Lima, Perú — Las elecciones presidenciales peruanas entran a su recta final marcadas más por el miedo al adversario que por entusiasmo político hacia cualquiera de los dos candidatos que disputan el voto de la segunda vuelta del domingo, en un país golpeado por la inseguridad, el crimen organizado y una crisis institucional. Para algunos electores, Keiko Fujimori representa el retorno de una figura asociada al enfrentamiento político, al control del Congreso y los escándalos de corrupción que marcaron la última década. Para otros, Roberto Sánchez todavía despierta temor por sus vínculos con sectores de izquierda radical y el recuerdo del gobierno de Pedro Castillo (2021-2022), cuya gestión estuvo marcada por cambios constantes de gabinete, enfrentamientos con el Congreso, denuncias de corrupción y una profunda crisis política. “El miedo domina esta elección”, dijo Enrique Castillo a Bloomberg Línea, analista político y exconductor del programa Agenda Política, del Canal N, que cree que buena parte del respaldo a Fujimori responde al temor de sectores urbanos, empresariales y moderados frente a la posibilidad de una nueva etapa de inestabilidad política y económica. “Muchos votan por Keiko para evitar que Sánchez llegue al gobierno”. Jorge Jáuregui, abogado, politólogo y especialista en temas electorales, dice que el miedo y rechazo hacia Fujimori se ha exacerbado, aunque hoy aparece más disperso debido a la fragmentación política y al desgaste generalizado de las instituciones.
Según explica, el rechazo ya no necesariamente está ligado al gobierno de Alberto Fujimori, sino al rol político que la lideresa y su bancada jugaron en los años de confrontación institucional, en vacancias presidenciales y en enfrentamientos entre poderes del Estado. “No es un anti-fujimorismo contra Alberto Fujimori, pero sí un anti-Keiko Fujimori”, dijo. “Hay un sector que siente que Fuerza Popular (partido de Fujimori) contribuyó al deterioro político de los últimos años. Mucha gente asocia a Fuerza Popular con el bloqueo político y la inestabilidad”. Luis Benavente, director ejecutivo de Vox Populi Consultoría, considera que el rechazo hacia Fujimori sigue siendo importante, pero dice que es menor al que enfrentó en 2021, mientras el anti voto contra Sánchez creció rápidamente en la campaña. Dice que la elección se desarrolló en medio de un electorado agotado tras años de crisis política, inseguridad y deterioro institucional. “Hay una sensación de cansancio y desconfianza muy fuerte”.
Inseguridad y demanda de orden La inseguridad se convirtió en uno de los ejes centrales de la campaña. Perú cerró 2025 con más de 2.200 homicidios, el año más violento de su historia reciente, mientras las denuncias por extorsión superaron los 25.000 casos, según registros oficiales y reportes de medios locales. La tasa de homicidios pasó de 3,9 por cada 100.000 habitantes en 2021 a 10,7 en 2025. En ciudades como Lima, Trujillo y Chiclayo, comerciantes, transportistas y pequeñas empresas denuncian amenazas y cobros extorsivos constantes por parte de bandas criminales.
Solo en 2025, al menos 180 conductores de transporte público fueron asesinados por mafias vinculadas a extorsiones. “No me gusta Keiko, pero tampoco quiero volver al caos de Pedro Castillo y que vuelva el comunismo”, dice Jaime Silva, de 43 años y dueño de una bodega en el distrito limeño de Miraflores. “Con Fujimori o Sánchez, la delincuencia no va terminar. No hay ningún candidato que haya dicho claramente cómo va combatirla”, dice Flor Quispe, de 55 años, vendedora de pollos en el Mercado San Roque, en el distrito limeño de Santiago de Surco. “La gente lo único que pide es trabajar sin miedo”. Ver más: Perú enfrenta una elección polarizada, pero UBS mantiene confianza en el sol Aunque Fujimori intentó posicionarse como la candidata más preparada para enfrentar el avance del crimen organizado, varios votantes consultados por Bloomberg Línea expresaron dudas sobre la capacidad real de ambos candidatos para contener la violencia y las extorsiones. Para los analistas, la inseguridad terminó convirtiéndose más en un reflejo del agotamiento con la crisis institucional del país, que en un tema donde alguno de los candidatos lograra transmitir soluciones convincentes.
Entre sus principales propuestas de seguridad, Fujimori planteó que las Fuerzas Armadas asuman temporalmente el control de cárceles y fronteras, reforzar la presencia militar en zonas golpeadas por el crimen organizado y endurecer medidas contra migrantes irregulares vinculados a delitos. “La única propuesta de Keiko es orden”, dice Castillo, y cree que su mensaje apunta menos a presentar políticas específicas y más a transmitir una idea de autoridad frente al cansancio ciudadano. Jáuregui cree que la inseguridad ya no se interpreta únicamente desde una lógica de mano dura, como consecuencia de años de deterioro institucional y abandono estatal. Benavente sostiene que la seguridad terminó desplazando a otros temas tradicionales de campaña, como el crecimiento económico o estabilidad macroeconómica. “La inseguridad hoy es probablemente la principal preocupación cotidiana de la población”, señala. El candidato Sánchez busca impulsar una depuración policial, fortalecer la inteligencia contra el crimen organizado y combatir la corrupción dentro del sistema judicial y policial.
También propuso crear una fuerza especial contra extorsiones y sicariato, reorganizar la Policía Nacional y revisar leyes que, según dice, favorecen a estructuras criminales. Sánchez cree que el avance de la inseguridad se debe a la exclusión social, la informalidad y el debilitamiento institucional. Crisis política y económica por encima de los candidatos El temor a una nueva crisis política y económica sigue siendo uno de los factores que favorecen a Fujimori. Castillo considera que el recuerdo del gobierno de Castillo todavía pesa entre sectores moderados, empresariales y urbanos. “Muchos votan por Keiko para evitar que Sánchez llegue al gobierno”, dijo.
Jáuregui coincide en que una parte importante del electorado está votando de manera defensiva y no necesariamente por identificación política con alguno de los candidatos. “El voto hoy está mucho más asociado al miedo y al rechazo”, dice. Benavente considera en la sociedad hay “microcorrientes de opinión” que podrían terminar influyendo en el segmento de indecisos, que todavía no define su voto a pocos días de la segunda vuelta. Ver más: Perú enfrenta una elección polarizada, pero UBS mantiene confianza en el sol Después de años de presidentes destituidos, protestas, confrontación política y deterioro de la seguridad, muchos peruanos parecen llegar a esta elección no buscando un cambio profundo, sino simplemente evitar otra etapa de caos. Y en ese escenario, la batalla final parece jugarse menos en los mítines y más en las conversaciones cotidianas de un electorado agotado tras años de crisis institucional.
El otro voto antisistema Pese al temor que todavía genera en sectores empresariales y urbanos, Sánchez mantiene un respaldo importante entre votantes desencantados con la clase política tradicional y con un modelo económico que consideran excluyente. Jáuregui sostiene que parte de su apoyo refleja la continuidad del voto antisistema que ya apareció en 2021 con Pedro Castillo. “Hay un sector que siente que el sistema político y económico no lo representa”, después de años de crecimiento económico desigual, dice. Amplios sectores fuera de Lima siguen percibiendo abandono estatal, falta de oportunidades y distancia frente a las élites políticas y empresariales. Benavente coincide en que existe un electorado que continúa buscando alternativas fuera de los partidos tradicionales y que mantiene una profunda desconfianza hacia el Congreso, los partidos y las instituciones. “Existe un sector que sigue buscando opciones antisistema porque siente que los partidos tradicionales no resolvieron sus problemas”, dijo. “Los mismos partidos de siempre, nunca cambiaron nada”, dijo María Clementina Espinoza, de 21 años, estudiante de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Para Castillo, parte del respaldo a Sánchez también responde al desgaste acumulado de la clase política tradicional tras años de confrontación institucional, presidentes destituidos y crisis permanentes. ¿Se redujo el antifujimorismo? Pese a la mejora relativa de Fujimori frente a las elecciones de 2021, los especialistas consideran prematuro concluir que el anti-fujimorismo desapareció. Benavente sostiene que Fujimori sí llega en mejores condiciones que en elecciones anteriores. Recuerda que la candidata obtuvo 17% en primera vuelta, frente al 13% que alcanzó en 2021, una diferencia equivalente a cerca de 800.000 votos. “La he visto (a Keiko Fujimori) con más control emocional, con bastante conocimiento del país y de los problemas”, afirma.
Sin embargo, considera que un debate televisado el pasado domingo mostró diferencias claras en la estrategia de ambos candidatos: Fujimori apostó por un tono más programático y Sánchez por una postura más ideológica y confrontacional. “Sánchez atacó más a Keiko Fujimori y ella logró defenderse de algunas cosas sin la contundencia necesaria”, señala. El analista considera, además, que Fujimori desaprovechó vulnerabilidades políticas de Sánchez vinculadas a su cercanía con el gobierno de Castillo como exministro y su paso por el Congreso. Aun así, sostiene que el verdadero impacto del debate todavía se sigue procesando entre los votantes indecisos. “Probablemente un 20% de votantes todavía no tenía resuelto su voto”, dijo Benavente. Jáuregui discrepa y considera que el rechazo a Fujimori sigue siendo muy fuerte, aunque ahora aparece más disperso debido a la fragmentación política. “El anti-Keiko Fujimori se ha exacerbado”, sostiene.
Según explica, el rechazo ya no está necesariamente ligado al gobierno de Alberto Fujimori, sino al rol político que, como excongresista y lideresa de su partido, jugó en las crisis institucionales de los últimos años. “No es un anti-fujimorismo contra Alberto Fujimori, pero sí un anti-Keiko Fujimori”, señala. Castillo considera que el anti-fujimorismo sigue siendo uno de los principales límites electorales de la candidata, especialmente entre votantes jóvenes y sectores urbanos que lo asocian a la confrontación política y el desgaste institucional. No obstante, sostiene que el recuerdo del gobierno de Pedro Castillo y el temor a una nueva etapa de inestabilidad económica redujeron parcialmente ese rechazo en comparación con la segunda vuelta de 2021. “Hoy hay gente que no quiere votar por Keiko Fujimori, pero que siente más miedo de que Sánchez llegue al poder”, dijo. Para el analista, buena parte de la elección terminó convirtiéndose en una disputa entre dos grandes temores: el rechazo histórico al fujimorismo y el miedo a repetir una crisis política y económica como la que dejó el gobierno de Castillo.
Y en ese escenario, añade, muchos electores parecen llegar a las urnas no convencidos por alguno de los candidatos, sino intentando evitar el escenario que consideran más riesgoso para el país.