exige medidas más audaces para sostener el crecimiento. “Pekín no tiene margen para la complacencia”, señalaron economistas de Nomura encabezados por Ting Lu.
La inversión en activos fijos cayó 1,6% en los primeros cuatro meses del año frente al mismo período de 2025, una contracción inesperada. La producción industrial avanzó 4,1%, su ritmo más débil en casi tres años, mientras que las ventas minoristas crecieron apenas 0,2%, su peor lectura desde diciembre de 2022. Debate sobre estímulos La amplitud de la desaceleración reabrió el debate sobre un posible estímulo más agresivo, después de que China mostrara resiliencia frente al impacto de la guerra en Irán. El gobierno redujo el gasto fiscal en marzo y el Banco Popular de China (PBOC) ha evitado insinuar una flexibilización monetaria, pese a la débil demanda de crédito.
Un número creciente de economistas prevé que el PBOC no recortará tasas este año, tras el shock petrolero que elevó las expectativas de inflación. Sin embargo, muchos aún anticipan un recorte del coeficiente de reservas obligatorias. El banco central redujo por última vez la tasa de política y el RRR hace un año, en el punto más tenso de las fricciones comerciales con Estados Unidos. Las autoridades parecen dispuestas a evitar respuestas apresuradas a un solo mes de datos.
El Politburó revisará la situación económica en julio, lo que abre una ventana para eventuales ajustes. “La postura aún parece ser actuar con cautela”, afirmó Jing Liu, economista jefe para la Gran China de HSBC, en Bloomberg TV. Ningún economista encuestado por Bloomberg había previsto una lectura tan débil en industria, consumo e inversión. El desempeño de abril expone vulnerabilidades internas que persisten pese al auge global de la inversión en inteligencia artificial, que impulsó las exportaciones tecnológicas chinas. Más leídas Inversión y consumo siguen siendo los puntos críticos Aunque las exportaciones se mantienen firmes, la inversión y el consumo continúan debilitándose.
Goldman Sachs y Capital Economics estiman que la inversión total cayó alrededor de 8% interanual en abril, un ritmo similar al observado en el segundo semestre de 2025. La inversión en manufactura e infraestructura se moderó, mientras que la inversión privada volvió a hundirse. El deterioro amenaza el objetivo oficial de crecimiento de entre 4,5% y 5% para 2026. Macquarie estima que el PIB podría expandirse apenas 4,1% en el segundo trimestre, mientras que Goldman Sachs mantiene su previsión de 4,7%, por debajo del 5% registrado entre enero y marzo.
Economistas de Societe Generale señalaron que los datos “deberían mantener firmemente sobre la mesa la flexibilización del PBOC —recortes del RRR e incluso de tasas—, mientras que un refuerzo fiscal podría llegar más adelante”. Fu Linghui, portavoz de la Oficina Nacional de Estadísticas, calificó la desaceleración como “una fluctuación normal”, aunque reconoció desafíos como el desequilibrio entre oferta y demanda y un entorno global complejo. Con información de Bloomberg