Sonny Rollins, considerado una de las mayores leyendas del jazz y uno de los saxofonistas más influyentes de la historia de la música, falleció este lunes a los 95 años en su residencia de Woodstock, en Estados Unidos, según informó un comunicado publicado en su sitio web oficial. Ganador de dos premios Grammy y reconocido mundialmente por su innovador estilo musical, Rollins dejó una huella imborrable en el jazz gracias a una carrera que se extendió durante más de siete décadas. Su virtuosismo con el saxofón tenor y su capacidad de improvisación lo convirtieron en una figura esencial dentro del género. A lo largo de su trayectoria, el músico desarrolló una identidad artística única.
Parte de ese proceso creativo ocurrió en Nueva York, donde pasó más de dos años practicando en solitario sobre un puente azotado por el viento, experiencia que ayudó a moldear el sonido y la intensidad que caracterizaron sus interpretaciones. Sonny Rollins, colossus of jazz saxophone, dies aged 95 RIP 1930-2026In a seven-decade career, he has recorded over sixty albums as a leader. A number of his compositions, including "St. Thomas", "Oleo", "Doxy", "Pent-up House", and "Airegin", have become jazz standards. pic.twitter.com/RFjb50vTu1 — La femme merveilleuse invisible (@larwoolf) May 26, 2026 Muere Sonny Rollins, leyenda del saxofón del jazz Entre sus composiciones más emblemáticas destacan “St.
Thomas”, “Oleo”, “Doxy”, “Pent-Up House” y “Airegin”, piezas que con el tiempo se transformaron en estándares del jazz y continúan siendo interpretadas por músicos de todo el mundo. Durante su extensa carrera, Sonny Rollins grabó más de 60 álbumes y colaboró con importantes figuras del jazz internacional; consolidándose como una referencia obligatoria para varias generaciones de artistas y aficionados. En 2014, el saxofonista se retiró definitivamente de los escenarios debido a problemas respiratorios que afectaron su salud. Aun así, su legado permaneció intacto y su influencia continuó creciendo dentro de la escena musical global.
La muerte de Sonny Rollins marca el final de una era para el jazz, pero también deja un patrimonio musical invaluable que seguirá inspirando a músicos y amantes del género alrededor del mundo.