Faustino Orama el juglar eterno que sembró la picardía en Cuba

Faustino Orama el juglar eterno que sembró la picardía en Cuba

Nacido el 4 de junio de 1911 en la oriental provincia de Holguín, este creador excepcional supo captar el pulso de la cotidianidad insular para devolverlo en crónicas sonoras amables, agudas y sumamente contagiosas. Su andar pausado, coronado siempre por un icónico sombrero y el inseparable tres, delineó la estampa de un artista que rebasó los límites de su patria chica para instalarse de forma definitiva en el imaginario popular de la nación. Aunque el tiempo transcurra, las composiciones de Orama permanecen vigentes como un fiel testimonio de la riqueza del son, un género que defendió con el orgullo de quien se sabe portavoz de las mayorías y de sus tradiciones más nobles. La trascendencia del carismático trovador holguinero recibió un espaldarazo definitivo en 2022, año en que le fue conferido de manera póstuma el Premio Nacional del Humor, un acto de estricta justicia para una trayectoria volcada a la alegría compartida.

A diferencia de otros cultores del género, Orama estructuraba sus relatos con una maestría tal que el oyente se convertía en cómplice inmediato de sus equívocos, un recurso de fina elaboración que evitaba conscientemente el uso de la vulgaridad de trazo grueso. Expertos y musicólogos coinciden en destacar que el legado del bardo oriental no radica únicamente en la simpatía de sus textos, sino en la rigurosa preservación de estructuras rítmicas esenciales que definieron la época de oro de nuestra música. Al cumplirse 115 años de su alborada, la cultura cubana reafirma el compromiso de salvaguardar los valores y tradiciones de los pueblos, personificados en figuras que, como El Guayabero, hicieron de la sencillez su mejor carta de presentación. oda/dpg