La startup estadounidense Canoo pasó en apenas unos años de ser una de las grandes promesas de la movilidad eléctrica a convertirse en otro símbolo de la crisis que atraviesa parte del sector. La empresa, conocida por sus futuristas furgonetas eléctricas y por colaborar con la NASA, terminó declarándose en quiebra en enero de 2025 tras acumular fuertes pérdidas y fracasar en su intento de atraer nuevos inversores. La quiebra del ‘éxito’ El hundimiento de Canoo llegó en un momento paradójico para el mercado del vehículo eléctrico. Entre 2023 y 2024, las ventas mundiales de coches eléctricos crecieron un 25 % hasta alcanzar 17,1 millones de unidades.
China siguió liderando el mercado global con un aumento del 40 % en matriculaciones gracias a los incentivos públicos y a la fuerte demanda interna. En Estados Unidos, aunque el crecimiento se moderó, los vehículos eléctricos ya representaban más del 20 % de las ventas y las previsiones apuntan a un mercado superior a los 200.000 millones de dólares durante la próxima década. Fue precisamente en plena euforia del coche eléctrico cuando Canoo intentó convertirse en la ‘Tesla de las furgonetas’. La empresa nació en California en 2017 bajo el nombre de Evelozcity, impulsada por Stefan Krause, antiguo director financiero de Deutsche Bank, y Ulrich Kranz, exdirectivo de BMW.
Dos años después adoptó definitivamente el nombre Canoo y presentó un innovador prototipo eléctrico basado en una plataforma modular tipo ‘skateboard’. La idea consistía en desarrollar una arquitectura eléctrica versátil capaz de adaptarse a distintos usos: vehículos de reparto, monovolúmenes, microbuses o furgonetas comerciales. Su diseño minimalista y futurista llamó rápidamente la atención de la industria. El gran impulso llegó en 2020, cuando Hyundai Motor Group anunció una colaboración estratégica con Canoo para desarrollar plataformas eléctricas escalables.
El fabricante coreano llegó a comprometer una inversión cercana a los 87 millones de dólares. Ese mismo año, Canoo salió al Nasdaq tras fusionarse con la SPAC Hennessy Capital Acquisition Corp IV, alcanzando una valoración aproximada de 2.400 millones de dólares. Sin embargo, el entusiasmo duró poco. Hyundai puso fin a la colaboración en marzo de 2021 y Canoo comenzó a sufrir una presión financiera cada vez mayor.
Los elevados costes de investigación y desarrollo, unidos a la dificultad de fabricar vehículos eléctricos a gran escala, terminaron deteriorando rápidamente sus cuentas. Pese a ello, Canoo todavía logró cerrar algunos acuerdos muy mediáticos. El más importante fue el contrato firmado con la NASA en 2022 para fabricar los Crew Transportation Vehicle (CTV) del programa Artemis. Estos vehículos eléctricos debían encargarse de trasladar a los astronautas hasta la plataforma de lanzamiento de las futuras misiones lunares estadounidenses.
La imagen de los astronautas junto a las futuristas furgonetas de Canoo dio la vuelta al mundo y se convirtió en uno de los mayores escaparates publicitarios para la startup. Además, la empresa anunció acuerdos con Walmart, USPS y otras grandes flotas corporativas interesadas en electrificar sus vehículos comerciales. El problema fue que Canoo nunca consiguió transformar esos contratos en una producción industrial sólida. Las entregas reales fueron mínimas y la compañía siguió consumiendo efectivo a gran velocidad mientras buscaba desesperadamente nuevos inversores.
Finalmente, el 17 de enero de 2025, Canoo presentó voluntariamente el Capítulo 7 de la ley de quiebras de Estados Unidos ante el Tribunal de Delaware. La empresa cesó inmediatamente sus operaciones y dejó en manos de un síndico la liquidación de sus activos. La documentación judicial reveló una situación muy delicada: Canoo acumulaba pasivos estimados en 164 millones de dólares frente a unos activos valorados en apenas 126 millones. Tras conocerse la noticia, el mercado terminó retirando definitivamente su confianza a la compañía.