Animales sueltos en las carreteras: un peligro silencioso que sigue cobrando vidas

Animales sueltos en las carreteras: un peligro silencioso que sigue cobrando vidas

Las carreteras de Nicaragua han sido escenario de tragedias ocasionadas por un enemigo inesperado: animales sueltos sobre la vía. Semovientes, caballos y hasta perros aparecen repentinamente en caminos y carreteras, convirtiéndose en una amenaza constante para conductores, motociclistas y pasajeros. Lo que para algunos parece un simple descuido puede terminar en accidentes con consecuencias devastadoras: personas lesionadas, daños materiales considerables y familias de luto. Esto aparece con frecuencia en reportes policiales y noticias locales. - De tu interés: Caballo suelto en la vía provoca grave accidente en la ruta Kukra Rivers – Bluefields El más reciente caso ocurrió en Sabana Grande, donde un motociclista se salvó de morir bajo las llantas de un furgón al esquivar un perro que se cruzó en su camino. “En su mayoría, en la atención de estas emergencias, lamentablemente motociclistas y algunos conductores de vehículos se ven involucrados por esquivar algún semoviente o algún canino, un perro sobre la vía”; dijo el capitán Yasser Rivas, del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Managua.

El peligro de los animales en las vías Durante las horas de la noche y la madrugada, el peligro aumenta. La oscuridad, la poca iluminación en algunos tramos y la velocidad con la que circulan los vehículos reducen considerablemente el tiempo de reacción de los conductores. Un motociclista, por ejemplo, tiene escasas probabilidades de evitar una colisión cuando una vaca o un caballo aparece de forma repentina a pocos metros. Pero detrás de estas tragedias surgen preguntas inevitables: ¿quién responde cuando un animal ocasiona un accidente? ¿Qué contempla la legislación nicaragüense para los propietarios de estos animales? “Si la persona resulta lesionada, el dueño va a responder por el delito de lesiones imprudentes por omisión; y si murió la persona, va a tener que responder por homicidio imprudente.

Es un gran debate en Nicaragua el dolo eventual: si el dueño sabe que tiene un animal peligroso y puede causar un accidente y, aun así, no le importa, entonces podemos hablar de dolo eventual. Las condenas van de uno a cuatro años de prisión”; dijo la Dra. Eddith Tuckler, abogada y notaria. La ley también señala responsabilidad por daños ocasionados a terceros cuando existe negligencia en el control del animal.

La Ley 431 establece, además, el marco legal para la investigación de accidentes de tránsito y la determinación de responsabilidades cuando hay lesionados o fallecidos. Regulaciones de tránsito “Los vehículos de tracción animal involucrados en accidentes son regulados por la Ley 431, y exige que este animal vaya con el conductor debidamente controlado. Si es un animal agresivo, debe ir con su bozal. Insisto con el ganado: al cruzar es importante que anden con su guía”; dijo la Dra.

Tuckler. Asimismo, normas complementarias relacionadas con la seguridad vial prohíben dejar animales sueltos o amarrados con acceso a la vía pública. También prohíben conducir semovientes durante horarios nocturnos debido al riesgo que representan para la circulación vehicular. “Todos estamos expuestos en la vía y los dueños de los animales deberían tener control y precaución con esto”; dijo Darwing Torres, pasajero de una camioneta. “Es importante que tengan control sobre los animales porque representan un riesgo para la vida”; dijo César Lozada, conductor. «Que los amarren» “En los pueblos, que amarren sus perros. Es peligroso; se nos cruza un perro y nos puede matar.

También los que tienen ganado deben evitar que ande en la vía”; dijo el motociclista Rolando García. Mientras tanto, cada accidente deja una realidad difícil de ignorar: detrás de una vaca o un caballo suelto puede haber una familia que pierde a un padre, una madre, un hijo o un amigo. El llamado sigue siendo a la responsabilidad. Mantener los animales asegurados en propiedades cercadas, evitar que transiten libremente y reforzar la vigilancia puede marcar la diferencia entre un viaje seguro y una tragedia inesperada.

Porque en carretera, un segundo basta para apagar una vida para siempre.