Si te preguntas si la era de Greg Abel en Berkshire Hathaway Inc. (BRK/A) será similar a la de Warren Buffett, las dos operaciones lideradas por Abel que se han anunciado esta semana nos dan una respuesta bastante clara a esa pregunta. Al parecer, Abel tiene sus propias ideas. Ambas operaciones distan mucho del estilo de Buffett. El “oráculo” era conocido por su selectividad.
Solía buscar empresas con una rentabilidad alta y fiable que pudiera adquirir a buen precio, aun si eso significaba acumular efectivo mientras esperaba. Ninguna de las dos operaciones de Abel responde a esos criterios de Buffett. La primera, una adquisición en efectivo por valor de US$6.800 millones de la constructora Taylor Morrison Home Corp. (TMHC), que se anunció e domingo, se sumará a la cartera de Berkshire, que contiene una docena de empresas vinculadas al sector inmobiliario. Se trata de una operación que al joven Buffett le habría encantado.
Al comienzo de su carrera, buscó empresas que cotizaran a bajo precio, lo que él llamó la “cigar but strategy” (estrategia de la colilla de cigarro). “Una colilla de cigarro encontrada en la calle a la que solo le queda una fumada puede que no ofrezca mucho que fumar”, escribió en su carta a los accionistas de 1989, “pero la “compra a precio de ganga” hará que esa fumada sea todo ganancia”. Con un múltiplo de 12 veces los beneficios del próximo año, Taylor está tan barata como es posible en un mercado en alza. El mercado bursátil de EE.UU. en general cotiza a casi el doble de ese múltiplo. El problema con las compañías baratas, no obstante, es que rara vez son grandes negocios.
No se llega muy lejos recogiendo colillas de cigarro, como solía recordarle a menudo Charlie Munger, el compañero de toda la vida de Buffett. “De hecho, una vez me dio un golpe en la cabeza con un madero de dos por cuatro por la idea de comprar empresas muy mediocres a precios muy bajos”, recordaba Buffett en una ocasión. Munger abogaba, en cambio, por “negocios realmente maravillosos que pudiéramos comprar a precios justos”. En términos financieros modernos, una empresa exitosa es una compañía de calidad, es decir, una con una rentabilidad consistentemente alta y un apalancamiento moderado. Apple Inc. (AAPL) era una de esas compañías cuando Buffett comenzó a comprar sus acciones en 2016.
El año anterior, registró una rentabilidad sobre el capital (ROE) del 46%, con un ROE promedio del 35% durante los diez años previos. Además, obtuvo un margen bruto del 40% en el año fiscal 2015, con un promedio del 38% durante la década anterior. Lo más impresionante es que Apple lo logró prácticamente sin apalancamiento. Su deuda en relación con el capital promedió solo el 10% durante ese período.
No es fácil encontrar una empresa de mayor calidad, y Buffett no solo pagó un precio justo por ella, sino que prácticamente la robó. Apple cotizaba a 10 veces las ganancias futuras cuando Berkshire comenzó a comprar acciones, incluso menos de lo que Abel está pagando por Taylor. Taylor no es Apple. La constructora reportó una rentabilidad sobre el capital (ROE) del 13% el año pasado, similar a su promedio de la última década.
Su margen bruto del 23% tampoco es muy bueno, y apenas supera su promedio de los últimos 10 años, que es del 21%. Todavía menos alentador es que estos resultados se vieron favorecidos por un alto nivel de endeudamiento. La relación deuda-capital de Taylor es cercana al 40%, a pesar de haberse desapalancado considerablemente en los últimos años. A juzgar solo por las cifras, Taylor se parece más a una colilla de cigarro que a una adquisición clásica al estilo Buffett-Munger, pero es posible que Abel tenga planes para Taylor que Buffett no se plantearía normalmente.
Buffett solía tratar a las compañías de Berkshire como entidades independientes, dejando que sus directivos gestionaran sus negocios con total autonomía respecto al resto de participaciones de Berkshire. Abel parece tener un plan diferente, dando a entender que Taylor podría beneficiarse de las sinergias con otros negocios de Berkshire relacionados con la vivienda. “Con el tiempo, esperamos unificar nuestras operaciones de construcción de viviendas en una plataforma combinada que nos permita hacer realidad el sueño de tener una vivienda propia para más estadounidenses”, dijo Abel en un comunicado. Es de suponer que la fusión tendría como objetivo mejorar los resultados financieros de Taylor, una medida que Buffett probablemente se habría mostrado reacio a llevar a cabo. Lo mismo ocurre con la aspiración, por muy noble que sea, de contribuir a resolver la crisis inmobiliaria de EE.UU.
Buffett no tenía otra vocación que generar beneficios para los accionistas de Berkshire. La otra gran operación de Abel es una inversión de US$10.000 millones en Alphabet Inc. (GOOGL) para ayudar a financiar el desarrollo de la inteligencia artificial de la empresa. Esta inversión se suma a la participación de US$17.000 millones que Berkshire ya tiene en Alphabet, adquirida a partir del 2025. Alphabet es, sin dudarlo, una empresa maravillosa, con márgenes brutos que superan habitualmente el 50% y un ROE en mejora que el año pasado superó el 35%.
Pero, con un PER (ratio precio-beneficio) de 25 veces los beneficios del próximo año, también es bastante más cara de lo que le gusta a Buffett, especialmente para una apuesta por una tecnología nueva y aún sin probar. Así lo escribí a finales del año pasado, cuando se dieron a conocer las compras iniciales. El propio Buffett sería el primero en admitir que su gusto por la calidad a un precio justo ha sido difícil de satisfacer en un mercado alcista desbocado que se ha extendido durante años. Así se explica por qué Buffett le entregó a Abel casi US$400.000 millones en efectivo, más de cuatro veces el saldo de caja de Berkshire en 2016.
Esto le da a Abel mucha flexibilidad para trazar su propio camino, y al parecer es precisamente lo que está haciendo. Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios. Lea más en Bloomberg.com