Masters del Universo es mala con todas las letras de Eternia, y por eso funciona. Me ha encantado y estoy deseando verla otra vez

Masters del Universo es mala con todas las letras de Eternia, y por eso funciona. Me ha encantado y estoy deseando verla otra vez

Es estúpida. Es ridícula. Está dirigida regulinchi, los diálogos son tontísimos y los actores, malísimos. Y me ha encantado.

Todo verdades como puños de metal de tamaño desproporcionado. Masters del Universo ha entendido lo que no entendió (o no pudo entender) la peli de los años 80: que el poder de Masters del Universo es la fantasía y la diversión. No hay aquí ninguna ambición de prestigio, ningún intento de hacernos creer que detrás de un musculitos rubio que grita "tengo el poder" se esconde una tragedia shakesperiana (aunque sí haya un poco de eso), y se agradece muchísimo que alguien haya tenido por fin la honestidad de asumirlo. La dirige Travis Knight, que viene de LAIKA y de devolverle la dignidad a Transformers con aquella estupenda Bumblebee, pero que aquí trabaja demostrando un fan que jugaba a esto de crío y que conoce el material al dedillo.

El guion lo firma Chris Butler tras un desarrollo eterno de borradores y directores que han ido entrando y saliendo durante más de una década. En el reparto, Nicholas Galitzine se enfunda la espada del Poder como el príncipe Adam, Jared Leto se esconde bajo el cráneo de Skeletor e Idris Elba presta su gravedad a Duncan, Man-At-Arms, con Camila Mendes como Teela, Alison Brie como Evil-Lyn y Morena Baccarin como La Hechicera. Es el mejor ejemplo reciente de fanservice bien hecho que he visto El argumento es de manual ochentero del bueno, y prácticamente lo de menos: tras quince años separado de su mundo, la Espada del Poder arrastra a Adam de vuelta al planeta Eternia, destruído bajo el yugo de Skeletor, y al chaval no le queda otra que aceptar quién es de verdad. La estrena Amazon MGM y llega a los cines españoles el 5 de junio.

Lo primero que tengo que reconocer es que todas mis dudas, que no eran pocas, sobre cómo encajan las correrías de Adam en nuestro planeta quedaron disipadas en apenas unos minutos de metraje, y es que el trauma de la adaptación de los años 80 todavía me pesa. Hace unos años Barbie demostró una cosa que parecía imposible: que se podía hacer una película partiendo de un juguete de plástico sin que el resultado oliera a publicidad, y que el público estaba dispuesto a pagar entrada por reencontrarse con los iconos de su infancia si se les trataba con cariño y un poco de cabeza, a pesar del desgaste de otras licencias de la época como G.I. Joe. ¿Era Barbie una excepción por ser un icono cultural que ha logrado dejar atrás su origen jueguetes? Aquel éxito abrió una puerta por la que ya habían cruzado los Transformers y las Tortugas Ninja, esas otras criaturas nacidas en aquella época en la que un niño podía tener la estantería llena de muñecos articulados y la cabeza llena de planetas imposibles.

Masters del Universo toma ahora ese relevo y lo hace además desde el material original más descaradamente comercial de todos, porque conviene recordar que esto nació al revés que casi cualquier otra ficción: primero existieron los muñecos y después la historia que justificaba venderlos. Esa inversión, que en su momento fue pura estrategia de fábrica, es justamente lo que le da a la franquicia su libertad absoluta para inventar lo que le dé la gana. Y la película lo sabe, lo abraza y te lo lanza a la cara con una mezcla de ternura y gamberrismo de lo más desconcertante. Lo curioso es que ese revival afectivo de las licencias ochenteras funciona porque no apela solo al niño que fuimos.

Masters del Universo hace una cosa muy inteligente: proyectar la experiencia del fan de Masters que tiene que lidiar con una vida de adulto, con trabajo e hipoteca, donde nadie entiende que pueda encontrar refugio, paz y felicidad en espadas mágicas y guerreros del espacio, en el propio protagonista. Por eso Barbie conectó, y por eso este He-Man tiene delante un terreno abonado que no existía hace quince años. La diferencia es que aquí el objeto de culto es todavía más extremo en su falta de complejos, de la misma manera que la peli de Barbie supo juga con la estética y el fetichismo de los juguetes para articular un mensaje que caló con muchísima fuerza entre el público. Me alegra que el fenómenos se repita, esta vez dirigido a otro público, y que donde otras franquicias intentan disimular su origen jugueteril, esta lo lleva como una medalla.

Ni Guardianes de la Galaxia ni Superman: Flash Gordon Es fácil mirar esta película y pensar en Guardianes de la Galaxia o en el reciente Superman de James Gunn, que parecen los referentes inmediatos por eso de la space opera colorida y el chascarrillo rápido. Pero lo que Masters del Universo tiene en las venas no son esas películas, sino algo que esas películas también llevan dentro y que se remonta mucho más atrás, al cine contemporáneo al nacimiento mismo de la franquicia. El gran referente, el que de verdad explica el tono, es aquella Flash Gordon de cartón piedra, purpurina y heroísmo de tebeo que hoy seguimos queriendo precisamente porque nunca quiso parecer otra cosa. Ese es el espíritu que aquí se rescata: el del pulp espacial que se toma en serio su falta de seriedad.

Frente a He-Man tenemos a un Skeletor al que poco le falta para arrancarse a cantar y bailar, y no pasa absolutamente nada Y mucho de eso tiene que ver con la música, así me toca ponerse un poco técnico. La banda sonora la firma Daniel Pemberton, que la describe como la más desatada de su carrera, pero la jugada maestra es que la película se permite soltar nada menos que el tremendísimo Princes of the Universe de Queen, con su guiño incluido a aquella saga del escocés que no podía morir. Y para cerrar el círculo ha vuelto a las cuerdas el propio Brian May, que en una entrevista ha confirmado que su mítica Red Special suena por toda la película. No es casualidad: May es el hombre que compuso el epiquísimo tema principal de aquella Flash Gordon hace más de cuatro décadas y el que firmó el de Los Inmortales, el mencionado Princes of the Universe, de modo que su guitarra es un hilo conductor tanto narrativo, como emocional y metatextual.

Muy loco. Cuando la banda sonora de Masters arranca con ese riff inconfundible, sabes exactamente en qué tradición te han metido. Y sí, también suena el tema clásico, y te va a encantar. Un anuncio de juguetes de dos horas que no se avergüenza de serlo Es un tren interminable de memes que va desde los debates de bar y de foro que has mantenido con tus amigos durante décadas sobre la mitología MOTU hasta todo aquello que dabas por descontado que no iba a salir en esta película y que, contra todo pronóstico, acaba saliendo.

Si en algún momento de tu vida discutiste si tal personaje cabía o no en una historia así, la película parece haberte estado escuchando. Es el mejor ejemplo reciente de fanservice bien hecho que he visto, con referencias muy oscuras tanto a los dibujos animados (¡de todas las épocas, clásicos y modernos!) como a los propios juguetes, de esas que solo cazas si llevas el carné de socio del Club Masters desde hace cuarenta años en la cartera y sabes qué es lo que pasa cuando se habla de la relación que hay entre Zoar y La Hechicera. Da igual que la cosa sea, en el fondo, un anuncio larguísimo para vender muñecos a cholón. Lo asume sin pestañear, y esa falta de vergüenza es exactamente su mejor virtud.

Como os decía, el homenaje no se queda en los dibujos. Hay más de un guiño a la película de los años 80, aquella de Dolph Lundgren que tantos llevamos grabada a fuego con todos sus defectos Pero me parece interesante destacar ese diálogo constante entre la pantalla, la juguetería y la memoria es lo que separa a esta película de cualquier otra adaptación del montón. ¿quiere comprarme la nueva figura de Trap-Jaw, aunque tenga ya media estantería llena? Pues sí. Misión cumplida.

Ya que estoy, también me gustaría llevarme a casa una réplica de la Espada del Poder, por favor y gracias. ¿Todo esto rechina con ciertas posturas morales personales y con lo que yo creo que es o no es cine? Pues también, pero al final todo se reduce, como tantas cosas en la vida, a si algo te da más de lo que te quite, así te hace feliz o no. Y la pelis de Masters del Universo me ha dado mucho y me ha hecho feliz. Es posible que también me compre un He-Man con su Battlecat.

Adam es un cacho carne con ojos, y así debe ser El bueno de Adam es prácticamente un cacho de carne con ojos, pero también un cacho de pan, y la verdad es que ha sabido ganarse mi corazón aunque esté muy lejos del He-Man mental que durante décadas he mantenido vivo en mi cabeza. No es ni lejos un gran héroe ni un líder carismático. Lo comprendo, eso sí, porque esto es una primera aventura, una historia de origen, en realidad el primer capítulo perdido de aquella serie de dibujos animados de los 80 que nunca llegamos a ver. Y ahí es donde la película hace otra jugada que me ha parecido interesantísima.

Y es que si antes os decía que la trama proyecta al fan veterano en Adam y su nostalgia, en He-Man se proyecta la del niño que está viendo la pelo en 2026. He-Man no es solo el héroe; es el espejo de quien lo está mirando desde la butaca, alguien que quiere crecer, ser fuerte, ser un buen tipo, que sus padres estén orgullosos de él, amigos molones, gustarle a las chicas, explorar, crecer. Y un tigre verde gigante que habla. Lo del tigre, por lo que sea, es importante.

La tontería de Masters del Universo es auténtica, y no impostada como en otras películas, y de ahí que me funcione La crítica a este peli no podría pasar sin mencionar a los villanos, que siempre he creído que es lo que más mola de la mitología MOTU. Frente a He-Man tenemos a un Skeletor al que poco le falta para arrancarse a cantar y bailar, y no pasa absolutamente nada. Entre tener un Jared Leto muy intenso convertido en un personaje completamente histriónico de CGI, prefiero mil veces esta locura exagerada de villano de opereta, que sabe perfectamente en qué película está y que se ríe cada dos por tres con el "mia-jia-jia-jia" de los dibujos animaos y que en realidad, solo es malo porque es el villano. ¿Qué más explicación necesitas? Tiene una calavera en lugar de cara.

Puede ser un prejuicio muy superficial, pero… Una calavera con ojos rojos que brillan. Es el malo, puto pelota. Lo mismo vale para el resto del catálogo: Beast-Man da auténtico miedo, el Roboto de Kristen Wiig es divertidísimo y Trap-Jaw vuelve a ser, como siempre lo fue, mi figura preferida del universo MOTU entero. De poco importa que nada de esto tenga demasiado sentido, porque por si acaso la película se molesta en explicártelo, aunque la explicación sea la que te daría un crío de ocho años. ¿Es Ram-Man un nombre ridículo?

Sí, ¿y qué? Todo es tan tonto, pero a la vez, tan cercno y amable, que el candor infantil lobra imponerse a cualquier imposición lógica. La tontería de Masters del Universo es auténtica, y no impostada como en otras películas, y de ahí que me funcione donde otras me parece que me quieren tomar el pelo. Mi único miedo era el discursito, y la película sabe esquivarlo Tal vez se pase de frenada en algún momento con un par de chistes de cuñado terriblemente trasnochados, de esos de pura vergüenza ajena.

Pero mi peor miedo no eran los chistes tontos. Mi peor miedo era que la película tratara de colarle a la chavalada, y a sus mayores, un caduco discurso sobre el hombre blanco CIS normativo que ve cómo su mundo imaginario pierde terreno frente a un avance social que incluye a todos. Parte de la culpa la tiene la campaña promocional, que jugó la carta de "en los 80 las cosas eran distintas”, que lo eran pero que se podría confundir fácilmente con un "antes todo era mejor”, y no. aunque tal vez los tomates sabía más a tomate. da igual, el caso es que justo cuando esa idea de señoro contra el nuevo mundo empieza a asomar la patita, la película sabe darle la vuelta, y si no lo hace con elegancia, sí lo hace con efectividad. Hay que ser honesto y decir que esto es exactamente lo que es: una obra que tenía todas las papeletas para tropezar ahí y que, contra pronóstico, encuentra una digna solución.

Tal vez por estrategia, tal vez por instinto, tal vez por puro cariño, la película siempre acaba sabiendo de qué lado caer Porque al final todo se reduce a un equilibrio endiabladamente difícil, el de hablarle a la vez al niño de ocho años y al señor de cuarenta sin traicionar a ninguno de los dos. Y aquí es donde la comparación se vuelve inevitable: otras producciones recientes con la misma vocación, como The Mandalorian & Grogu, no terminan de lograr ese cruce y se quedan un poco a medio camino apostando más por el público que objetivamente está más en edad de jugar con figuras de acción (y no pasa nada, Star Wars es y siempre será, primero, para niños de 12 años, todo lo que puedas sacar de más de esa experiencia es genial y eso que te llevas). El caso es que lo que hace Masters del Universo es algo más sencillo y más valiente: perder cualquier pretensión de dignidad y asumir lo que es sin asomo de vergüenza. Las decisiones más discutibles encuentran su explicación o bien en la propia trama, o bien en los rincones más oscuros de la historia de Eternia.

Tal vez por estrategia, tal vez por instinto, tal vez por puro cariño, la película siempre acaba sabiendo de qué lado caer. No esperes una epopeya de dientes apretados: esto es la fantasía de un niño Si esperabas una epopeya espacial muy seria, de dientes apretados y héroes de mirada intensa, pues no, esta película no es nada de eso, y ni falta que le hace. Todo se reduce a darle forma a la fantasía de un niño que sueña con ser un héroe musculoso que cabalga sobre un enorme tigre verde en busca de aventuras, y resulta que esa fantasía sigue funcionando igual de bien que hace 40 años. Me parece estupendo que Travis Knight haya sabido captar tan bien el espíritu de lo que realmente es Masters del Universo precisamente riéndose de toda su colorida absurdidad. ¿Qué más da que la película sea, objetivamente, muy mala, si es un espectáculo lleno de persecuciones, peleas, peligros y aventuras que te revuelven a tu infancia?

Por encima de todo eso, esta película me ha dado mucho, muchísimo más de lo que yo esperaba. Me he acordado de mis padres, de mis abuelos, de mi pobre tía Isabe. Me ha hecho monumentalmente feliz, y me ha mantenido sonriendo durante dos horas y pico largas sin desfallecer ni un solo instante. Hay cosas que uno no sabe que necesitaba recuperar hasta que se las ponen delante con un riff de Brian May de fondo.

Esta película es la mejor tontería que me ha pasado en mucho tiempo. ¿Y tú qué opinas? ¿Le tienes ganas a Masters del Universo? ¿La has visto ya y te ha entusiasmado, o no es lo que esperabas y te ha decepcionado? Puedes unirte al servidor de Discord de 3DJuegos y compartir tu opinión con otros fans. En 3DJuegos | No me puedo creer que se hayan atrevido a promocionar la nueva peli de Masters del Universo precisamente con este meme En 3DJuegos | El primer He-Man no era rubio, llevaba un casco ridículo, y se ha colado en el tráiler de Masters del Universo