Matices y experiencias de los vínculos políticos, económicos y transnacionales entre China y América Latina

Matices y experiencias de los vínculos políticos, económicos y transnacionales entre China y América Latina

Nota del editor: Escrito por Lorena Herrera-Vinelli, profesora-investigadora titular de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y Coordinadora del Grupo de Investigación en Negocios Internacionales de la Facultad de Economía y Gestión Empresarial (PUCE). Ph.D en Estudios Internacionales, FLACSO Ecuador. Profesora invitada y visitante en FLACSO-Ecuador, la Universidad Andina Simón Bolívar - Bolivia, la Universidad Nacional de Costa Rica y en la Cátedra China Contemporánea, Secretaría General de FLACSO. Cuenta con más de veinte publicaciones académicas indexadas, Scopus-Scimago y editorial Routledge.

Sus líneas de investigación son los estudios sino-latinoamericanos, la política exterior, el regionalismo latinoamericano y el Sur-Global. Miembro del Comité de Arbitraje de la Revista Relaciones Internacionales UNA-Costa Rica y Coordinadora Asociada, Revista Estado & comunes del IAEN-Ecuador. Panelista invitada en más de cuarenta espacios académicos como la Secretaría General de FLACSO, Fundación EU-LAC, CEPAL y CAN. El siguiente artículo refleja las opiniones del autor y no necesariamente las de CGTN.

Durante las últimas décadas del siglo XXI, China se ha posicionado como un actor que apuesta por la cooperación Sur-Sur. En efecto, fue en la Conferencia de Bandung en 1955, que junto con Myanmar e India construyeron los cinco principios de coexistencia pacífica basados en la ganancia mutua, la no intervención en asuntos internos y el respeto por la soberanía, entre los principales. Desde esta perspectiva, el aporte de China a la construcción de un nuevo orden internacional ha sido significativo, más aún cuando nos encontramos frente a un reordenamiento de la geopolítica global que a su vez supone un cambio en la distribución del poder, renovados liderazgos y actores en el sistema, pero además crecientes desafíos para el mantenimiento de la paz, la seguridad y el desarrollo. Nos situamos así, en un contexto de profundas transformaciones en el cual transitamos hacia un multipolarismo estratégico que ha sido aprovechado por China en una diversidad de cuestiones.

Esto podría entenderse como un espacio de influencia asertiva en el cual China ha logrado sentar las bases de una profunda influencia a través de diversos mecanismos y asociaciones políticas, económicas y transnacionales. La RPC ha apostado por su inserción estratégica en dicho escenario y hoy se posiciona como la segunda economía global, liderando espacios como los BRICS, el G20 y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), en el cual se han integrado siete países latinoamericanos como Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, El Salvador, Perú y Uruguay. Resulta necesario enfatizar que las relaciones chino-latinoamericanas son históricas. En efecto, "hasta 1970 los lazos entre China y la región se efectuaban mediante acercamientos informales, puesto que el único país con el que tenía relaciones diplomáticas era Cuba.

Posteriormente, Chile, Perú y México formalizarían sus relaciones diplomáticas con la RPC". A esto se añade, el apoyo brindado por América Latina para afianzar el ingreso de la República Popular China a la Organización Mundial del Comercio en 2001. Hoy, los lazos económicos se han afianzado a través de un intercambio comercial que asciende a 500.000 millones de dólares y la suscripción de diversos tratados de libre comercio con diversos países como Costa Rica, Chile, Perú y Ecuador. Esta visión de su política comercial externa responde a la apuesta de China por la globalización económica, la liberalización comercial y una inserción estratégica en la economía global que iniciaría desde las reformas de Deng Xiaoping en 1978.

Su apuesta por el multilateralismo económico con su ingreso a la OMC, una planificación eficiente basada en sus planes quinquenales de desarrollo y un notable posicionamiento de su política internacional han consolidado a la RPC como una economía emergente y estratégica para el comercio, las cadenas globales de suministro y pionera en innovación y desarrollo tecnológico. De manera específica, el XIV Plan Quinquenal de Desarrollo se basa en ejes estratégicos que buscan: "impulsar la modernización mediante la innovación y los avances tecnológicos, reequilibrar su economía con reformas estructurales del lado de la oferta, ampliar la demanda interna, sin dejar de apoyar los mercados de exportación internacionales y promover una producción inteligente, ecológica y de alta gama". Esta propuesta multidimensional de China se inserta a su vez en el marco de la Iniciativa Global de Desarrollo propuesta por el presidente Xi Jinping durante el 76º periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2021 que a su vez se articula con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 y forma parte de la proyección de su política internacional en diversos espacios bilaterales, regionales y multilaterales. Entre uno de los objetivos principales, la Iniciativa Global de Desarrollo busca situar este elemento como el eje sustantivo de la agenda, abordar los desafíos comunes generados por la crisis pandémica, apostar por un desarrollo sostenible y crear las condiciones para una comunidad de desarrollo compartido.

La RPC ha materializado iniciativas tendientes al fortalecimiento del Sur Global en contextos de crisis e incertidumbre. Un ejemplo concreto de ello consistió en la cooperación no reembolsable de China hacia América Latina y el Caribe durante la crisis pandémica con más de 230 millones de dosis donadas de un total de 770 millones de dosis entregadas por China a más de 100 países; dicha estrategia fue conocida como "diplomacia de las mascarillas". Esta acción fue más que significativa para la región latinoamericana, misma que venía atravesando ciclos complejos en cuanto a su débil desempeño económico, con proyecciones previas a la pandemia que oscilaban únicamente en un 1,3 % de crecimiento en 2020. De acuerdo a la CEPAL, entre algunos de los efectos adversos provocados por la crisis pandémica se incluye una marcada disminución de la actividad económica, la caída de los precios de los commodities en los mercados internacionales y el consecuente deterioro en los términos de intercambio producido además por las constantes interrupciones de las cadenas globales de suministro, que para el caso de la región latinoamericana, perjudicaron de manera especial a los sectores manufactureros en México y Brasil.

Adicionalmente, con la región latinoamericana subyace un intenso y fluido diálogo político en el nivel bilateral a través de diversos mecanismos. El mismo se ha extendido al ámbito regional a través de los Foros Ministeriales China-CELAC. Los mismos constituyen una plataforma de articulación estratégica entre China y los países de la región. En este marco, durante la IV Reunión Ministerial del Foro China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños efectuada el 13 de mayo de 2025, el presidente Xi Jinping se refirió a "cinco programas entre China y América Latina y el Caribe (ALC), a fin de planificar juntos para el desarrollo y la revitalización y construir juntos la comunidad de futuro compartido China-ALC".

Así también, mencionó que: "tanto China como los países de ALC son importantes miembros del Sur Global. La independencia y la autodecisión son nuestra gloriosa tradición, el desarrollo y la revitalización son nuestro derecho inherente, y la equidad y la justicia son nuestra aspiración común". Otra de las iniciativas que destaca la agenda de cooperación y alianzas con el Sur Global consiste en la Franja y la Ruta, impulsada por el presidente Xi Jinping en 2013. Cabe señalar que América Latina y el Caribe no estaba contemplada en la misma.

No obstante, fue en la primera Cumbre del Foro China-CELAC (2015) en que los países de la región fueron invitados a suscribir memorandos bilaterales de entendimiento. La apuesta transnacional de China por la Franja y la Ruta involucra tecnología, conectividad e infraestructura. Hoy más de veinte países latinoamericanos se han sumado a la misma, buscando construir asociaciones con China que les permitan expandir la agenda de cooperación en áreas y sectores claves para su desarrollo. Como menciona un reciente informe del Foro Económico Mundial: "los proyectos incluyen la construcción o modernización de carreteras, puertos, ferrocarriles, oleoductos y otras infraestructuras comerciales.

También se han impulsado programas de conectividad a internet y desarrollo digital". Uno de dichos sectores consiste en la infraestructura portuaria, área estratégica para América Latina en cuanto a la transferencia de tecnología, el desarrollo de capacidades instaladas y la posibilidad de incrementar la competitividad en las principales rutas marítimas internacionales. En la región, la infraestructura representa un aspecto importante de la participación china. Entre 2005 y 2019, ALC registró 86 proyectos de infraestructura chinos por un valor aproximado de 77.000 millones de dólares estadounidenses.

China así se ha convertido en un actor estratégico para la región latinoamericana en materia comercial, inversiones y financiamiento internacional. En cuanto a este último componente, cabe mencionar la presencia de China como principal financista de los puertos latinoamericanos y su posicionamiento como un actor significativo en el acceso de líneas de financiamiento para el sostenimiento de dichos proyectos. Entre algunos casos, los puertos en Panamá (Cristóbal y Balboa), Jamaica, Brasil, Argentina y Perú con la reciente inauguración de Chancay. No obstante, existen grandes retos en la relación chino-latinoamericana en esta área de cuestiones, en la medida en la que la región latinoamericana requiere la puesta en marcha de proyectos de infraestructura que incluyan inversiones verdes, el desarrollo y transferencia de tecnología, conocimiento e innovación y la apuesta por un modelo que posibilite una real transición hacia un desarrollo más sustentable y sostenible.

Esto principalmente en un contexto de creciente incertidumbre a nivel regional y global por los múltiples impactos del cambio climático, los desafíos de la agenda de seguridad alimentaria y constantes crisis económicas que se han intensificado en el periodo pospandemia. Estos elementos estructurales, sugieren una definición más precisa sobre el modelo de desarrollo en el que se debe insertar América Latina, sus principales mecanismos de articulación y estrategias a ser ejecutadas en el mediano plazo. Especialmente, para mitigar los efectos adversos de las múltiples crisis que ha venido atravesando el sistema internacional contemporáneo en las últimas décadas, y que han afectado notablemente a la región en diversos indicadores económicos, sociales y ambientales. Para concluir, quisiera enfatizar que las acciones e iniciativas impulsadas por China no son aisladas ni responden a decisiones coyunturales de su política exterior.

Contrariamente, la República Popular China proyecta sus ideales, valores y visión desde su consolidación en 1949, ejecutando acciones concretas de la mano de la agenda de cooperación Sur-Sur, la Iniciativa Global de Desarrollo y la cooperación transpacífica del siglo XXI.