Cuando compré mi primer reloj inteligente tenía una ilusión tremenda y un objetivo muy claro: quería registrar mis pulsaciones diarias para comprobar si todo estaba en orden. Era la principal premisa de un smartwatch, aunque ahora las posibilidades son mucho más amplias. Sin embargo, es la función a la que más acudimos a lo largo del día todos aquellos que buscamos cuidarnos, pero hay que prestar mucha atención a los tipos de sensores que utiliza el reloj. Al principio, cuando comencé a interesarme por los relojes inteligentes, no sabía que había diferentes tipos de sensores capaces de medir las pulsaciones y los de la gran mayoría de modelos cometen muchos errores por esta misma razón.
Los más económicos emplean una tecnología llamada fotopletismografía, la cual funciona de forma muy inestable debido a que muchos factores externos influyen en la lectura. De modo que, tras varios meses de uso, decidí que lo mejor era optar por otro tipo de relojes. El engaño de los sensores por luz Los sensores ópticos que funcionan con luz atraviesan la piel con una luz verde o roja que ilumina los vasos sanguíneos para medir el movimiento de la sangre cuando el corazón la bombea. Al bombear, la cantidad de sangre aumenta y el sensor absorbe la luz, traduciéndose en pulsaciones por minuto.
El problema de este tipo de sensores es que asumen que toda variación en la luz se debe al flujo sanguíneo. Esto significa que cualquier movimiento del reloj altera el resultado, confundiendo al dispositivo de forma considerable. Si estás corriendo y el smartwatch se mueve lo más mínimo, el sistema registrará datos erróneos al no leer la luz adecuadamente. Factores físicos que limitan la precisión El principal inconveniente de los sensores ópticos de los relojes inteligentes es que hay muchos factores de nuestro día a día que influyen en los resultados: - Tatuajes: la tinta oscura absorbe la luz por completo, impidiendo que el sensor capte la sangre y provocando fallos de lectura constantes. - Sudor: el sudor genera una capa sobre la piel que genera problemas en la lectura del sensor. - Temperatura: el frío contrae los vasos sanguíneos de la muñeca, reduciendo el volumen de sangre y por tanto dificultando la lectura. - Pelo: una densidad capilar muy alta provoca errores en la lectura debido a que el sensor no puede filtrar la luz a través de la piel correctamente.
Miden pulsaciones de objetos inertes Muchos usuarios han compartido experiencias en redes sociales donde muestran a su reloj inteligente midiendo el ritmo cardíaco de un plátano, un rollo de papel higiénico o incluso el reposabrazos de un sofá. Este fenómeno no es un defecto de fábrica, sino una consecuencia directa de cómo funcionan los sensores ópticos. Al colocar el sensor sobre un objeto, la luz verde rebota y vuelve al lector óptico. Si existe un mínimo cambio en la iluminación, el reloj detecta esos cambios.
Como el algoritmo está diseñado para encontrar siempre una pulsación, procesa esa luz y calcula una frecuencia cardíaca ficticia, otorgando latidos a una fruta o a un mueble. Cuáles son los relojes que mejor miden las pulsaciones Si buscas controlar tus pulsaciones con una precisión clínica o entrenar con datos fiables, debes huir de los sensores ópticos tradicionales. La alternativa más fiable del mercado son los relojes inteligentes que incorporan sensores eléctricos debido a lo siguiente: - Medición mediante electrodos: a diferencia de la luz, estos sensores captan los impulsos eléctricos reales del corazón cuando el usuario toca un botón metálico o el bisel del dispositivo. Este sistema registra un electrocardiograma con una fidelidad muy precisa. - Inmunidad frente al movimiento y la luz: al basarse en microcorrientes eléctricas y no en el rebote de la luz, el resultado no se ve alterado por el sudor, el color de la piel, los tatuajes o el desplazamiento físico de la correa durante el esfuerzo físico.