Hay días que marcan la carrera de un piloto. Momentos decisivos en los que un talento pasa a ser considerado un gran campeón. Y este sábado será uno de esos días en los que cuando Kimi Antonelli repase su carrera deportiva en unos años, señale con el dedo como uno de los más cruciales. El día en el que su talento explotó definitivamente ante los ojos del mundo.
Le ocurrió lo mismo a Ayrton Senna en su famosa remontada en lluvia con un Toleman inferior en 1984. Y curiosamente, en 1985, lograba sus primeras poles con el número 12, como en Mónaco ese año. Y adivinen. Casualidad o no, Kimi, que ya había hecho la pole en China, Japón y Miami (3 de las primeras 5), conquistó la cuarta del año, pero lo que es más importante: la primera en el Principado, donde siempre tiene mucho más valor.
Y sí. Con el número 12. Esta pole tiene el valor histórico de ser el más veloz en uno de los trazados más míticos. También porque el domingo, en carrera, es muy difícil adelantar y es casi sinónimo de triunfo.
Pero también lo es por otras cuestiones clave en lo que se vio en pista. Sí, Kimi ya sabía lo que es hacer poles, ganar 4 de las primeras 5 carreras, ser el líder más joven y llegar a Mónaco con una ventaja de 43 puntos sobre su compañero Russell en lo alto de la general. Ya había mostrado su potencia. No debía extrañar a nadie.
Pero esta vez, lo hizo de forma distinta: ganó una batalla igualadísima con más aspirantes, ¡y qué aspirantes! No cualquiera puede decir que le ha aguantado el pulso a Max Verstappen, Charles Leclerc y Lewis Hamilton en Mónaco. No solo aguantó. Lo ganó.
Con 19 años, increíble.