El mejor de la historia

El mejor de la historia

Juan Antonio Samaranch ha sido el mejor dirigente deportivo de la historia. En 1980 accedió a la presidencia del Comité Olímpico Internacional (COI) y modificó unas estructuras caducas y unos criterios anclados en el pasado. Samaranch reconoció el profesionalismo, debió afrontar en su primer mandato dos boicots olímpicos: de EE.UU. a URSS y de URSS a EE.UU. en Moscú y Los Ángeles. Rompió con el falso amateurismo del Barón de Coubertin y luchó siempre contra el aparato anglosajón que se quedó sin poder mientras el trío latino (Samaranch, Havelange, Nebiolo) dominó el deporte mundial.

A Samaranch se le ha acusado de muchas cosas, pero fue siempre por encima de todo un hombre del deporte. Catalunya y España se beneficiaron como nunca de su presidencia. Los JJ.OO. del 92, que trajo él de forma bastante personal, representaron un antes y un después del deporte español. No solo lo demuestran las medallas olímpicas, sino que las empresas entendieron que asociarse con el deporte era invertir en buenos valores, proximidad, popularidad y audiencias.

Se dieron cuenta de que había retorno. Samaranch fue quien proyectó a los JJ.OO. como el mayor acontecimiento mundial del deporte. Fue el primero en entender la prioridad de la comunicación. Viajaba a menudo con un teletipo y siempre preguntaba cuántos periodistas irían a los próximos Juegos.

Consideró primordial la información como un arma para desarrollar el deporte y los propios Juegos. Cuando algún patrocinador se acercaba al COI para esponsorizar los Juegos, Samaranch le decía que debería gastarse una cantidad fuerte para el patrocinio de marca, pero que debía gastarse el mismo dinero para que la gente lo supiera y sacar provecho de la visualización. En general se ha sido muy injusto con la figura de Samaranch y el homenaje de ayer en Barcelona fue un tanto reparador para un personaje que lideró con inteligencia el mundo del deporte en momentos muy difíciles (se fue de embajador a Moscú para obtener el apoyo de los países soviéticos) y ha sido mucho más reconocido fuera que en su propio país. Pero su legado todavía es visible.