Si el día tuviera 25 horas Mikel Arteta le dedicaría al fútbol esos 60 minutos extra, pero como no es así, 'solo' le dedica 24. El técnico del Arsenal campeón de la Premier League es un enfermo del fútbol. Enfermo para bien. Un tipo extremadamente metódico, con los peligros que tiene eso, ya que puede a veces convertirse en nocivo si muta hacia la obsesión.
También dado a repetir rutinas, haciendo de ello una virtud, y a controlar los detalles al máximo, consciente de que cualquiera de esos detalles, por pequeño que sea, puede ser el que marque la diferencia entre el éxito y el fracaso. Las rutinas de Mikel Arteta (44 años) llegan hasta el punto de repetir vestimenta tras un triunfo por superstición. Seguramente consciente de que llevar el jersey de un color u otro no altera que un disparo de Declan Rice vaya fuera o dentro, pero a la vez con la voluntad de no tocar absolutamente nada de aquello que funciona. Porque los detalles, aunque intangibles, igualmente influyen de un modo u otro en el resultado final.
Lejísimos ya de ser el ayudante de Pep Guardiola que un día fue, Mikel Arteta es en 2026 una figura más que respetada en el 'planeta fútbol', y esta Premier League conquistada, con la final de la Champions League a la vuelta de la esquina, ejerce como reconocimiento, en forma de título grande, a horas y horas de trabajo bien hecho. Son varios los que en más de un ocasión se han pronunciado respecto a que en su etapa como jugador Arteta fue uno de esos a los que, todavía de corto, ya se les ve la pizarra y la libreta bajo el brazo. Y más todavía, por no decir que es un pensamiento plural, los que sostienen que su carrera en los banquillos ya ha superado con creces la que firmó como jugador. En lo que respecta al fútbol en sí, Arteta no es un técnico que pasa desapercibido.
Fiel a una hoja de ruta donde el juego de posición se hace latente y la presión alta e intensa es innegociable, el técnico vasco no se cierra en banda respecto al estilo. A lo largo de la temporada, ha sabido aplicar a su plan de juego diferentes matices en función de los escenarios de partido que se ha encontrado. Guste más o menos (a la mayoría les gusta menos), no tiene nada que ver el Arsenal de final de temporada con el del tramo inicial. Seguramente también porque el depósito de gasolina de los futbolistas, como no puede ser de otra manera, no es inagotable.
Mikel Arteta aterrizó en la zona roja del norte de Londres a finales de 2019, apenas un año después de la salida de Àrsene Wenger y de que a Unai Emery no le hubiese ido todo lo bien que deseaba. No se antojaba tarea sencilla suceder al francés como ganador de la Premier League con los 'gunners', en 2004, pero Arteta lo ha conseguido. Haciendo de sus rutinas una virtud se ha convertido en un más que digno sucesor de Wenger.