Bloomberg Línea — En un momento en que la inteligencia artificial generativa marca el ritmo de las valoraciones de mercado a nivel mundial, Brasil enfrenta un desafío crucial: acelerar sus inversiones en infraestructura informática para no quedarse atrás en el tren de la nueva era tecnológica. Sin embargo, la lentitud en la regulación e implementación de políticas públicas en el país ha frenado considerablemente el desarrollo de empresas de alto rendimiento. Este es el análisis de Márcio Aguiar, director de la División Empresarial de Nvidia para Latinoamérica. El Plan Brasileño de Inteligencia Artificial (PBIA) y el programa Redata (Régimen Especial de Incentivos para la Computación en la Nube y Centros de Datos) permanecen estancados en las negociaciones en Brasilia.
Ver más: CEO de Nvidia promete retornos “demenciales” de la IA ante grandes inversionistas El ejecutivo, que lidera las operaciones comerciales de la empresa cuyos semiconductores se han convertido en el motor de la revolución de la IA a nivel mundial, detalla que, si bien Brasil, junto con México, lidera el volumen de la región, economías más pequeñas han demostrado mayor agilidad regulatoria para atraer inversiones y retener talento humano de primer nivel, como Chile, Uruguay, El Salvador, Costa Rica, Ecuador, República Dominicana y Colombia. “En gran medida, se debe a la burocracia. Son países más pequeños, es cierto, pero hoy en día, cuando hablamos de tecnología, cuanta más agilidad, mejor”, afirma el ejecutivo, quien trabaja en la empresa desde 2010. Según Aguiar, Brasil cuenta con iniciativas importantes, pero se ven obstaculizadas por problemas regulatorios y demoran la toma de decisiones estratégicas. Esta demora ya está teniendo consecuencias negativas, como la fuga de talento, el aplazamiento de inversiones privadas y la pérdida de competitividad frente a sus vecinos latinoamericanos. “Estamos perdiendo la oportunidad de subirnos a este tren que ya está pasando”, declaró Aguiar en una entrevista con Bloomberg Línea. “La tecnología evoluciona tan rápidamente que cada mes o dos de retraso nos coloca en una nueva era de inteligencia artificial”.
El costo de oportunidad del estancamiento regulatorio Las pérdidas derivadas de la paralización de Redata y PBIA no son proyecciones futuras, sino que ya se reflejan en el balance actual del ecosistema. El plan nacional de IA se anunció en julio de 2024 con la proyección de atraer R$ 23 mil millones en inversiones para 2028. Casi dos años después, el mercado aún no ha visto materializarse la infraestructura pública inicial que constituye un hito para el desarrollo de la investigación aplicada. Redata, creado mediante una Medida Provisional, expiró en el Senado Federal tras su aprobación en la Cámara de Diputados.
El programa contemplaba la suspensión de impuestos federales por hasta cinco años para la compra de maquinaria, equipos y componentes tecnológicos, a cambio de compromisos de las empresas con inversiones productivas, sostenibilidad y expansión de la capacidad tecnológica instalada en el país. Actualmente, el proyecto de ley se encuentra en trámite. Según datos del Ministerio de Minas y Energía, las solicitudes de conexión para nuevos proyectos de centros de datos aumentaron un 330% entre 2024 y 2025. En diciembre de 2025, la agencia registró una demanda solicitada de 28,5 GW para proyectos planificados hasta 2038.
El país cuenta actualmente con alrededor de 205 centros de datos, tanto en operación como en construcción, con una inversión estimada superior a los R$114.500 millones. Ver más: Nvidia, China y la escasez de chips: las claves que marcan Computex 2026 El principal impacto de esta inercia en el avance de los proyectos, según el ejecutivo de Nvidia, es la pérdida del capital humano más valioso del sector. Sin proyectos locales sólidos, los científicos de datos, los ingenieros de aprendizaje automático y los investigadores de alto rendimiento terminan emigrando en busca de oportunidades en el extranjero. La falta de incentivos fiscales claros también genera un fenómeno de “arbitraje geográfico” por parte de las empresas privadas brasileñas.
Dada la incertidumbre sobre cuándo se implementarán los incentivos fiscales de Redata, las grandes empresas optan por destinar sus inversiones en capacidad de computación fuera del país, accediendo a la infraestructura en la nube de forma remota. Dependencia tecnológica externa Esto implica mantener al país estrictamente como consumidor de soluciones prefabricadas, en lugar de producir tecnología de vanguardia, un patrón estructural que se repite en toda Latinoamérica. Para el mercado, esta dinámica limita la creación de propiedad intelectual local y mantiene a las empresas dependientes de las fluctuaciones de costos de los proveedores globales. Este movimiento debilita la recaudación tributaria interna a largo plazo y reduce la creación de empleos técnicos de alto valor agregado a nivel local. “Hemos visto que los países que han instalado o están instalando toda esta infraestructura están generando nuevos empleos, aumentando el PIB, los ingresos fiscales y demás”, afirma Aguiar, describiendo el proceso virtuoso observado en otros mercados globales.
Según el ejecutivo, la aprobación de proyectos de incentivo como Redata abriría uno de los mejores escenarios posibles para el país, frecuentemente citado por los analistas como uno de los destinos más adecuados del mundo para recibir inversiones en centros de datos debido a su matriz energética predominantemente limpia y renovable. “El impacto no se limitaría a la construcción física de un centro de datos. El país crea nuevos empleos, desarrolla nuevas capacidades e impulsa la economía, ya que generará puestos de trabajo no solo para científicos de datos, sino también para personas que participarán en todo el proceso de construcción, operación y mantenimiento de los equipos”, afirma Aguiar.