Cerca del 40 % de las tierras del mundo están degradadas, y cada año grandes superficies se convierten en desierto. En este contexto, China ha logrado una reducción sostenida de las zonas desertificadas durante casi una década y aporta alrededor del 25 % del nuevo reverdecimiento global. En regiones como Ningxia, se utilizan técnicas como cuadrículas de paja para fijar las dunas, mientras que en Xinjiang se han transformado grandes extensiones de tierras áridas en áreas productivas. Modelos como el del desierto de Kubuqi combinan energía fotovoltaica y control de arena para restaurar ecosistemas.
Esta experiencia ya se comparte fuera de China: Uzbekistán desarrolla centros de cooperación, Mongolia impulsa programas de reforestación con apoyo técnico chino y Arabia Saudita aplica soluciones de energía solar en zonas áridas. La lucha contra la desertificación se ha convertido en un campo de cooperación global con aportes prácticos y replicables. (Fotos: VCG)