La OCU constata la bajada de precio del seguro de los coches eléctricos, pero hay una razón de peso que todavía los hace más caros que los de combustión

La OCU constata la bajada de precio del seguro de los coches eléctricos, pero hay una razón de peso que todavía los hace más caros que los de combustión

De todos los gastos asociados a cualquier coche, el seguro siempre genera dudas y recelos. De hecho, asegurar un vehículo de cero emisiones supone un esfuerzo notable para el bolsillo respecto al equivalente de combustión. Sin embargo, parece que el panorama está cambiando y que el mercado se va adaptando a la nueva realidad de nuestras carreteras. La brecha de precios se reduce Hace apenas un año, los datos que manejábamos en la industria eran bastante menos alentadores para tu bolsillo.

Llegamos a ver cómo las pólizas para los vehículos eléctricos podían llegar a ser hasta un 48 por ciento más caras que las de sus homólogos de gasolina o diésel. Esa diferencia suponía una barrera importante a la hora de decidirse por la electrificación. Hoy, la situación refleja una tendencia hacia la estabilización de los precios. El último informe publicado por la OCU, correspondiente a este mes de mayo de 2026, arroja luz sobre esta evolución.

Según este estudio basado en el análisis de diversas aseguradoras, el seguro a todo riesgo de un coche eléctrico cuesta hoy un 36 por ciento más de media que el de un modelo de combustión con características y prestaciones similares. Aunque sigue habiendo una diferencia importante, la caída confirma que los costes se están acercando. Si nos fijamos en la modalidad de todo riesgo con franquicia, las cifras muestran aún más la realidad. El precio medio anual para un coche de gasolina se sitúa en unos 423 euros, mientras que para un modelo 100 % eléctrico ronda los 543 euros.

Los híbridos se quedan en un punto intermedio, con 466 euros para los autorrecargables y 491 euros para los enchufables, demostrando que la electrificación penaliza cada vez menos en el recibo. El motivo detrás del sobrecoste sigue siendo el mismo Con los datos sobre la mesa, es normal preguntarse por qué sigue costando mucho más asegurar el coche si la tecnología eléctrica ya está asentada. Aquí es donde entra en juego el gran pero de esta historia: La batería pasa factura en el cálculo de riesgos de cualquier compañía, convirtiéndose en el elemento diferencial a la hora de fijar la cuota. Ante un siniestro, incluso si el impacto estructural externo no parece grave, cualquier daño que comprometa la integridad de las celdas de la batería puede obligar a sustituir el conjunto por completo.

Este riesgo de tener que afrontar una reparación tan elevada obliga a las aseguradoras a cubrirse las espaldas, incrementando de forma preventiva el precio de la prima anual. Un futuro prometedor a medio plazo A pesar de este obstáculo, la tendencia que marcan los datos invita al optimismo. A medida que el parque eléctrico crece y la red de talleres se especializa, los procesos de reparación de baterías se están abaratando y simplificando. Esto significa que ese margen del 36 por ciento seguirá bajando en los próximos años hasta el momento en el que asegurar un coche eléctrico cueste lo mismo que uno tradicional.

Mientras tanto, lo más inteligente es analizar las coberturas que ofrece cada compañía. Ya hay aseguradoras que incluyen cláusulas específicas para proteger la batería sin aplicar depreciación por antigüedad o desgaste, garantizando su reemplazo en caso de siniestro. Conocer estos detalles te permitirá proteger tu inversión sin pagar de más, aprovechando un mercado que, por fin, empieza a normalizar de forma definitiva la convivencia entre los enchufes y los surtidores clásicos.