Un nuevo informe de la Agencia Tributaria ha señalado que no hay pruebas de que los pagos del Barça a Enríquez Negreira fueran destinados para la compra de árbitros ni tuvieran influencia en los resultados. Ese escenario coincide con los argumentos del club que defienden que los pagos se dedicaron a conseguir informes arbitrales y nunca para adulterar la competición. No se ha acreditado, como explica el informe, que “se comerciara con información reservada del comité arbitral, ni que se influyera en las designaciones arbitrales o se participara de forma directa en la alteración de resultados de partidos”. Es un informe contundente que exculpa al FC Barcelona con rotundidad: “No consta pago alguno a ningún árbitro y se han requerido todas las salidas de la cuenta bancaria”.
No se conocen cuáles son las acciones legales que está estudiando el Barça tras las declaraciones del presidente del Madrid, Florentino Pérez, en las que afirmó que el club blaugrana pagaba a los árbitros. Pero todos deberían ser más escrupulosos en sus manifestaciones con un caso en el que está quedando claro que no existe delito. Ya en su día se descartó la posibilidad de que existiera un cohecho y, ahora, la Agencia Tributaria ha emitido un nuevo informe muy claro. Hay que recordar que todo el ‘Caso Negreira’ se inició a principios de 2023 cuando la Agencia detectó pagos recurrentes del Barça a empresas vinculadas a Negreira, ex vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros, entre 2001 y 2018.
Se han llevado a cabo numerosas entrevistas con árbitros y ninguna ha vinculado la más mínima sospecha y todos han negado que existiera presión o influencia para decantar encuentros a favor de los blaugrana. No debería extrañar a nadie que en los próximos días aparecieran más temas sobre el caso, porque la sensación es que se está utilizando para desacreditar al Barça, para cambiar el relato acuñado a lo largo de muchas décadas de que el Madrid siempre ha sido el favorecido (para eso no se necesitan 500 folios y lo han padecido todos los clubs) y lo sigue siendo. La realidad es más terca que el ilusionismo.