Lo dice una canción de la banda 'Accidente' y lo recuerda Ignacio Pato en el capítulo de su libro 'Grada Popular' en el que retrata, de forma maravillosa, lo que significa ser del Rayo Vallecano: "no siempre son visibles las victorias más bellas". El Rayo fue derrotado este miércoles por el Crystal Palace en la final de la Conference League disputada en el Red Bull Arena de la alemana Leipzig (1-0). Y perder nunca es de buen agrado, por supuesto que no, pero el gol de Mateta, aunque dejó a los de Iñigo Pérez sin título, no puede opacar la grandísima temporada que ha protagonizado el Rayo, permitiéndose vivir la experiencia que pocos de los suyos se habían atrevido a soñar. Que no era un partido cualquiera se notó antes y también desde que echó a rodar el balón por el magnífico césped del Leipzig Arena.
Los prolegómenos del duelo pusieron la piel de gallina a propios y extraños, con ambas aficiones dejándose la garganta para dar aliento a los suyos, y los jugadores parecieron impregnarse de la tensión propia de la cita. El Rayo Vallecano, acostumbrado a presionar ostensiblemente alto, se mostró de inicio más contemplativo de lo habitual. Y el Palace, que es uno de esos equipos que muerde en cuanto puede, se centró más en mantener el rigor táctico que en saltar para robar. Así que la primera parte ni de lejos resultó una sucesión de ocasiones de gol.
Más bien todo lo contrario. Hubo que esperar hasta el 25’ para que un remate mordido de Alemao a centro de Chavarría desde la izquierda metiese algo de miedo en el cuerpo de la afición del Palace. Eso y un disparo de Unai López desde la frontal (39’) conformaron el bagaje ofensivo del Rayo antes del descanso. Menos numeroso fue todavía el del Palace, aunque más peligroso, porque ya en el añadido del primer acto Wharton encontró a Mitchell en boca de gol y el cabezazo de éste, de forma inexplicable, se marchó desviado.
Tras el paso por los vestuarios, no obstante, sí llegó el golpe que no quería encajar el Rayo. En el minuto 51, cuando Wharton probó fortuna desde media distancia con un disparo seco rechazado por Batalla justo donde estaba Mateta para poner la pierna izquierda y mandar el balón a la red. Fue un golpe de esos que dejan al púgil que lo recibe tambaleándose y llenan de confianza al que lo conecta. Muestra de ello es que apenas cuatro minutos más tarde, en el 55’, un libre directo de Yéremy Pino dio en los dos palos y no traspasó la línea de gol de milagro, dejando al Rayo con vida.
A partir de ahí, intentó reponerse el cuadro vallecano, moviendo Iñigo Pérez el banquillo para que las piernas que tenían que buscar la remontada estuvieran tan frescas como fuese posible. Pero no hubo manera. El Palace tiró de oficio y supo aguantar el empuje del Rayo para que la Conference viajase rumbo a Croydon, al sur de Londres, y no a Vallecas. La vuelta a casa no es la esperada, porque inevitablemente, aunque consciente de que podía caer derrotado, el Rayo y su gente se había ilusionado con la posibilidad de ganar.
No haberlo hecho duele, y no se puede evitar, pero el dolor es pasajero, mientras que el orgullo de haber lucido 'la franja' y el nombre de Vallecas por toda Europa queda para siempre. 'No conocí mayor victoria, que contigo una derrota', se leyó en la pancarta que desplegó la afición del Rayo en su fondo nada más acabar el partido. Aplaudiendo a sus jugadores. Bravo.