Los discursos de agradecimiento son un arte complicado, donde el galardonado tiene que tener habilidad para mostrarse sincero y también un poco humilde para que se aprecie una notable gratitud por el honor. En el proceso tiene que acordarse también de gente que ha sido importante para llegar a ese momento. No hay una fórmula perfecta, y si la hay termina un poco gastada o pareciendo artificial. Pero en los Oscars se pueden apreciar los discursos que marcan época, o que al menos desbordan emocionalmente al público, tanto el presente como el que observa desde la televisión, porque el protagonista está también siendo un mar de sensaciones.
Siempre con humor Uno de los más recordados, precisamente por la faceta emocional, fue el que dio Robin Williams el 23 de marzo de 1998, cuando subió al escenario del Shrine Auditorium & Expo Center para recibir el Oscar a mejor actor secundario por El indomable Will Hunting. Un rol inolvidable que le valió muchas alabanzas y que sigue siendo valorado como uno de los mejores momentos del actor. Tras hacer pasar como que estaba sin palabras, Williams procedió a dar un discurso con estatuilla en mano dando gracias a Ben Affleck, Matt Damon, Gus Van Sant, la gente de Boston y más con bastante sentimiento. Y también alguna broma de acompañamiento para cada uno, porque no podía dejar nunca de ser Robin Williams.
Para el final se dejó un recordatorio a su difunto padre, que le dio un apoyo peculiar para dedicarse a la actuación. En el escenario Williams contó cómo, cuando le dijo que quería ser actor, su padre le respondió: “Estupendo, pero búscate un trabajo alternativo por si acaso, como soldador”. La mejor mezcla de sinceridad y sentido del humor que sólo él sabía entregar.