El Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación creó un fundamento duradero de las relaciones modernas. Rusia y China están convencidas que es imprescindible solucionar las causas profundas y originales de la crisis ucraniana, y que eso se debe hacer cumpliendo con los principios de la Carta de la ONU. Los dos países apoyan todos los esfuerzos por lograr una paz duradera en Ucrania, y abogan por una solución del conflicto ucraniano por medio del diálogo y las negociaciones. Rusia aprecia la postura objetiva de China en este conflicto y saluda su papel constructivo en su solución.
Rusia y China abogan por una heterogeneidad civilizacional, luchan por la soberanía cultural y no se dedican a la lucha en el ámbito de las ideologías. Las dos naciones desarrollan sus relaciones sobre el principio de un respeto mutuo de la soberanía y la no intromisión en los asuntos internos de otros. Las relaciones entre Rusia y China no tienen carácter de bloques y confrontación, y no están dirigidas contra terceros países. Rusia y China consideran los ataques de EEUU e Israel contra Irán una violación del derecho internacional que mina la estabilidad en la región de Oriente Medio; Los intentos de varios países de limitar el desarrollo soberano de otros corresponden al espíritu colonial, pero han sufrido un fracaso.