En medio de los intentos de Donald Trump por reducir la tensión en las relaciones con China, los aliados tradicionales de Washington en Asia comienzan a plantearse una pregunta cada vez más incómoda: ¿está dispuesto Estados Unidos a seguir garantizando su seguridad en caso de crisis? Mientras la Casa Blanca habla de estabilizar las relaciones con Pekín, en Tokio se escuchan cada vez con más frecuencia duras críticas hacia el gigante asiático. "Piénsenlo. Hay un país que cuenta con un enorme arsenal de armas nucleares y bombarderos estratégicos", declaró el domingo el ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, en un foro sobre seguridad. "Japón no cuenta con ninguna de esas armas. Y, sin embargo, se tilda a Japón de 'nuevo militarismo'. ¿No es extraño?", planteó.
Tokio no solo está endureciendo drásticamente su retórica, sino también está aumentando su poderío militar a un ritmo acelerado, preparándose gradualmente para un mundo en el que tendrá que contar, ante todo, con sus propias fuerzas. Retórica hostil En el mismo evento, el ministro japonés defendió que la región de Indo-Pacífico debe permanecer abierta a los países que compartan "normas y principios comunes", una expresión que en Pekín se suele interpretar como una crítica velada a China. Su homólogo estadounidense, Pete Hegseth, se mostró más comedido al utilizar la frase "estabilidad estratégica constructiva" para describir los lazos de Washington con Pekín, un eslogan que el presidente Xi Jinping propuso durante su reciente cumbre con Donald Trump. Un alto oficial chino, por su parte, respondió con firmeza al ministro japonés. "Dudo profundamente que un país que no ha erradicado por completo el legado tóxico del militarismo esté en condiciones de hablar extensamente sobre la cooperación en materia de defensa en foros internacionales, y de que pueda ganarse la confianza de la comunidad internacional, especialmente de los países asiáticos que invadió en su día", dijo el general de división Meng Xiangqing.
Con la llegada al poder el año pasado de la primera ministra Sanae Takaichi, la retórica antichina de las autoridades japonesas se ha agudizado. Las declaraciones sobre Taiwán son las que más preocupan a Pekín. Hace unos meses, la mandataria afirmó en el Parlamento que el futuro de la isla autónoma china representaba una situación que "amenazaba la supervivencia" del país nipón. Takaichi renunciaba así a la cautela diplomática que Tokio había mantenido durante largos años.
A pesar de las exigencias de China de que se retractara, se negó a hacerlo. De las palabras al rearmamento De hecho, a las declaraciones grandilocuentes de Tokio les siguen medidas muy concretas. En la última década, Japón ha aumentado sistemáticamente su gasto militar. En 2025, el presupuesto de defensa del país superó los 62.000 millones de dólares, lo que representa un aumento de casi el 15 % con respecto al año anterior.
Este año, la inversión podría alcanzar los 66.500 millones de dólares, según indica su plan presupuestario. El Gobierno de Takaichi también tiene previsto aumentar el gasto en defensa del 1 % al 2 % del PIB para el año fiscal 2027-2028, lo que supone un cambio histórico en un país cuya Constitución de posguerra limita sensiblemente la actividad militar. Tokio también aspira a desempeñar un papel más activo en la región. Ya está trabajando para intensificar la cooperación militar, el intercambio de información y la capacitación con países como Filipinas y Australia, al tiempo que ofrece 10.000 millones de dólares en ayuda financiera a las naciones del sudeste asiático para hacer frente al vertiginoso aumento de los precios del crudo, impulsado por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Además, según informó la prensa local en noviembre, la primera ministra está considerando la posibilidad de renunciar a los Tres Principios No Nucleares: no poseer, no producir y no permitir la introducción de armas nucleares en territorio nipón. Estas medidas preocupan no solo a China, sino también a Rusia. "Se está produciendo un avance gradual hacia una mayor militarización de Japón, y este país se aleja cada vez más de aquellos documentos y acuerdos —o, más bien, de los compromisos— que asumió al firmar el Pacto de Rendición. Hoy ya se habla de que Japón cuenta con misiles de alcance medio y corto, del armamento de la flota y, por supuesto, esto no puede dejar de preocupar", advirtió la semana pasada el secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Serguéi Shoigú. Preparándose para vivir sin EE.UU.
Es revelador que este nuevo repunte de la actividad japonesa se haya producido apenas una semana después de la reunión de los ministros de Relaciones Exteriores de la alianza Quad, compuesta por EE.UU., Japón, India y Australia. Creada como un instrumento para contener a China, la alianza ha ido perdiendo gradualmente su impulso inicial en los últimos años: Nueva Delhi no quiere convertir el enfrentamiento con Pekín en el elemento principal de su política exterior, mientras las cumbres de líderes son cada vez menos frecuentes. Las políticas de Trump, quien al mismo tiempo ejerce presión sobre la India e intenta reducir el grado de confrontación con China, han aportado una incertidumbre adicional. La reciente visita del presidente estadounidense a China no ha hecho más que aumentar la inquietud entre los aliados asiáticos de Washington. "Si sus alianzas no contribuyen al objetivo que se han fijado, resulta bastante peligroso seguir agravando las relaciones con Pekín", señaló a RT Maxim Gabrielian, analista del Instituto de Economía y Estrategia Militar Mundial de la Escuela Superior de Economía de Moscú.
En este contexto, Japón está empezando a tomar gradualmente la iniciativa, con el objetivo de afianzarse como el principal rival regional de China. Es precisamente por eso que la actual línea de Tokio no parece ser simplemente otra ronda de retórica antichina. Refleja un proceso mucho más profundo: los aliados de EE.UU. comienzan a plantearse hasta qué punto seguirá siendo confiable el 'paraguas de seguridad' estadounidense en el futuro. Y cuanto más activamente busca Washington formas de coexistir con Pekín, más decididamente se preparan sus socios en Asia para un escenario en el que tendrían que defenderse por sí mismos.