Doy por hecho que lo primero que aprendí a decir en inglés muy probablemente fue "hello", pero incluso aunque la lógica me lleva en esa dirección, no puedo evitar decir que la primera que recuerdo aprender fue "bow". ¿La razón? Haberme criado entre JRPGs y que Final Fantasy Legend 2 fuese uno de mis primeros juegos. Afortunadamente para quienes pasamos por aquél proceso, la psicología tiene una buena noticia para nosotros. Aunque es fácil virar hacia cómo el bilingüismo es gloria bendita para tu cerebro -que lo es, ojo-, la premisa sobre la psicología cognitiva que realmente nos interesa aquí apunta en otra dirección.
En concreto, en cómo nuestro aprendizaje abrazó lo que los expertos han dado a conocer como efecto generación y, por descontado, cómo eso nos ha cambiado un poquito por dentro. Todo lo que le debemos a aquellos JRPGs Del efecto generación se dice que es la respuesta a crear información por nosotros mismos en vez de hacerlo de forma pasiva. Es decir, que si alguien te explica algo y tú lo escuchas, o incluso si simplemente lo lees, es más difícil que consigas retener esa información que si ha habido un esfuerzo adicional en el proceso. Dicho de otro modo, que yo recuerde aún hoy aquél momento frente a la palabra "bow" no es casualidad, es que aprendí aquél término mucho mejor de lo que ocurrió o antes o después -os juro que no sabría decir- con el "hello".
El experimento que desentrañó esta idea se realizó en 1978 e invitaba a los participantes a una prueba de memoria: debían recordar palabras que se acababan de inventar ellos mismos y otras que habían leído. Como ya habrás imaginado, fueron las primeras las que más retuvieron en su cabeza. El niño que se enfrentaba a aquellos JRPGs en inglés vivió una situación similar. No estaba aprendiendo una palabra de otro idioma, estaba haciendo un esfuerzo por atar esa palabra a un concepto.
Estaba fabricando esa información. Justo ahí es donde la psicología ata aquél fenómeno con la vejez que tarde o temprano nos llegará. Como esas construcciones son más fuertes que otras, como han requerido una exigencia cognitiva mucho mayor, el cerebro ha construido sus carreteras con un cemento mejor que si simplemente hubiéramos aprendido a base de leer, lo que termina dando forma a una estructura mucho más sólida frente a posibles lesiones o enfermedades degenerativas. Sin saberlo, aunque en aquella época habríamos agradecido poder jugar a todos aquellos juegos en nuestro idioma, en haber conseguido entender algo más de su trama, debemos agradecer ese proceso.
Que nuestro único entendimiento del juego se limitase a atar la palabra arco con la acción que ocurría en pantalla al atacar con él puede ser, el día de mañana, lo que nos ayude a aguantar aunque sea un día más con la cabeza bien amueblada. Imagen | Karsten Winegeart