A espera de El Niño, estos fueron los desastres naturales más costosos para Latinoamérica a inicios de 2026

A espera de El Niño, estos fueron los desastres naturales más costosos para Latinoamérica a inicios de 2026

Bloomberg Línea — Las lluvias e inundaciones se situaron entre las afectaciones climáticas más costosas del primer trimestre en América Latina, en un período marcado por una siniestralidad contenida, según cifras de la firma de gestión de riesgos y seguros Aon. América Latina presentó un comportamiento relativamente moderado durante el primer trimestre del año, sin eventos catastróficos de gran escala en términos económicos, según los autores del reporte Global Catastrophe Recap – First Quarter of 2026. “En América Latina, el período estuvo marcado por eventos frecuentes, pero de menor escala, lo que contribuyó a un impacto económico contenido”, dijo Paula Ferreira, CEO de Reaseguros para Latinoamérica en Aon. Sin embargo, “la región enfrenta el desafío persistente de fortalecer la cobertura de seguros y la resiliencia ante riesgos climáticos”, apuntó. Durante el primer trimestre, el principal riesgo en la región se derivó de las inundaciones, con impactos relevantes en varios países.

Colombia registró el evento más costoso por cuenta de las lluvias, con pérdidas estimadas en los US$2.200 millones. También se cuentan eventos múltiples en Brasil, incluyendo inundaciones, deslizamientos y tormentas convectivas por US$260 millones en pérdidas. Otros eventos relevantes incluyen incendios forestales en Chile y Argentina, con pérdidas por US$150 millones. Aon también reseñó el impacto de inundaciones en Argentina, Ecuador y Perú, con impactos humanos y económicos limitados.

En muchos mercados de la región, una proporción significativa de los activos expuestos como vivienda, infraestructura, pequeñas y medianas empresas, agricultura y activos públicos no cuenta con cobertura suficiente o no está asegurada contra este tipo de riesgos. En el primer trimestre, las pérdidas aseguradas en la región permanecieron bajas, reflejando una brecha de protección más pronunciada en comparación con mercados más desarrollados. “El primer trimestre de 2026 en América Latina fue un periodo que confirmó la importancia de gestionar riesgos recurrentes, no solo grandes catástrofes”, señaló Ferreira a Bloomberg Línea. “Este trimestre refuerza la necesidad de que empresas y gobiernos incorporen los riesgos naturales en sus decisiones de planeación, inversión y continuidad operativa”. Expuso que la gestión del riesgo climático en América Latina debe considerar tanto los escenarios extremos como la acumulación de eventos frecuentes que, en conjunto, pueden generar impactos económicos significativos. En 2025, de acuerdo con Aon, las sequías en Sudamérica generaron pérdidas significativas, con un impacto especialmente severo en Brasil y la cuenca del Río de la Plata.

El año pasado, las sequías estacionales en Brasil provocaron alrededor de US$5.000 millones en pérdidas agrícolas. Esto en un contexto de una de las sequías más intensas y prolongadas en la Amazonía. Paraguay también se vio afectado durante su temporada agrícola clave (enero a marzo de 2025), con pérdidas superiores a US$700 millones, equivalentes al 1,5% de su PIB, según Aon. Impactos globales Las pérdidas asociadas a desastres naturales a nivel global totalizaron los US$37.000 millones en el primer trimestre, muy por debajo de los US$113.000 millones registrados en el mismo período de 2025.

El impacto en el primer trimestre del año estuvo un 43% por debajo del promedio del siglo XXI. De hecho, este nivel es el más bajo desde 2015, según el Global Catastrophe Recap – First Quarter of 2026. Aon indicó que las inundaciones y las tormentas convectivas severas concentraron la mayor parte de las pérdidas globales. En total, se registraron 12 eventos con pérdidas superiores a US$1.000 millones, superando el promedio histórico.

A pesar de ello, el número de víctimas mortales a nivel global fue de aproximadamente 1.640 personas, muy por debajo de las 6.300 contabilizadas en el mismo periodo de 2025 Estados Unidos fue el país más afectado en términos económicos, concentrando el 79% de las pérdidas aseguradas a nivel mundial. Las pérdidas aseguradas globales superaron los US$20.000 millones, ligeramente por encima del promedio histórico, lo que evidenciaría una mejora relativa en la cobertura de riesgos en algunas regiones. Aun así, persiste una brecha global de protección del 46%, lo que significa que casi la mitad de las pérdidas económicas no cuentan con respaldo asegurador, indicó Aon. “Comprender los riesgos naturales es clave para anticipar su impacto en las personas, las organizaciones y la economía. Al conectar el reaseguro y su potencial de mitigación y transferencia del riesgo, podemos generar soluciones más integrales que fortalezcan la resiliencia y la continuidad operativa de empresas y comunidades”, apuntó Paula Ferreira.

Según la ejecutiva, las estrategias de prevención, mitigación y preparación son cada vez más relevantes porque permiten reducir el impacto físico y financiero de los desastres antes de que ocurran. “Por eso, invertir en modelación de riesgos, alertas tempranas, infraestructura resiliente, planes de continuidad y soluciones de transferencia de riesgo puede reducir la presión financiera posterior a los eventos y acelerar la recuperación”. La amenaza de El Niño Los posibles impactos de El Niño alertan a los países de Latinoamérica ante la posibilidad de que este año llegue con una intensidad fuerte. “La variabilidad climática puede intensificar condiciones de riesgo cuando coincide con factores locales como sequedad, acumulación de vegetación, exposición de infraestructura o concentración de activos en zonas vulnerables”, explica Paula Ferreira, CEO de Reaseguros para Latinoamérica en Aon. Según el Centro de Predicción Climática de EE.UU., cada vez es más probable que El Niño se manifieste durante los próximos meses y se intensifique a medida que avance el año. Este fenómeno natural altera los patrones climáticos en todo el planeta y puede agravar el riesgo de incendios forestales, así como provocar inundaciones y sequías.

Las agencias de Naciones Unidas han advertido que El Niño podría empujar a más familias hacia una situación de vulnerabilidad, al provocar aridez en el Corredor Seco de Centroamérica y alterar los patrones de precipitación y temperatura en la región. A estos riesgos se suman los elevados precios internacionales de combustibles, fertilizantes y alimentos, lo que podría agravar la situación. La combinación de estos factores podría reducir el poder adquisitivo de las familias y aumentar la presión sobre los sistemas de protección social y las respuestas humanitarias. Shaun Osborne y Eric Theoret, analistas de Scotiabank, advirtieron en un reporte que “un fuerte evento El Niño actúa como un shock de oferta significativo que eleva los precios reales globales de commodities entre 3,5 y 4 puntos porcentuales”.

Bloomberg estima que un episodio severo podría elevar hasta 7% los precios globales de alimentos básicos, una presión adicional para bancos centrales que todavía enfrentan inflación persistente y tasas elevadas. En caso de que se materialice el fenómeno de El Niño para este año, y tenga una intensidad similar a la de 2016, los principales efectos previstos para Latinoamérica son una caída en el crecimiento económico. “En los países de la región andina podría reducirse entre 0,6 y 1,7 puntos porcentuales del PIB, como se estimó en estudios previos”, según la analista Brigitte Castañeda, investigadora en temas energéticos y de riesgos climáticos y profesora del Departamento de Ingeniería Industrial en la Universidad de los Andes, en Colombia. Dependiendo de la intensidad de El Niño también anticipa impactos fiscales, ante la necesidad de destinar recursos para responder a los desastres que puedan ocurrir y sus efectos en los años siguientes, en un contexto de menor recaudo tributario por la afectación de la economía local. En particular, Aon explica en el reporte Climate and Catastrophe Insight 2026 que la transición entre condiciones de El Niño y La Niña puede influir en la acumulación y posterior secado de combustibles vegetales, elevando la probabilidad de incendios en determinados territorios.

Otro factor relevante son las condiciones oceánicas y atmosféricas, que el mismo informe analiza como determinantes para la actividad ciclónica, la trayectoria de tormentas y la severidad de ciertos eventos hidrometeorológicos. Para América Latina, esto implica que el impacto potencial de El Niño debe evaluarse como un factor que puede modificar el perfil de riesgo de sectores específicos. Agricultura, energía, infraestructura, transporte, vivienda, recursos hídricos y operaciones empresariales pueden verse afectados de forma distinta según la exposición local, la preparación y los niveles de cobertura financiera disponibles.