Carga con mucho peso emocional en sus hombros. Se sabe el centro de las miradas, de sus fieles, que quieren que deje de ser el eterno candidato de una vez, y también de sus 'haters', deseosos de otro resbalón que no estaría exento de morbo. Sin el parapeto del bicampeón español Carlos Alcaraz, el desplomado italiano Jannik Sinner y el superado serbio Novak Djokovic, no tiene dónde esconderse Alexander Zverev en este Roland Garros. Y ni lo intenta.
Al contrario, está dando la cara desde su posición de principal favorito. Quiere darle la razón a la máxima responsable de la profesionalización del tenis femenino, la leyenda estadounidense de la raqueta Billie Jean King: "La presión es un privilegio". Ser el enemigo a batir comporta una responsabilidad extra, pero no hay mejor posición que ser superior al resto. No hay dudad de la calidad de Zverev, 29 años y nº 3, de su experiencia también superior sobre sus acompañantes en la recta decisiva por la Copa de los Mosqueteros.
Confirmó su clase batiendo a un ilusionante checo, digno exponente de la escuela de su país. Jakub Mensik, 20 años y nº 27, llegó un tanto fatigado, se lo hizo muy duro un imperial Sascha, que venció por 7-5, 6-2, 3-6 y 6-3 en 3h.01' de trabajo impecable. Sin dudas. Labor de crack de Zverev, que disputará su cuarta final de Grand Slam: perdió ante el austríaco Dominic Thiem en el US Open 2020, donde acarició con los dedos un título que se le escapó en Roland Garros 2024, ante Carlos Alcaraz, también perdió en Australia 2025 frente a Jannik Sinner.
Este domingo, a las 3 de la tarde (DMAX / Eurosport) Zverev quiere pasar cuentas, liquidar su asunto con el Grand Slam. Son once semifinales, tres finales. Tendrá delante a un italiano novato, Flavio Cobolli o Matteo Arnaldi. Zverev envió un mensaje potente al mundo del tenis en su duelo con Mensik.
Se le complicó el encuentro en el tercer set, cuando parecía todo listo para sentencia. El checo desapareció de la cntral para ser atendido en el cuello. Vovió con otros ánimos. Logró su primer 'break', a la cuarta oportunidad, se llevó el parcial poniendo a prueba los nervios del de Hamburgo.
Respuesta inmediata de Zverev, que ya había superado en tres sets a Mensik en Madrid, semanas atrás. Está en su ahora o nunca el germano, y de calidad y veteranía va bien servido. Tiene a tiro de la Copa de los Mosqueteros, con toda la prudencia que demanda u Roland Garros 2026 muy extraño, de contratiempos continuos. Un día clave para Zverev, su 42ª final profesional, tiene 24 títulos.
Ningún alemán ha ganado en Roland Garros desde la II Guerra Mundial. En la prehistoria del deporte quedan las coronas de Gottfried Von Cramm (1934 y 1936) y Henner Henkel (1937). En Grand Slam, la también lejana victoria de Michael Stich en 1991, temporada en la que Boris Becker ganó su cuarto y último Grand Slam en el Open de Australia.