Los coches eléctricos de segunda mano ya cuestan lo mismo que los de combustión, pero hay 3 obstáculos que deben superar para convencer al comprador

Los coches eléctricos de segunda mano ya cuestan lo mismo que los de combustión, pero hay 3 obstáculos que deben superar para convencer al comprador

El mercado de coches eléctricos usados está ganando peso de forma progresiva dentro del sector. La explicación no se encuentra únicamente en el precio de los combustibles, sino en una combinación de factores: cada vez llegan al mercado de segunda mano más unidades con autonomías competitivas, mejores capacidades de carga y precios más ajustados que hace unos años. Aunque el análisis de DAT del que os vamos a hablar se centra en el mercado alemán, sus conclusiones permiten observar una tendencia que también resulta relevante para el conjunto del mercado europeo. El coche eléctrico nuevo sigue manteniendo precios elevados para una parte importante de los compradores, mientras que el vehículo eléctrico usado empieza a consolidarse como una vía de acceso más asequible.

Sin embargo, la reducción del precio no elimina todas las dudas asociadas a este tipo de compra. El precio empieza a favorecer al coche eléctrico usado Muchos vehículos eléctricos procedentes de renting o leasing están regresando al mercado tras haber sufrido una depreciación considerable durante sus primeros años de uso. Esta pérdida de valor supone un problema para quienes los adquirieron nuevos, pero puede convertirse en una oportunidad para el comprador de ocasión, que encuentra unidades eléctricas a precios claramente inferiores a los de un modelo nuevo. Según DAT, algunos eléctricos usados ya se sitúan en niveles de precio similares a los de modelos de combustión equivalentes, e incluso por debajo en determinados casos.

Y este cambio resulta especialmente relevante, porque el precio de compra ha sido tradicionalmente una de las principales barreras para la adopción del vehículo eléctrico. El precio del combustible influye, pero no determina la compra El encarecimiento de la gasolina y el diésel puede aumentar el interés por alternativas de movilidad, pero no implica necesariamente una transición inmediata hacia el coche eléctrico. Parte de los conductores reduce el uso del vehículo, recurre más al transporte público o reorganiza sus desplazamientos, mientras que quienes dependen del coche a diario suelen necesitar más certezas antes de cambiar de tecnología al 100% para dejar lo anterior atrás. La compra de un vehículo sigue siendo una decisión económica importante.

En el caso de un eléctrico, además del precio, entran en juego cuestiones como la disponibilidad de puntos de carga, el coste real de la recarga, la autonomía en condiciones de uso cotidiano o la compatibilidad con las necesidades de movilidad de cada comprador. Por ello, los combustibles caros pueden actuar como incentivo, pero no convierten automáticamente al eléctrico en la opción mayoritaria. El estado de la batería sigue siendo una de las principales dudas En el mercado de ocasión eléctrico, el estado de la batería es uno de los factores más determinantes junto al precio. Los compradores necesitan conocer cuánta capacidad conserva, cómo ha evolucionado con el uso y si la autonomía disponible seguirá siendo suficiente durante los próximos años.

En este contexto, el estado de salud de la batería, conocido como SoH, gana cada vez más importancia, aunque todavía falta un sistema común, claro y ampliamente aceptado para medirlo y comunicarlo. También influye el valor de reventa y es que, por suerte o por desgracia, la tecnología avanza con rapidez y un eléctrico de tres o cuatro años puede resultar menos atractivo frente a modelos nuevos con mayor autonomía, consumos más bajos o tiempos de carga más reducidos. Esta depreciación afecta al primer propietario, pero al mismo tiempo alimenta el mercado de segunda mano con precios más competitivos. Otro de los grandes filtros continúa siendo la infraestructura de carga.

Los usuarios con posibilidad de cargar en casa parten con una ventaja evidente, mientras que quienes viven de alquiler, no disponen de garaje o dependen de cargadores públicos se enfrentan a más dificultades y, entre ellas, se encuentran la necesidad de utilizar varias aplicaciones, la falta de claridad en algunos precios o la convivencia de numerosos operadores. En conjunto, el coche eléctrico usado cuenta con una oportunidad importante de crecimiento, pero su desarrollo dependerá en buena medida de la transparencia. Una información clara sobre el estado de la batería, el coste de uso y la adecuación del vehículo a cada necesidad puede ser decisiva para que el mercado de segunda mano actúe como vía de entrada al vehículo eléctrico para un mayor número de compradores.