El prospecto de oferta pública inicial (OPI) de SpaceX tiene más de 400 páginas cargadas de ambición al nivel de combustible para cohetes. Pero también funciona como una advertencia prolongada para los inversionistas de Tesla Inc. (TSLA) que no se llaman Elon Musk. La más reciente apuesta de Musk ante el mercado público contempla una valoración cercana a los US$2 billones para Space Exploration Technologies Corp., donde ocupa simultáneamente los cargos de CEO, director técnico y presidente. Como ocurre en casi todas las empresas de Musk, la compañía calcula un mercado potencial gigantesco, aunque esta vez llevado al extremo: el mayor “en la historia de la humanidad”, valorado en US$28,5 billones.
Entre las futuras fuentes de ingresos aparecen desafíos tan ambiciosos como la “producción de energía en la Luna y Marte” o la “manufactura en órbita”. El mercado ya se ha acostumbrado a las promesas desbordadas de las SPAC en los últimos años, pero esto quizá se describa mejor como una “empresa de aspiraciones con propósito especial”. Sin embargo, en medio de todo el ruido, también hay señales claras. La actividad principal de SpaceX consiste en lanzar cohetes y prestar servicios de comunicaciones por satélite a través de Starlink.
Estas dos divisiones, la espacial y la de conectividad, pueden considerarse como un todo simbiótico por el momento. La mayoría de los lanzamientos transportan satélites propiedad de la compañía y, en conjunto, constituyen un negocio con unos beneficios en rápido crecimiento que en el 2025 casi se autofinanció. No obstante, del mercado potencial de US$28,5 billones del que se habla, el 93% no tiene que ver con esa actividad principal, sino con la IA. Ahí es donde las cosas empiezan a converger con Tesla, un fabricante de VE que Musk, quien también es su CEO, ha posicionado como líder en inteligencia artificial y robótica.
SpaceX se ha lanzado de lleno a este negocio, ahora fundamental, precisamente en 2026 con la adquisición de otra empresa de Musk, xAI, que a su vez había comprado el año pasado a otra empresa de Musk, la plataforma de redes sociales X. Los US$250.000 millones que SpaceX pagó por xAI en acciones, nada menos que 78 veces los ingresos acumulados, fue sin duda un buen negocio para xAI, lo que significa un buen negocio para Musk y los diversos inversionistas privados, así como para los acreedores, a los que reunió para financiar sus proyectos paralelos en redes sociales e IAl, que atraviesan dificultades. Se nota que estaban pasando apuros porque sus estados financieros revelan una división de IA que apenas crece y que gastó casi cinco veces más efectivo en 2025 que dos años antes. También se nota porque la mayor parte de la deuda en el balance de SpaceX consiste en un préstamo puente para refinanciar la deuda basura que heredó con la compra de xAI.
Esto podría resultarles familiar a los inversores de la empresa cotizada de Musk. Tesla ha cambiado su enfoque, y los analistas han modificado sus valoraciones, alejándose de los vehículos eléctricos para centrarse en la IA y la robótica. Una consecuencia de esto es un aumento masivo en la inversión de capital, incluso cuando los ingresos y los márgenes se han estancado. Tesla generó aproximadamente US$6.000 millones de flujo de caja libre positivo en el 2025 y se prevé que consuma casi US$10.000 millones este año.
No se anticipan entradas de capital positivas hasta 2029, y Wall Street suele ser demasiado optimista respecto a las ganancias a largo plazo de Tesla. Por supuesto, la similitud en el ritmo de gasto de SpaceX y Tesla no es mera coincidencia. Tesla invirtió US$2.000 millones en xAI justo antes de que SpaceX comprara la empresa por completo (la inversión de Tesla se convirtió en una pequeña participación en SpaceX). Tesla y SpaceX también colaboran en el enorme (y costoso) proyecto de construir una gigantesca planta de fabricación de chips, denominada Terafab, aunque aún no se han acordado los detalles sobre el cronograma y el presupuesto.
Asimismo, están desarrollando conjuntamente una herramienta de IA con capacidad de agencia, cuyo nombre, claramente propio de un programador, es Macrohard. Y, al parecer, ambas compañías también planean construir grandes fábricas de equipos solares a tan solo dos horas en automóvil la una de la otra en Texas. Dicho de otra manera, cuando se trata de narrativa, gasto y, por supuesto, gobernanza, el diagrama de Venn para SpaceX y Tesla se asemeja a un eclipse total. Para Musk, SpaceX es un vehículo público mucho más perfecto que el que ya tiene.
Posee una participación mucho mayor y, gracias a una estructura de acciones dual, un control prácticamente ilimitado que supera incluso al consejo de administración sumiso y a la indulgente base de accionistas de Tesla. Con una valoración de US$2 billones, SpaceX también superaría a Tesla, y su negocio principal de cohetes y Starlink puede incluso presumir de beneficios en rápido crecimiento, algo que Tesla ya no puede. Además, Musk parece mucho más interesado en la idea de que la humanidad se salve abandonando el planeta que en protegerlo. Por todo esto, sumado al atractivo adicional de no tener que presentar dos conferencias telefónicas sobre resultados, la lógica de combinar Tesla con SpaceX parecería bastante sencilla para Musk.
Obtendría una empresa más alineada con sus intereses de control casi absoluto, flexibilidad narrativa y subvenciones cruzadas sin problemas. Sin embargo, cualquier acuerdo de este tipo también presentaría un riesgo de conflicto de proporciones galácticas. Con Musk controlando el 85% de SpaceX antes de su salida a bolsa y con una participación del 20% en Tesla, la fusión favorecería que SpaceX adquiriera Tesla a precio de ganga en lugar de tener que inflar su precio. La propia salida a bolsa podría ser un catalizador para esto.
Se cree que la base de accionistas de Tesla cuenta con un grupo de inversores minoristas particularmente grande, quizás hasta un 40%. Según se informa, SpaceX está considerando reservar una parte importante de su oferta, hasta un 30%, para dicho público; al menos, la prosa florida y las representaciones artísticas del folleto parecen apuntar en esa dirección. Existe la probabilidad que se produzca una migración de capital de la antigua empresa de Musk a la nueva, especialmente con la primera evidencia del consumo de efectivo de Tesla que se revelará a comienzos de julio. El resultado final sería una ampliación de la probable brecha de valoración entre el vehículo de inteligencia artificial celestial de Musk y el terrenal, y una invitación para que realice una especie de alineación cósmica.
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