Cuando una historia se acaba, los recuerdos afloran de manera inevitable y vuelves a vivir, como si estuviera ocurriendo en ese preciso instante, todo lo que un día fue. Y más si se trata de una historia perfecta. Recuerdo esa Navidad de 2012, hace ya más de catorce años, a una Alexia a punto de cumplir los 19 que vino a la redacción de Mundo Deportivo para sumarse a la tradición de la foto especial navideña con los cracks de presente y de futuro. Y más tarde, a principios de 2014, acompañando a las Melanie, Jenni, Ràfols, Unzué y compañía, con Xavi Llorens al frente, por la redacción de Mundo Deportivo.
Montando en bicicleta para un reportaje fotográfico por los pasillos de la redacción con la Liga que habían conquistado el año anterior. Y recuerdo tantas tardes sentados en las escaleras del Miniestadi, después de los partidos, charlando con aquella joven que soñaba con comerse el mundo y con llevar el escudo del Barça a lo más alto. En una época en la que se podía contar con los dedos de una mano los medios que cubríamos los partidos del Barça femenino y no existían ni los followers, los likes ni las decenas de miles de fans que ahora las siguen por el mundo. Poco podía imaginarse aquella joven lo que iba a venir por delante y la importancia que ella iba a tener de manera tan directa.
Y también me vienen a la mente los primeros actos publicitarios casi en familia. Y aquella foto especial para la portada de Mundo Deportivo de la primera final de la Champions en Budapest, con Paños, Vicky y Torrejón. Y tantas y tantas entrevistas en las que fui viendo crecer a la futbolista hasta convertirse en un icono mundial, un fenómeno planetario capaz de liderar movimientos y generaciones con su liderazgo silencioso. Hay personas que nacen con duende, aura, como se le llama ahora, y Alexia es una de ellas.
Porque se puede ser una crack dentro del campo y una referencia fuera de él, pero Alexia lo aúna todo. Siempre ha sido muy difícil comprender qué pasaba por esa mente tan especial, tan particular y tan genial a la vez. Pero nunca faltaba un detalle. Si ganaban una Copa, la sacaba a las puertas del autocar para compartirla con los medios que allí estábamos; si una compañera no estaba bien, allí estaba 'Ale' para arroparla y para dejar un hueco en la foto de grupo, con ella siempre sobre un balón, pegada discretamente a uno de los extremos.
No hay joven del filial que haya subido al primer equipo que no cuente que Alexia fue de las primeras en acudir a ella tendiéndole la mano. Y es imposible olvidar ese abrazo a lágrima viva con Virginia Torrecilla en la primera Gala femenina de Mundo Deportivo. Un momento que quienes lo vivimos recordaremos para siempre y que hace que se nos erice la piel cada vez que cerramos los ojos y las vemos fundidas en la platea de la Fábrica Damm. Porque la historia de Alexia no ha sido un camino de rosas.
Al margen de las lesiones, especialmente una, la que la partió en mil pedazos en su momento álgido, cuando acababa de ganar dos Balones de Oro, Alexia ya comenzó su carrera de la peor manera que puede hacerlo alguien. Perdiendo a su padre poco antes de firmar por el Barça. Y luego, tiempo después, llegó lo de 'Vir'. Otro golpe que la vida se encargó de remendar, afortunadamente.
Y más momentos menos buenos, en clave selección, de los que hoy no merece la pena hablar. Aquel rostro inalterable al que costaba arrancarle una sonrisa ha ido evolucionando con el tiempo y adaptándose, de la mejor manera que ha sabido, o podido, al hecho de ser una figura de dimensiones superlativas. Sus compromisos, su agenda y su entorno se han multiplicado exponencialmente, y con todo ello, su refugio siempre siguieron siendo Eli y Alba, su madre y su hermana. Ese trío que, desde que falta su padre, se ha convertido en un único ente indestructible.
El fútbol femenino que hoy conocemos no sería el mismo sin Alexia, y el Barça femenino que hoy lidera el mundo gracias a sus valores, su fútbol y su identidad no existiría como tal sin su capitana, sin su '11', sin una Reina que se va, pero que no deja el trono vacío. Porque pasarán años, jugadoras y, esperemos, muchos títulos, pero el Barça, ese club tan grande y capaz de trascender a figuras icónicas como Alexia, o Messi en su día, no volverá a tener otra Reina. Gràcies, Alexia.