Tras la dura etapa del sábado en Pila, el Giro de Italia ofreció uno de esos capítulos que hacen las delicias del espectador. En una jornada marcada en rojo por los equipos de los sprinters, fue la escapada la que acabó llevándose el gato al agua. Matrícula de honor para Fredrik Dversnes (Uno-X Mobility), que culminó la proeza imponiéndose en la llegada a Mirco Maestri (Team Polti), Martin Marcellusi (Bardiani CSF) y Mattia Bais (Team Polti), sus compañeros de aventura. Todo estaba preparado para la reedición del duelo entre Paul Magnier y Jonathan Milan.
Un recorrido de 157 kilómetros entre Volghera y Milán completamente llano, en una de las pocas oportunidades que brinda el Giro a los velocistas. Nadie contaba con el entendimiento y la enorme velocidad que mantuvo la fuga: 51,3 kilómetros por hora de media. Cuando el pelotón quiso reaccionar, fue demasiado tarde. El cuarteto de cabeza no cedió, aguantó el pulso y se dio la oportunidad de disputarse la victoria en las abarrotadas calles de la capital del diseño y la moda.