¿Por qué Ecuador sigue teniendo alta inseguridad pese a su férrea estrategia para combatir delitos? ¿Por qué Ecuador sigue teniendo alta inseguridad pese a su férrea estrategia para combatir delitos? Sputnik Mundo Más de dos años después de la declaratoria de conflicto armado interno, la estrategia de seguridad del presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, está bajo un... 30.05.2026, Sputnik Mundo Aunque el despliegue militar y policial, junto con los estados de excepción continuos, lograron contener la violencia momentáneamente, los indicadores actuales sugieren que el país sigue en niveles preocupantes de inseguridad.¿Una respuesta ineficiente?El 9 de enero de 2024 marcó un punto de inflexión. La declaratoria de conflicto armado interno fue vista como una respuesta contundente a la escalada del crimen organizado. Sin embargo, para Fernando Carrión, experto en seguridad, los resultados iniciales fueron más una respuesta táctica que un cambio estructural.En este sentido, Daniel Pontón, decano de la Escuela de Seguridad y Defensa del Instituto de Altos Estudios Nacionales, resalta que el Ejecutivo ha utilizado la crisis de seguridad como un mecanismo para extender su gobernabilidad.
En un entorno de fragilidad legislativa durante su primer año, la "mano dura" se convirtió en una herramienta de legitimación."Se está enfrentando con dureza el crimen con mano dura. [Se aplicó] una serie de medidas altamente populares que, en otro momento, hubiera sido muy difícil tomar, pero con el tema del miedo al delito y las condiciones a perseguir en el país, [se consolidó como] una justificación bastante bien fundamentada para poder ampliar su margen de gobernabilidad. Sin embargo, ya dos años después, la pregunta es: ¿cuál ha sido el efecto de eso sobre la situación de seguridad?", cuestiona.Datos y acciones en materia de seguridadSegún datos del Ministerio de Defensa ecuatoriano y cifras consolidadas de la Policía Nacional, si bien se han ejecutado miles de operativos conjuntos, incluyendo la incautación de toneladas de droga y la detención de objetivos de alto valor, la tasa de homicidios ha mostrado una resiliencia alarmante.El Gobierno ha implementado múltiples operativos masivos, miles de allanamientos, patrullajes, estados de excepción, toques de queda, operaciones conjuntas con los Estados Unidos como la operación Costa, además de acuerdos con el FBI, lo que supondría una mejora de la situación. Sin embargo, Quito se encamina a registrar su segundo año más violento en la historia reciente, con 2.778 homicidios intencionales solo en los primeros cuatro meses de este año. Es decir, un promedio de 22 muertes violentas diarias.Los costos adicionales de la inseguridadCarrión y Pontón coinciden en que la estrategia actual tiene un techo.
Para el segundo, la comparación con el modelo del mandatario Nayib Bukele en El Salvador es errónea, debido a las diferencias estructurales en la naturaleza del crimen.La estrategia de seguridad no solo es cuestionada por su efectividad operativa, sino por su alto costo de oportunidad. El desplazamiento de recursos desde salud y educación hacia el equipamiento militar y policial genera una reducción en otras áreas vitales.Según el experto, se estima que entre el 12 y el 14% de las inversiones que realizan esas empresas se destina a la seguridad. En el caso de las familias, dice, pasa exactamente lo mismo. Añade que la inversión financiera, aunque voluminosa, adolece de una falta de dirección técnica."Para financiar la política de seguridad; se subió el IVA del 12 al 15%, que es una cantidad significativa.
Pero una de las cosas que más me preocupa es que no hay inteligencia, o la inteligencia que existe no es lo suficientemente buena para dar los insumos para definir las políticas", advierte.Finalmente, Carrión argumenta que la seguridad de Ecuador no puede garantizarse mediante el aislamiento o la cooperación solo con ciertos Estados. La interconexión del narcotráfico exige una diplomacia proactiva con sus vecinos y los países de destino."Esto no es un tema exclusivamente de Ecuador, porque lo que hace es recibir los narcóticos, por ejemplo, de Perú y de Colombia, que son los dos países productores más grandes del mundo. En otras palabras, esto no se resuelve exclusivamente con cooperación, sino que se resuelve con integración", concluye el experto. Más de dos años después de la declaratoria de conflicto armado interno, la estrategia de seguridad del presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, está bajo un escrutinio crítico.
Aunque el despliegue militar y policial, junto con los estados de excepción continuos, lograron contener la violencia momentáneamente, los indicadores actuales sugieren que el país sigue en niveles preocupantes de inseguridad. ¿Una respuesta ineficiente? El 9 de enero de 2024 marcó un punto de inflexión. La declaratoria de conflicto armado interno fue vista como una respuesta contundente a la escalada del crimen organizado. Sin embargo, para Fernando Carrión, experto en seguridad, los resultados iniciales fueron más una respuesta táctica que un cambio estructural. "Esta declaración de conflicto armado interno, que yo definiría como una super mano dura, porque ahí lo que entran de forma explícita son las Fuerzas Armadas y la policía para enfrentar el delito.
Lo interesante de esto es que tuvo una disminución de la tasa de homicidios durante enero y febrero porque hubo una sorpresa en términos de la política pública, entrar con una fuerza bastante grande. Pero, apenas se entendió esto, empezó nuevamente el problema", relata para Sputnik. En este sentido, Daniel Pontón, decano de la Escuela de Seguridad y Defensa del Instituto de Altos Estudios Nacionales, resalta que el Ejecutivo ha utilizado la crisis de seguridad como un mecanismo para extender su gobernabilidad. En un entorno de fragilidad legislativa durante su primer año, la "mano dura" se convirtió en una herramienta de legitimación. "Se está enfrentando con dureza el crimen con mano dura. [Se aplicó] una serie de medidas altamente populares que, en otro momento, hubiera sido muy difícil tomar, pero con el tema del miedo al delito y las condiciones a perseguir en el país, [se consolidó como] una justificación bastante bien fundamentada para poder ampliar su margen de gobernabilidad.
Sin embargo, ya dos años después, la pregunta es: ¿cuál ha sido el efecto de eso sobre la situación de seguridad?", cuestiona. Según datos del Ministerio de Defensa ecuatoriano y cifras consolidadas de la Policía Nacional, si bien se han ejecutado miles de operativos conjuntos, incluyendo la incautación de toneladas de droga y la detención de objetivos de alto valor, la tasa de homicidios ha mostrado una resiliencia alarmante. El país sudamericano rompió récords históricos de inseguridad al cerrar 2025 con 9.216 homicidios intencionales. Esto representó una tasa de 50,9 muertes por cada 100.000 habitantes, superando los registros de 2024.
Además, más del 88% de los asesinatos se cometieron con armas de fuego, lo que habla de un segundo factor: el contrabando de armamento. El Gobierno ha implementado múltiples operativos masivos, miles de allanamientos, patrullajes, estados de excepción, toques de queda, operaciones conjuntas con los Estados Unidos como la operación Costa, además de acuerdos con el FBI, lo que supondría una mejora de la situación. Sin embargo, Quito se encamina a registrar su segundo año más violento en la historia reciente, con 2.778 homicidios intencionales solo en los primeros cuatro meses de este año. Es decir, un promedio de 22 muertes violentas diarias.
Los costos adicionales de la inseguridad Carrión y Pontón coinciden en que la estrategia actual tiene un techo. Para el segundo, la comparación con el modelo del mandatario Nayib Bukele en El Salvador es errónea, debido a las diferencias estructurales en la naturaleza del crimen. "La situación [entre ambas naciones] no es la misma (...) porque enfrentarse a mafias de narcotráfico implica hablar de [grupos] con mucho dinero; no son las maras que operan en las calles y tienen gran poder de la violencia. Aquí estamos hablando de gente que tiene violencia, pero también con mucho más dinero," explica Pontón. La estrategia de seguridad no solo es cuestionada por su efectividad operativa, sino por su alto costo de oportunidad.
El desplazamiento de recursos desde salud y educación hacia el equipamiento militar y policial genera una reducción en otras áreas vitales. "Es una contracción dentro de la economía, porque esos recursos podrían estar destinados a salud, a educación y tienen que estar enfocados más bien a la seguridad. Y lo mismo pasa en términos de los presupuestos de las empresas y los presupuestos de las familias. Las empresas tienen que comprar tecnología, tienen que comprar guardianía privada", analiza Carrión. Según el experto, se estima que entre el 12 y el 14% de las inversiones que realizan esas empresas se destina a la seguridad.
En el caso de las familias, dice, pasa exactamente lo mismo. Añade que la inversión financiera, aunque voluminosa, adolece de una falta de dirección técnica. "Para financiar la política de seguridad; se subió el IVA del 12 al 15%, que es una cantidad significativa. Pero una de las cosas que más me preocupa es que no hay inteligencia, o la inteligencia que existe no es lo suficientemente buena para dar los insumos para definir las políticas", advierte. Finalmente, Carrión argumenta que la seguridad de Ecuador no puede garantizarse mediante el aislamiento o la cooperación solo con ciertos Estados.
La interconexión del narcotráfico exige una diplomacia proactiva con sus vecinos y los países de destino. "Esto no es un tema exclusivamente de Ecuador, porque lo que hace es recibir los narcóticos, por ejemplo, de Perú y de Colombia, que son los dos países productores más grandes del mundo. En otras palabras, esto no se resuelve exclusivamente con cooperación, sino que se resuelve con integración", concluye el experto. No te pierdas las noticias más importantes Suscríbete a nuestros canales de Telegram a través de estosenlaces. Ya que la aplicación Sputnik está bloqueada en el extranjero, en este enlace puedes descargarla e instalarla en tu dispositivo móvil (¡solo para Android!).
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