Estos Oklahoma City Thunder están llamados a ser un equipo histórico, pero, por si había alguna duda, no son los únicos en la serie en merecer dicho calificativo. Tras un Game 3 en el que los de Daigneault no solo ganaron sino que lucieron intratables, esta vez le ha tocado a los Spurs responder. Y la respuesta, con un aplastante 103-82, ha sido tan contundente como el golpe inicial. Habría que remontarse mucho tiempo para recordar un encuentro en el que OKC pareciera tan humano, tan vulnerable.
En cuestión de dos noches, ha pasado de ser un Aquiles sin talón a uno que nunca se bañó en la laguna Estigia. Sin armas, sin recursos para la guerra en ninguno de los dos lados del aro, sin la agresividad que caracteriza a este equipo. Los Thunder fueron víctimas de la impotencia que normalmente sufren los rivales de los Thunder. Y todo San Antonio, con arsenal para ser la horma de su zapato, preparó este choque a conciencia.
Más Wemby, menos Wemby Como viene siendo habitual en estos playoffs, qué pasa con Victor Wembanyama fue la cuestión en torno a la que giraron todos los ajustes, y en base a ello Mitch Johnson diseñó un plan de partido que fue la base del recital texano. Uno que le exigió dar pasos adelante en ciertos aspectos pero contenerse en otros. No tener miedo a ser protagonista pero no querer serlo siempre. Un equilibrio complicado en el que el francés se movió a la perfección.
Donde Johnson le pidió más fue en ataque. Con la subida del nivel físico por parte de Oklahoma, Wemby había estado bastante más cohibido en ataque tras el Game 1, pues se le estaba obligando a jugar mucho más lejos del aro, se le estaba complicando recibir balones y se le estaba forzando a tomar menos y peores tiros. Pero hoy hubo un esfuerzo consciente por evitar todo eso. En desarrollo (Fotografía de portada: Scott Wachter-Imagn Images)