El jurado de los deportes de la Fundación Princesa de Asturias concedió el premio de este año a Leo Messi, que se convirtió en el primer jugador individual que logró el prestigioso galardón. Lo habían obtenido las selecciones de España y de Brasil y el dúo Xavi-Casillas, pero estos dos últimos no por una cuestión puramente deportiva, sino por interceder en las tensas relaciones entre Barça y Madrid en la etapa de Mourinho. Era más un premio de Concordia. Pero Messi es el primer crack individual que lo recibe.
Y es merecido. Muy merecido. El argentino es el mejor jugador de la historia del fútbol. Es cierto que no se pueden comparar épocas y que muchas veces en un deporte-pasión como el fútbol es difícil definir los mejores o peores.
Pero los datos son incontestables: es el futbolista que tiene más títulos de la historia (47) y posee ocho distinciones en forma de Balón de Oro, estableciendo un récord estratosférico. Su comportamiento deportivo en los campos de juego ha sido impecable en una carrera conformada por la humildad, la brillantez, el talento de un número uno y una capacidad competitiva y asociativa impresionante. ¿Es perfecto? Nadie lo es pero Messi es lo que más se aproxima en un terreno de juego. ¿Por qué es el mejor de la historia? porque ha sido el más constante en la genialidad y brillantez durante más tiempo. Leo, además, ha sido un generoso impulsor de donaciones a hospitales vinculados con enfermedades oncológicas de niños y niñas (tanto en Vall d’Hebron como en Sant Joan de Déu) y eso se ha conocido a lo largo de los años, no en el momento en que se produjeron.
Su carrera se ha visto jalonada de títulos y sin aspavientos excesivos en el terreno de juego. Messi todavía sigue en activo y disputará este Mundial de EE.UU. con Argentina, pero este reconocimiento supone por encima de todo un homenaje al fútbol, el deporte más popular por excelencia, que despierta pasiones, vibraciones y emociones a veces desatadas, pero que con cracks como Leo (y otros) logra hacer felices a millones de niños, niñas y aficionados adultos que disfrutan con el prodigio de un tipo nacido para emocionar, humilde y con un talento sobrenatural.