Esta semana, Bungie anunciaba que el desarrollo de Destiny 2 había llegado a su fin: el 9 de junio llegará una última gran actualización de contenidos, y después de ese punto el juego se limitará a mantener sus servidores abiertos —imagino que seguirá recibiendo correcciones de errores, pero nada más. Si has estado mínimamente atento a la actualidad de D2 en los últimos cinco años o así, sin duda sabrás que el estudio norteamericano ha pasado por una época miserable. Olas masivas de despidos, proyectos cancelados, polémicas; Bungie lo ha visto todo y lo ha hecho todo. En retrospectiva, uno se sorprende de que el equipo siga en pie en un momento en el que la industria triple-A es más volátil que nunca.
Tenemos el infortunio de ver estudios bajando las persianas con una frecuencia vertiginosa estos días, pero este en concreto se resiste. ¿Quieres saber por qué? Yo te diré por qué: porque a Destiny 2 jamás le han faltado fieles. El Destiny vivido, el Destiny desgastado El MMO espacial siempre ha tenido una población durmiente. Gente que no juega activamente, bien porque se ha frustrado con alguna de las muchas meteduras de pata que D2 ha cometido a lo largo de su historia o bien porque (esto me parece importantísimo) sencillamente se ha quedado satisfecha con su última aventura; pero ese mismo público luego vuelve en masa tan pronto como llega una nueva expansión principal.
Y así ha sido durante años. La saga Destiny siempre ha funcionado así. Lo sé porque es mi juego favorito y el que más me ha influenciado tanto en lo personal como en lo profesional. Estuve ahí cuando se filtraron los primeros detalles en internet, cuando se desveló el ViDoc Pathways out of Darkness y todas las semanas leía religiosamente cada entrada del Bungie Mail Sack que David 'DeeJ' Dague subía al blog oficial respondiendo a las dudas de los fans.
Luego, iban a los foros de 3DJuegos. Ha pasado una cantidad vergonzosa de miles de horas desde que arranqué la beta de D1 (me tuve que conformar con ver la alfa por YouTube, porque solo se celebró en PS4 y no tenía dinero para comprarla en ese momento) sonriendo de oreja a oreja con una ilusión superlativa. Aún tengo el código de invitación guardado con infinidad de otras reliquias que he ido atesorando con los años: ediciones de lujo, 'merchandising', te haces a la idea. Qué duro es escribir estas cosas, oye.
Seguramente, ni siquiera estaría escribiendo aquí de no ser por Destiny. El juego me apasionaba tanto que pasé unos años escribiendo en mi tiempo libre para un portal dedicado que llevábamos varios fans —nos fue lo suficientemente bien como para ganarnos la atención de Activision, que por aquel entonces era quien tenía los derechos de distribución; y aquella relación me fue dando el rodaje y la acreditación que necesitaba para entrar en el equipo de 3DJ. Habiendo vivido Destiny de cerca desde su más tierna infancia hasta hoy, quizá te sorprenda saber que la noticia de que el desarrollo de la secuela llegaba a su fin no me sacudió particularmente: ni creo que estemos tan mal como tal vez hayas leído por redes, ni creo que sea una pérdida tan dura para la IP como parece. No me malinterpretes, ojo; lo que ha pasado es terrible y el futuro es más frágil que nunca antes.
Es solo que en contexto, no es más que un paso lógico. Lo que ha "matado" a Destiny 2 es simplemente el desgaste de los años. Se hizo viejo, y su modelo de negocio no le favorece. Se había convertido en una ensalada de DLC indescifrable, varios de los cuales se habían transformado o eliminado, que chirriaba mucho con las tendencias actuales: eso de fragmentar a la comunidad entre los que compran y los que no es cosa del pasado.
La gente descarga Arc Raiders o Helldivers 2 esperando estar al día por defecto. Así de simple. No es un problema como el de Highguard o Concord: aquellos fracasaron porque jamás encontraron fans. Se toparon contra el muro de la irrelevancia.
La API de Steam, dichosa sea, reflejaba una realidad distinta en D2. Ese público durmiente que mantenía el barco a flote volvía con cada lanzamiento, pero cada vez en menores cantidades. Tras el merecidamente celebrado The Final Shape (2024), la historia principal se dio por concluida y el interés bajó. Esto no era ningún secreto, vaya.
Ciertos ex-Bungie hablaron del asunto en su momento, y en internet circulaban rumores que decían que internamente no sabían muy bien en qué dirección llevar el juego tras completar el plan original de los diez años de soporte que se promovió en la era de Destiny 1. El Año de la Profecía que le siguió fue del todo experimental: descargables más pequeños buscando sacudir la fórmula a ver dónde aterrizaba mejor de cara al futuro. Y la respuesta, por supuesto, fue "en ningún lado". Los que llevamos muchos años en Destiny nos hemos cansado de ver jefes inmunes al daño que se hacen vulnerables después de lanzarles bolas, recoger motas del suelo u obtener un potenciador temporal.
También de ver las mismas caras de NPC arrastrados conflicto tras conflicto, y de visitar los mismos planetas que se han acumulado en la carta estelar conforme llegaban sus respectivas expansiones. Destiny no es Warframe. Es un juego donde la primera vez que haces algo es la más potente siempre. La primera vez que completas una 'raid' después de largas horas explicando y tratando de hacer bien la mecánica, la primera vez que una campaña te sacude con alguna nueva revelación al final.
El interés por el botín pierde fuelle poco a poco a partir de ahí, y hemos pasado muchos años pasando por agua ese componente de frescura tan importante. Nos cansamos. Aunque el desarrollo de D2 hubiese continuado, dudo que hubiera durado mucho más en el futuro. No porque el contenido fuese malo, sino por el simple hecho de que esto no se concibió como un MMO y ya lo tenemos muy visto.
Vimos lo que había que ver. Es una pena que haya acabado tan abruptamente, desde luego; pero el asunto no iba a durar mucho más de todos modos. Y ahí es donde toca hablar del futuro, e insisto, no lo veo tan negro como muchos en redes. Destiny 2 no cierra sus servidores, como tampoco lo han hecho los de D1 hasta ahora.
Muchos juegos siguen vivos a pesar de no recibir contenido: Starcraft 2, Team Fortress 2, Star Wars Battlefront 2. No creo que D2 funcione así de bien porque no está abierto a mods u otras contribuciones comunitarias, pero dudo que esto sea una muerte rotunda de todos modos. Está, si tal, congelado. En el improbable caso de que veamos un Destiny 3, intuyo que será muy diferente.
Cambios de motor, cambios de mecánica, cambios de monetización; juegos como este llegan después de minuciosos estudios de mercado que tratan de averiguar las siguientes tendencias en la industria del videojuego. Podríamos razonar que Destiny 1 fue básicamente un Halo diseñado en torno a la premisa de los mundos persistentes y al multijugador 'drop-in, drop-out'; al igual que Marathon ha aterrizado de boca en la era de los multis completos de 40 euros. Ese es el tipo de rompecabezas que deben resolver PlayStation y Bungie si quieren recuperar el control de una IP que ha vendido lo suficientemente bien como para que le salieran toca clase de sucedáneos que se han caído por el camino. Nadie se ha quedado un trozo de ese pastel aún.
Decía Paul Tassi de Forbes que tal vez veamos un Destiny 3 dentro de diez años a modo de regreso triunfal cerrando una feria veraniega con un "¡lo hicimos! ¡hemos vuelto!" No sé si será exactamente eso lo que pase y de hecho ni siquiera confío en que pase algún día, pero veo claro que es más o menos el tipo de futuro que nos espera en Destiny a falta de un escenario ideal en el que la secuela se cuece a fuego lento en segundo plano mientras jugamos otras (nuevas) expansiones. Ni que decir tiene que para que eso ocurra, Bungie debe sobrevivir en la actualidad. ¿Lo hará? Es un tema delicado, pero hay motivos para confiar. Incluso mientras Sony valora a Bungie en unos 765 millones de dólares menos que cuando la compró en 2022, seguimos hablando de un estudio de unos 2900M de valor en su hora más oscura.
No es tanto como en su día, pero sigue siendo mucho. Y Marathon parece haber consensuado al menos un año de soporte para encontrar su público, que de forma realista no será muy grande porque es un género de nicho y está enfocado en el sector más hardcore. Pero no deja de ser una posición privilegiada. Sus jugadores lo adoran, sus planes de futuro son generosos y sólidos y la segunda temporada parece potente, al menos en lo que a premisas se refiere.
Está por ver si logra amasar unas cifras de actividad sostenibles, pero el caso es que no estamos en una situación en la que el estudio corra un riesgo inmediato y fatídico más allá de la inevitable y terrible ola de despidos que seguirá al parón indefinido de Destiny. El caso de D2 es uno que se entiende mejor viéndolo desde dentro, y haciéndolo la sensación que me transmite la noticia no es una de optimismo ni tampoco de pesimismo. Si eso, más bien me preocupa que un Destiny 3 sea un barco de Teseo en el que hemos cambiado ya a tanto personal que quizá ni siquiera justo del todo hablar de Bungie; pero mientras llega (o no) ese momento, no hay otra que armarse de paciencia y echarse unas carreras de la SRL, que ya tocaba. En 3DJuegos | El actor que dio vida a Adam Jensen de Deus Ex cree que "la vida es muy corta" como para pasársela haciendo críticas tóxicas