Nio atraviesa un momento delicado en Europa y las últimas informaciones conocidas apuntan a una estrategia mucho más conservadora para los próximos años. Parece que la marca china ha anunciado que no lanzará actualizaciones importantes de producto hasta finales de 2027 y que tampoco tiene previsto ampliar su red de estaciones de intercambio de baterías en el continente. La reunión con los clientes europeos, celebrada en Países Bajos y encabezada por Chris Chen, responsable global del negocio internacional de la compañía, sirvió para responder a las crecientes críticas de los propietarios europeos. Sin embargo, varios asistentes aseguraron haber salido todavía más preocupados tras escuchar los planes de la firma para la región.
Entre los puntos más polémicos figura la decisión de no introducir en Europa los modelos basados en la plataforma NT2.5 ni tampoco los futuros NT3 hasta, como mínimo, finales de 2027 o principios de 2028. Solo coches antiguos para Europa Según la información exclusiva de Electric Vehicles, esto supondrá que los compradores europeos seguirán recibiendo vehículos desarrollados sobre la arquitectura NT2.0, mientras que en China la compañía ya comercializa versiones renovadas y tecnologías más avanzadas. Actualmente, Nio vende en Europa modelos como el ET5, ET5 Touring, EL6 y EL8, todos ellos correspondientes a generaciones anteriores. En paralelo, la marca ya ha actualizado gran parte de su gama en el mercado chino e incluso ha lanzado una nueva generación del ES8, aunque por ahora no existen planes oficiales para su llegada al continente europeo.
Esta política llama la atención por varios motivos. El primero es el desfase tecnológico que tendrán esos coches, especialmente porque el mercado europeo de modelos eléctricos evoluciona con rapidez y la competencia no deja de renovar sus productos. El segundo es que da a entender que Nio ve Europa como un mercado en el que deshacerse del stock acumulado de coches antiguos. Concretamente, parece que la acumulación de unidades fabricadas en 2022 y 2023 sería lo que estaría dificultando la llegada de nuevos modelos ya que, hasta que no liquide ese inventario, la marca no tiene interés en asumir nuevas inversiones en Europa.
Problemas para la red de intercambio de baterías Este enfoque más conservador no se limita solo a los coches, también se va a aplicar a las estaciones de intercambio de baterías, una de las señas de identidad de Nio. La empresa habría confirmado que no construirá nuevas estaciones ni ampliará la infraestructura actual que ya tiene desplegada en Europa. Tampoco llegarían las futuras generaciones de estaciones de intercambio. La decisión supone un giro importante respecto a las ambiciones iniciales de Nio en el continente.
La compañía desembarcó en Europa en 2021 defendiendo el intercambio de baterías como una alternativa válida frente a la recarga rápida tradicional. Sin embargo, la expansión de esa infraestructura se ha ralentizado notablemente en los últimos años debido a los recortes de inversión y a las dificultades para rentabilizar el negocio. Y la situación también afecta al software y a los sistemas de asistencia a la conducción. Según varios asistentes al encuentro, los vehículos europeos continúan utilizando una versión antigua del sistema operativo Banyan, mientras que en China la compañía ya ha evolucionado hacia la nueva plataforma Cedar y desarrolla tecnologías basadas en inteligencia artificial mucho más avanzadas.
Las mejoras previstas para Europa serían limitadas y llegarían con menor frecuencia debido a restricciones presupuestarias. Todo esto tiene cierta lógica si se valora la situación comercial de la compañía en el continente, ya que Nio matriculó únicamente 45 vehículos en toda Europa durante abril, una cifra inferior a la del año anterior pese a operar en más mercados. Alemania, considerada uno de los países estratégicos para la expansión de la marca, apenas sumó una matriculación durante ese mes. Parte de ello puede deberse a las tarifas impuestas por la Unión Europea, ya que la marca soporta un arancel del 30,7% en los mercados comunitarios, algo que encarece notablemente sus modelos.