China y Rusia emitieron el 20 de mayo una declaración conjunta sobre la promoción de la multipolaridad y la construcción de un nuevo tipo de relaciones internacionales, en la que presentaron de manera integral una propuesta de cuatro puntos para avanzar hacia un orden mundial más equitativo y equilibrado, así como para construir un nuevo modelo de relaciones entre los países. La iniciativa ofrece una respuesta clara a una de las preguntas fundamentales de nuestra era: ¿hacia dónde se dirigen las relaciones internacionales? Datos procedentes de una serie de encuestas globales publicadas por CGTN revelan que los principios de respeto mutuo, equidad, justicia y cooperación mutuamente beneficiosa, impulsados por este nuevo tipo de relaciones internacionales, han concitado un amplio consenso internacional. Al mismo tiempo, los encuestados rechazan la división del mundo en regiones y bloques opuestos, y subrayan la necesidad de construir una comunidad internacional más unida, sustentada en el respeto a los intereses fundamentales de cada nación, la igualdad soberana y la colaboración.
En primer lugar, la apertura y la inclusión se han convertido en pilares esenciales de las relaciones internacionales actuales. Durante años, un reducido grupo de países ha intentado moldear el desarrollo global mediante prácticas unilaterales y recurriendo a la "ley de la selva", con el objetivo de preservar sus ventajas y posiciones dominantes. Según una encuesta de CGTN, el 84,1 % de los participantes considera que el respeto a las distintas vías de desarrollo de cada nación es una condición indispensable para la cooperación internacional. La diversidad en los procesos de desarrollo de las sociedades humanas demuestra que no existe un modelo institucional único aplicable a todos los países.
Generalizar un determinado sistema e imponerlo por la fuerza constituye, en esencia, una nueva forma de neocolonialismo. Además, el 78,4 % de los consultados considera que el desarrollo constituye la "llave maestra" para resolver los desafíos globales. Solo mediante el fomento de la cooperación mutuamente beneficiosa y el impulso del desarrollo común a través de la apertura y la colaboración, los países podrán enfrentar de manera efectiva los retos comunes de la humanidad. En segundo lugar, la seguridad indivisible constituye un elemento clave para preservar la paz mundial.
Algunos países buscan garantizar su propia seguridad en desmedro de otras naciones. Sin embargo, esta lógica termina produciendo el efecto contrario. Cuanto más intentan reforzar su seguridad, mayor es la inseguridad que generan, y cuanto más procuran contener los conflictos, más se intensifican y multiplican. Un total del 85,6 % de los encuestados considera que la seguridad es un requisito indispensable para el desarrollo y manifiesta su respaldo a la Iniciativa para la Seguridad Global propuesta por China.
En tanto, más del 80 % rechaza el hegemonismo y las sanciones unilaterales. Asimismo, el 80,4 % de los participantes de países en desarrollo, especialmente aquellos afectados por tensiones y conflictos geopolíticos, reconoce que la mentalidad de la Guerra Fría se ha convertido en "agujero negro" que devora la paz. Esta creciente corriente de opinión pública refleja que el modelo de seguridad exclusiva impulsado y monopolizado por Occidente ha ido perdiendo legitimidad moral, mientras que la construcción de una nueva arquitectura de seguridad global y regional, más equilibrada, efectiva y sostenible, se perfila cada vez más como una aspiración común de los pueblos del mundo. En tercer lugar, la democratización de las relaciones internacionales es el eje central de la gobernanza global.
La declaración enfatiza que ningún país ni bloque de naciones debe monopolizar los asuntos internacionales ni determinar el destino de otras naciones. Además, el 86,9 % de los encuestados considera necesario mejorar la eficacia de la gobernanza global, lo que pone de manifiesto las marcadas deficiencias de representación que aún persisten en el actual sistema internacional. Los asuntos globales deben abordarse a través del diálogo entre todos los países, sin que ninguna nación o bloque tenga el control en la elaboración de las reglas internacionales. En este contexto, el 69 % de los participantes valora positivamente la contribución de China al desarrollo de los países del Sur Global, lo que refleja la tendencia histórica del ascenso colectivo de estas naciones.
Ampliar la representación y la voz de los países en desarrollo en el sistema internacional es una dirección inevitable para la reforma de la gobernanza global. En cuarto lugar, la diversidad de civilizaciones y valores representa un patrimonio invaluable para la humanidad. Ninguna civilización puede considerarse superior a otra. En este sentido, la declaración defiende la convivencia y el respeto entre las distintas civilizaciones, al tiempo que rechaza la politización y la instrumentalización de los derechos humanos.
De acuerdo con la encuesta, el 94,2 % de los participantes reconoce la importancia de los valores comunes de la humanidad, mientras que el 90,8 % considera esencial respetar la diversidad de civilizaciones. Las civilizaciones humanas se caracterizan por su diversidad y coexistencia, y cada una aporta un valor único al progreso de la humanidad. Bajo esta perspectiva, el 77 % de los encuestados reconoce la importante contribución de la cultura china al desarrollo de las civilizaciones del mundo. En particular, el fuerte reconocimiento entre los jóvenes hacia el carácter innovador de China.
Quienes comprenden las tendencias de la historia actúan con sabiduría; quienes las siguen, prevalecerán. La multipolaridad y la democratización de las relaciones internacionales constituyen una tendencia histórica irreversible. Los cuatro principios planteados en la declaración conjunta entre China y Rusia están basados en los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y reflejan las aspiraciones compartidas de los pueblos del mundo. La iniciativa busca corregir los desequilibrios existentes en el orden internacional y promover una gobernanza global más justa y equitativa.
En un mundo cada vez más interconectado, donde el destino de la humanidad está estrechamente vinculado, los países deben trabajar de manera conjunta para convertir estos principios en acciones concretas y avanzar hacia un futuro marcado por la paz duradera y la prosperidad compartida. (El autor es Dai Weilai, académico de la Universidad de Fudan. Este artículo refleja únicamente las opiniones del autor y no necesariamente las de CGTN.)