Durante décadas, China ha enfrentado el desafío de la expansión del desierto. Hoy, ese panorama ha cambiado radicalmente. Gracias a políticas sostenidas y a la participación de toda la sociedad, el país ha logrado revertir la desertificación en vastas regiones. El desierto de Mu Us está a punto de desaparecer del mapa, mientras que Saihanba se ha transformado en el bosque artificial más grande del mundo.
Las imágenes satelitales de la NASA confirman que China aporta una cuarta parte de las nuevas áreas verdes a nivel global. Este esfuerzo no solo protege a millones de personas del avance de las arenas, sino que también ofrece al mundo un modelo exitoso de restauración ecológica a gran escala.