Amos del Universo sorprende con una aventura fantástica, campy y divertida

Amos del Universo sorprende con una aventura fantástica, campy y divertida

Durante años, Amos del Universo parecía una de esas propiedades condenadas a vivir más en la nostalgia que en el presente. Mientras Hollywood seguía exprimiendo franquicias de los 80, 90 y 2000 con nuevas versiones live-action, secuelas tardías y reboots multimillonarios, He-Man y compañía seguían atrapados en un limbo extraño. El recuerdo de la película de 1987 con Dolph Lundgren no ayudaba demasiado, y los múltiples intentos por revivir la franquicia terminaron convirtiéndose en parte de esa larga lista de proyectos que parecían nunca despegar. Por eso resulta tan llamativo que Amos del Universo no solo llegue por fin a la pantalla grande con una nueva adaptación, sino que además lo haga con una película que entiende muy bien cuál era su mayor reto: aceptar la naturaleza ridícula, exagerada y colorida del material original.

Esta no es una franquicia que funcione si intenta esconder su ADN caricaturesco. Sus nombres, sus diseños, sus villanos y buena parte de su mitología están construidos desde una lógica pulp, fantástica y un tanto absurda. Y en vez de pelearse con eso, la nueva cinta dirigida por Travis Knight decide abrazarlo. El resultado es una aventura de fantasía que por momentos puede sentirse derivativa, sí, pero que también tiene suficiente corazón, identidad visual y carisma para ganarse a públicos nuevos y viejos por igual.

Amos del Universo no reinventa el blockbuster, pero sí consigue algo que parecía complicado: hacer que He-Man vuelva a sentirse vigente sin traicionar del todo lo que lo hizo memorable. Amos del Universo, punto por punto Amos del Universo entiende que su rareza era su mayor fortaleza Uno de los mayores aciertos de Amos del Universo está en cómo maneja el tono. Desde hace años, muchas adaptaciones de propiedades clásicas cayeron en la tentación de “aterrizar” demasiado sus universos, como si tuvieran vergüenza de su origen. Aquí no ocurre eso.

La película no intenta disimular lo ridículo de tener personajes llamados Evil-Lyn, Ram-Man o Fisto. Tampoco quiere convertir Eternia en un mundo frío, cínico o hiperrealista solo para parecer más “seria”. En cambio, la cinta encuentra un balance bastante efectivo entre el guiño autoconsciente y una historia de aventura genuinamente comprometida con sus personajes. Sí, sabe que hay algo inherentemente camp en esta franquicia.

Sí, reconoce que parte de su encanto está en esa teatralidad colorida y exagerada. Pero al mismo tiempo no convierte todo en una parodia. Eso es muy importante, porque le permite conservar la diversión del material original sin vaciarlo de emoción. Esa mezcla entre fantasía bombástica, humor ligero y sinceridad emocional es lo que mantiene a Amos del Universo en pie incluso cuando pisa terrenos más familiares.

No pretende burlarse de He-Man; quiere demostrar que todavía puede funcionar como héroe dentro de un relato contemporáneo. Y en buena medida lo logra. Nicholas Galitzine es un He-Man más humano Buena parte de ese éxito se debe al trabajo de Nicholas Galitzine como Prince Adam. En lugar de construirlo solo como el típico héroe musculoso e invencible, la película apuesta por darle una vulnerabilidad que lo vuelve mucho más accesible.

Cuando lo conocemos, Adam es un personaje torpe, bien intencionado, algo perdido y claramente lejos de ser el guerrero perfecto que el imaginario popular asocia con He-Man. Eso le da a Amos del Universo una dimensión interesante. La película no niega la parte física del personaje —de hecho, la explota visualmente varias veces—, pero también deja claro que su verdadero valor está en otro lado. Lo que convierte a Adam en héroe no son solo sus músculos, sino su capacidad para hacer lo correcto, su empatía y su humanidad.

Y ese matiz moderniza bastante bien la figura de He-Man sin destruirla. En un momento donde muchas franquicias siguen atrapadas en modelos de masculinidad más anticuados o unidimensionales, Amos del Universo intenta replantear a su protagonista de una manera más emocional. No es una revolución radical, pero sí un ajuste inteligente. He-Man sigue siendo poderoso, sigue siendo imponente, sigue siendo un ícono físico, pero ahora también tiene una dulzura y una calidez que le dan más profundidad.

Ese trabajo de Galitzine ayuda mucho a que la película se sienta menos derivativa de lo que realmente es. Porque sí, hay rastros de Superman, Captain America, Star Wars e incluso The Lord of the Rings flotando por toda la cinta, pero la energía de su protagonista le da un centro bastante propio. Eternia, Skeletor y un elenco muy atractivo Si algo necesitaba esta adaptación era lograr que Eternia se sintiera como un mundo vivo, encantador y digno de explorarse. Y en eso la película también sale bastante bien librada.

Más allá de la trama, que sigue una estructura bastante clara de viaje del héroe, lo que de verdad ayuda a levantar la experiencia es el conjunto de personajes y el modo en que todos contribuyen a expandir este universo. Idris Elba destaca bastante como Duncan, funcionando como un contraste muy útil para Adam y aportando una capa emocional que quizá algunos no esperaban. Su interpretación tiene el peso y la rudeza necesarias, pero también deja ver las grietas internas del personaje. En una película donde todo puede volverse excesivo con facilidad, su presencia ayuda a dar cierta gravedad.

Por otro lado, Jared Leto como Skeletor parece entender perfectamente la tarea. La crítica base resalta que su interpretación abraza lo camp y la exageración del villano sin complejos, y eso parece ser justo lo que el personaje necesitaba. Skeletor no funciona cuando intentan volverlo completamente sobrio o intimidante en un sentido convencional. Aquí la apuesta pasa por dejarlo ser teatral, ridículo, perverso y hasta memeable, pero sin que pierda su amenaza dentro de la historia.

Eso sí, no todos los antagonistas salen igual de beneficiados. Allison Brie como Evil-Lyn cumple, pero parece cargar con una de las contradicciones del proyecto: intentar equilibrar una estética más caricaturesca con un tono algo más realista. Esa tensión provoca que algunos personajes funcionen mejor que otros. Aun así, el balance general del elenco es positivo.

Camila Mendes como Teela, Morena Baccarin como la Sorceress y el resto del reparto ayudan a que Amos del Universo tenga suficiente densidad humana y fantástica como para no quedarse solo en la superficie de su marca. Amos del Universo tropieza cuando se siente demasiado familiar Ahora bien, que la película funcione no significa que sea perfecta. Uno de los señalamientos más claros de la crítica es que Amos del Universo se siente derivativa en varios momentos. Y es fácil entender por qué.

Su estructura, algunos arcos de personaje y varias de sus dinámicas narrativas remiten a fórmulas ya muy conocidas del blockbuster fantástico y superheroico. Eso no necesariamente la arruina, pero sí impide que alcance una identidad completamente única. Hay ocasiones donde parece seguir rutas demasiado transitadas, como si prefiriera jugar a lo seguro antes que arriesgarse un poco más con su propio potencial. En otras palabras, la cinta confía mucho en el atractivo de su universo y de sus personajes, pero no siempre encuentra una historia igual de distintiva para acompañarlos.

También hay una sensación de que algunos personajes quedan algo subordinados al recorrido de Adam de una forma previsible. Aunque Teela es presentada como más capaz en varios apartados, la película sigue ciertas inercias del género que la colocan en posiciones conocidas. No es un problema devastador, pero sí uno visible. Sin embargo, aquí es donde entra en juego el encanto del conjunto.

Amos del Universo puede ser familiar, sí, pero también sabe vender muy bien esa familiaridad a través de su diseño, su energía y su tono. No está reinventando el cine de fantasía, pero tampoco necesita hacerlo para ser disfrutable. ¿Deberías ir a ver Amos del Universo? Al final, lo que mejor define a Amos del Universo es que entiende muy bien qué tipo de experiencia quiere ofrecer. Esta no es una película interesada en deconstruir el mito, en oscurecerlo todo o en disfrazarse de algo que no es.

Es una aventura de verano, grande, ruidosa, emocional y bastante sincera en su amor por la fantasía heroica. Sus escenas de acción, su balance entre CGI y efectos prácticos, sus mensajes de esperanza y de hacer lo correcto, así como su disposición a ser divertida sin pedir disculpas, hacen que la película tenga una presencia muy clara dentro del panorama actual. Y quizá eso sea lo más valioso de todo: en una época donde tantos blockbusters parecen desesperados por encajar en un molde, Amos del Universo se permite ser una película extraña, colorida y orgullosamente pulp. No todo sale perfecto.

Hay préstamos narrativos demasiado evidentes, algunos personajes funcionan mejor que otros y la historia no siempre evita caminos previsibles. Pero incluso con esos tropiezos, la cinta logra algo que parecía muy difícil: hacer que He-Man vuelva a sentirse como un héroe con lugar en la cultura pop contemporánea. Amos del Universo no solo revive una franquicia. También demuestra que a veces la mejor forma de modernizar un clásico no es esconder su rareza, sino entender que ahí estaba su verdadero poder.

Y mientras mantenga ese espíritu, Eternia todavía tiene mucho que ofrecer. No te pierdas de esta y otras críticas suscribiéndote a nuestro feed de Google News.