Que ser niño te curte es una de esas afirmaciones que parece casi de broma. Más aún cuando para darle sentido a la expresión vienes a acordarte de la relación entre Heidi y Clara, del caballo Artax hundiéndose en aquella ciénaga, de Mufasa quedándose muñeco, de la madre de Marco, la de Piecito, la de Bambi… Nos hemos criado saltando de un duelo a otro, pero tal y como decíamos al principio, la psicología dice que aquellos dibujos de Japón nos dejaron una marca imborrable. Es la razón a la que muchos se agarran cuando toca comparar a las nuevas generaciones con las de antes, con todos aquellos niños criados entre los años 70 y 80 que se enfrentaron a una forma mucho más cruda de ver la vida. Que al agarrarse a la frase de los barros y los lodos, afirman que su resiliencia es mucho mayor gracias a aquello.
Aunque buena parte de esa premisa la hemos inventado para sentirnos especiales, la psicología reconoce que también hay algo de cierto en ello. La psicología de Heidi y Marco En primer lugar hay que separar el grano de la paja, y eso supone apuntar que los jóvenes de hoy en día también se han enfrentado a dramones antológicos. Pixar sigue ahí fuera, no lo olvidéis. Y durante los últimos años nos ha dado el inicio de Up, a mama Coco, y hasta el final de una imborrable Toy Story 3 que ahora quieren pervertir por segunda vez.
Entonces, ¿son sólo habladurías las que acuden a Heidi y Marco para explicarnos que los adultos nacidos entre los 70 y los 80 están hechos de otra pasta? No exactamente, pero para entenderlo hay que acorarse de Susan Folkman y su acercamiento a la psicología orientada a la salud A esta doctora de la Universidad de California le debemos su estudio sobre ansiedad, estrés y el afrontamiento. Si no te suena haber escuchado la palabra jamás, no estás solo, se trata del conjunto de ideas y experiencias que utilizamos para sobrellevar situaciones límite. A diferencia de lo que pensamos sobre la tristeza que conlleva un duelo, que es algo que sólo superaremos cuando consigamos que pese menos en nuestra cabeza, lo que demostró Folkman es que la tristeza y la felicidad deben aprender a convivir tras una pérdida.
Para aquellas personas que abrazan ese dolor, sin empujarlo hasta el fondo de su mente, sobrellevar ese duelo resulta más fácil. La psicología sumaba a su teoría la idea del afrontamiento anticipatorio. Un planteamiento que mantiene que lo que realmente nos derrumba no es un acontecimiento doloroso, sino uno que sea doloroso e inesperado. Si nuestra mente ha sido capaz de "ensayar" esa situación, de predecirla y enfrentarse a ella antes de que ocurra, el resultado es completamente distinto.
Aquello de "lo que no te mata te hace más fuerte", pero salpimentado con un niño italiano y un mono dibujados en Japón. Resiliencia a base de cliffhangers Todo esto, que desde fuera puede parecer una voltereta mental tan cerca del infoentretenimiento como de la patochada, en realidad lleva siendo objeto de estudio de la psicología desde hace muchísimo tiempo. Keith Oatley y Raymond Mar publicaban sobre ello uno de los estudios más notables sobre cómo la ficción permite a nuestro cerebro anticiparse a todo tipo de situaciones. Como si ver dibujos animados fuese un entrenamiento para la vida que está por llegar.
Su defensa de esa idea mantiene que la ficción es como un simulador de vuelo. Uno más enfocado a la experiencia social y emocional que a aprender a aterrizar un Boehringer 747 con viento de cola en Barajas, pero un simulador al fin y al cabo. Algo capaz de prepararnos para escenarios críticos mientras el cerebro ensaya esa situación y las reacciones provocadas en un entorno seguro. El hecho de estar llorando a moco tendido mientras Simba se acomoda bajo la patita de Mufasa es la prueba que necesitas para entender hasta qué punto nada de esto es una locura. ¿Y con los jóvenes, qué, entonces?
Porque resulta evidente que hay historias de dibujos animados actuales que también suponen un dramón. ¿Por qué la resiliencia de los niños de los 70 y los 80 no es comparable? ¿Vamos a comprar el discurso de que todos los finales que viven son felices cuando sabemos que no es verdad? No, pero sí vamos a volver a colocar sobre la mesa otro factor, el de cómo alguien que vio Perdidos en formato maratón no experimentó la misma serie que quienes tuvieron que esperar meses hasta poder superar sus cliffhangers. Aunque la exposición a aquellos dramas puede ser equivalente, no lo era la incertidumbre de tener que enfrentarse a ese duelo de forma sostenida en el tiempo, de esperar día tras día para ver qué ocurría con la madre de Marco. Esa incomodidad, ahora perdida por la posibilidad de saltar al siguiente capítulo, es lo que según la psicología marca un punto de inflexión.
Aquella necesidad de recomponerse y aguantar hasta el día siguiente también era parte del entrenamiento.