Después de varios años lejos de los reflectores, Francesca Guillén está de vuelta. La actriz que conquistó al público en exitosas telenovelas juveniles como Agujetas de color de rosa, Clase 406, Locura de amor y Rebelde regresa a los escenarios con la obra Mujeres soñaron caballos, del reconocido dramaturgo argentino Daniel Veronese, una de las piezas más aclamadas del teatro contemporáneo latinoamericano. Su regreso no es casual ni improvisado. Francesca atraviesa una etapa distinta, más madura y consciente de lo que quiere para su vida personal y profesional.
Durante el tiempo que permaneció alejada del medio artístico decidió explorar otros caminos: estudió Arquitectura, se dedicó al interiorismo y también trabajó durante cuatro años en la ANDA, experiencia que le permitió descubrir una nueva vocación de servicio hacia sus compañeros actores. Ahora, con una visión completamente renovada, vuelve al escenario de la mano de una obra que considera monumental. “Es una obra monstruosa en todos los términos, es una obra icónica, entonces el simple hecho de que me invitaran a participar me emociona bastante, estoy retomando mi trabajo escénico después de algunos años distantes y la verdad es que no había mejor escenario para volver que una obra así de contundente”, compartió Francesca en entrevista con TVyNovelas. La puesta en escena, dirigida por Mariana García Franco y Abraham Jurado, marca el regreso de este texto a México después de más de una década. La historia se desarrolla en medio de una reunión familiar aparentemente normal, donde poco a poco comienzan a emerger resentimientos, frustraciones y una violencia emocional que lo invade todo.
Aunque para muchos su ausencia fue sorpresiva, Francesca explica que hubo razones personales y de salud detrás de su decisión de alejarse de los escenarios. “Es que nunca se deja de amar al escenario, hay una fibra esencial en mí, pero también lo dejé por esa misma pasión”. Y agregó con honestidad: “En realidad dejé los escenarios por una dolencia en el corazón, pero una vez que uno va agarrando un poco más de madurez, de edad, uno asume lo que puede abrazar y lo que no, entonces teniendo claro ese panorama te pones tus propios límites”. Con el paso del tiempo, la actriz entendió que no quería regresar a cualquier proyecto. Necesitaba encontrar historias que realmente conectaran con ella. “Además es una obra maravillosa, con un texto alucinante y yo me había alejado también por eso, porque los textos no me estaban aportando lo que yo busco y esta obra está llena, justamente, de los elementos que a mí me interesan escénicamente”.
Francesca también habló emocionada del elenco con el que comparte escena: “El escenario está espectacular, comparto con Juan Ríos, con Mónica Jiménez, con Estela Aguilar, Carlo Basabe, Gina Granados, todos son fantásticos”. Y puntualizó orgullosa: “Somos actores formales, no comerciales necesariamente, sino actores de garra, de experiencia y de tiempo”. La actriz describe el montaje como una experiencia intensa para el público y para quienes la interpretan cada noche. “Esta obra tiene la particularidad de ser muy dinámica, muy álgida, dura 70 minutos, llena de contenido, de carga, de violencia, porque ese es el tema de la obra, la violencia en el aire, la violencia entre parejas, entre grupos, la violencia como detonador”. Lejos de la imagen juvenil con la que muchos aún la recuerdan, Francesca asegura que hoy atraviesa una etapa mucho más consciente de su valor profesional.
Por eso, aunque no descarta regresar a las telenovelas, sí tiene claro que las cosas serán diferentes. “La verdad es que yo regreso a todo lo que surja siempre que sea desde un lugar de mucho más respeto a mi trabajo. Y hablo del respeto a mí misma, ya no quiero tomar lo que sea por el gusto mismo de trabajar”. La artista reconoce que durante muchos años aceptó proyectos sin detenerse a pensar si realmente la hacían feliz. “Porque siempre fue esa mi postura y no fue tan buena idea hacerlo así. Ahora quiero ser mucho más selectiva”.