El reciente desfile de la colección crucero de Gucci en la ciudad de Nueva York no se trató solamente de presentar la marca de lujo más importante de Kering SA. La imagen de Paris Hilton y Cindy Crawford paseando por Times Square, rodeadas de anuncios proyectados en simultáneo de productos para mascotas de Gucci y medicamentos ficticios que prolongan la vida, tuvo como objetivo atraer a los clientes estadounidenses de alto poder adquisitivo. Para la casa italiana, que ha estado atravesando dificultades, es importante que estos clientes compren los vestidos y bolsos del diseñador Demna Gvasalia. Que los ricos sigan gastando también es crucial para las perspectivas generales de los Estados Unidos.
Es evidente que los estadounidenses con un alto poder adquisitivo han supuesto un importante motor del consumo durante aproximadamente los últimos cinco años, aun cuando las cifras exactas sean objeto de debate. Las personas con salarios bajos y, cada vez más, los consumidores de clase media están viendo cómo sus gastos se ven mermados por el encarecimiento de la gasolina y los alimentos. En consecuencia, las personas que pueden permitirse comprar productos de Gucci resultan incluso más importantes para una economía principalmente impulsada por el gasto de los consumidores. Si estos reducen su gasto, tanto las ventas minoristas como el crecimiento general se verán afectados.
Las apuestas en contra del consumidor estadounidense han sido durante mucho tiempo una mala inversión; sin embargo, es difícil ignorar las señales de alerta que están comenzando a aparecer. Por primera vez desde 2022, año en que los hogares fueron afectados por una crisis del costo de la vida producto del alza de la inflación durante la pandemia de Covid-19 y la invasión de Rusia a Ucrania, que causó una subida en los precios del combustible, el promedio de galones de combustible adquiridos por los clientes de Walmart Inc. (WMT) durante el primer trimestre cayó por debajo de los 10. “Esto es un indicio de que hay tensión”, declaró a los analistas John David Rainey, director financiero de Walmart. Los hogares de bajos ingresos se ven particularmente afectados. Destinan una gran parte de sus ingresos a productos básicos como el combustible y los alimentos.
Walmart informó que los precios subieron un 1,2 % durante el primer trimestre, aunque se tuvo en cuenta el efecto de la disminución del precio de los huevos. La compañía advirtió de que la inflación podría seguir aumentando si los precios de la energía continúan siendo elevados. Steve Cahillane, CEO de Kraft Heinz Co. (KHC), señaló que los hogares con menos recursos «se están quedando literalmente sin dinero a fin de mes». Esto los está llevando, en consecuencia, a recurrir a sus ahorros para adquirir productos básicos.
El problema parece estar afectando a personas de todos los estratos sociales. Economistas de Wells Fargo & Co. (WFC) señalan que son los consumidores de ingresos medios quienes sufren la mayor inflación derivada de las perturbaciones en el mercado petrolero, debido a que destinan una mayor proporción de su gasto a la gasolina. Wells Fargo reconoce que las mayores devoluciones de impuestos habrán beneficiado a este sector de la población, una opinión compartida por Walmart. Sin embargo, es probable que este beneficio sea efímero.
Las familias de clase media representan una mayor proporción del gasto total que los hogares de bajos ingresos, por lo que cualquier presión sobre sus presupuestos les preocupa. La presión sobre la clase media también se manifiesta de otras maneras. Walmart se enfrenta a la competencia de las cadenas de descuento europeas Aldi y Lidl, que están expandiéndose velozmente en EE.UU. Si su fórmula de crecimiento sigue el modelo de otros países, será la clase media con dificultades económicas la que descubrirá las ventajas del vino Barolo a buen precio y el papel higiénico barato.
Según Placer.ai, empresa que monitoriza el flujo de clientes, Aldi ha experimentado un aumento de visitas este año. Los ejecutivos de TJX Cos Inc. (TJX), propietaria de las marcas económicas TJ Maxx y Marshalls, afirmaron que clientes de todos los niveles de ingresos están gastando más y que sus tiendas están atrayendo a más consumidores de la Generación Z y los millennials. Los compradores se han sentido atraídos por productos de mayor calidad, como el champú Olaplex y el brillo labial de Charlotte Tilbury. La presión derivada de la inflación y el aumento de las tasas de interés todavía no se refleja en el gasto de los consumidores con un nivel de renta medio-alto.
Quienes simplemente viven cómodamente, pero no son multimillo-narios, quizá no estén optando por las marcas más exclusivas, donde el precio medio de una cesta de artículos emblemáticos ha subido más de un 50% desde 2019, según analistas de HSBC Holdings Plc. No obstante, están adquiriendo bolsos Coach de Tapestry Inc. (TPR) y jerseys de punto trenzado de Ralph Lauren Corp., lo que está favoreciendo a ambas empresas frente al resto del sector del lujo. Walmart señaló, sin embargo, que el aumento de clientes provenía principalmente de familias de altos ingresos, lo que indica que el comprador de lujo con mayores aspiraciones quizás no sea inmune a algunas de las presiones de precios que afectan a la clase media. Será importante observar sus patrones de gasto, ya que podrían ser los próximos en verse afectados.
No existe tal preocupación en lo que respecta a los estadounidenses más ricos, que están derrochando en todo, desde gabardinas de Burberry Group Plc. hasta chaquetas de Phoebe Philo, impulsados por las ganancias de inversión derivadas del auge del mercado bursátil. Watches of Switzerland Group Plc, de Gran Bretaña, que genera más de la mitad de sus ventas en EE.UU., vio aumentar sus ingresos en el país en alrededor de un 25% en el año que finalizó el 3 de mayo, sin tener en cuenta las fluctuaciones cambiarias, ya que los compradores se abastecieron de relojes Rolex y joyas Roberto Coin. Para Cie Financiere Richemont SA, propietaria de Cartier, el aumento de las ventas estadounidenses en su último ejercicio fiscal fue del 17%. Chanel volvió a crecer en 2025, impulsada por el interés de los estadounidenses por sus chaquetas de tweed y sus nuevos bolsos acolchados con múltiples bolsillos.
El gasto de la élite suele estar correlacionado con los precios de los activos, por lo que el factor determinante de la solidez de esta demanda será la dirección de los mercados financieros. Un factor que podría proteger el consumo de cualquier inestabilidad del mercado es la enorme cantidad de riqueza generada durante los últimos cinco años. La fortuna del 0,1% más rico se duplicó desde 2019, según la Reserva Federal, mientras que el patrimonio neto del 10% más rico aumentó en dos tercios. Las cantidades de dinero que ganan algunas personas en el sector tecnológico son Wverdaderamente surrealistas“, afirmó Johann Rupert, presidente de Richemont.
Al igual que otros, él está pendiente de si esos adelantos tecnológicos y el crecimiento generalizado de las arcas de sus clientes son sostenibles. Los ricos no reducen sus gastos cuando sube la inflación o se ralentiza el crecimiento de la economía. Les afectan las fluctuaciones en el valor de los inmuebles o de las acciones. Si una oleada de ventas en el mercado de bonos se transforma en una corrección más amplia y se extiende al mercado de valores, habrá consecuencias tanto para los gigantes del lujo como para la economía de Estados Unidos.
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