Que estar constantemente atrapados por las pantallas e internet ha cambiado nuestra perspectiva sobre todo lo que nos rodea no es algo que nos sorprenda a estas alturas. Que por el camino estemos reinventando ciertas convicciones sociales, por suerte o por desgracia, sí ha empezado a levantar más de una ceja. Para muestra un botón, la de tener que convivir con algo llamado micro infidelidades. El problema es que lo que para algunos parecen ser líneas rojas que no se deben cruzar, para otros viene a ser lo más normal del mundo.
Dar un like a una foto, reaccionar con un emoji, reírte de la ocurrencia que alguien ha publicado en Twitter… Acciones aparentemente inofensivas en nuestro entorno actual que, sin embargo, han levantado toda una industria alrededor del microcheating valiéndose de la más mínima sospecha. Un negocio de 145 millones de dólares El término, popularizado hace ya casi una década por la psicóloga Melanie Schilling, tiene más de cuento asustaviejas que de patología clínica. Haciendo referencia a cualquier acción que tomes en redes sociales que no tengas intención de comentar abiertamente con tu pareja, el listado de posibles micro infidelidades es tan amplio como tú desees que sea. La psicología marca que, cuando la curiosidad se convierte en obsesión, cuando te pones a indagar y a husmear en lo que ha hecho otra persona, cualquier excusa es buena para encontrar una pista.
Lo que para alguien que venía con la intención de encontrar un hilo del que tirar es oro, para otra persona probablemente sea comportarse como cualquiera con un móvil en la mano. El problema es que entrar en esa dinámica, tal y como recogía Luke Brunning de la Universidad de Leeds, supone "una realidad aterradora" en la que cualquier tipo de respuesta puede entenderse como algo emocional o una forma de atracción. Una imprevisibilidad que, como no podía ser de otra forma, alguien ha decidido convertir en negocio. Nos faltan dedos de las manos y de los pies para contar todas esas aplicaciones y servicios de suscripción que han surgido como setas con la intención de vigilar a posibles infieles.
Alertas sobre palabras clave, acceso a galerías del teléfono, registro de teclas pulsadas para releer mensajes, todas las líneas rojas que puedas imaginar -esta vez las de verdad- están al alcance de un clic. Lo que se vende como control parental entre padres e hijos, en realidad es una industria que facturó 145 millones de dólares en 2025 y que promete seguir creciendo año tras año. Son los primeros interesados en que eso de la micro infidelidad sea definitivamente una cosa. Imagen | Mikhail Nilov En 3DJuegos | Hace 35 años, un chiste de los Simpsons demostró lo que la Generación Z pensaría de la relación recompensa vs trabajo de hoy